Puerto Rico es sinónimo de todo el sabor latino. De la salsa, del sabor de su comida, de la plena y el cantar del coquí, de la alegría de su gente, pero, sobre todo, es una de las cunas del béisbol para América Latina.
Y por si alguien tenía alguna duda, este domingo Carlos Beltrán se convirtió en el sexto pelotero boricua en alcanzar la inmortalidad en el béisbol de las Grandes Ligas.
El jardinero se unió a una selecta lista de jugadores de la isla, que comenzó con la llegada de Roberto Clemente y siguió con Orlando Cepeda, Roberto Alomar, Iván Rodríguez y Edgar Martínez.
“Estamos orgullosos”, dijo Beltrán en su discurso de inducción. “Estamos orgullosos, somos una pequeña islita en el Caribe, llena de pasión, de amor, y de gente con un gran corazón”, agregó.
En la placa de Beltrán, que ingresó al templo de los inmortales del béisbol ubicado en Cooperstown junto a Jeff Kent y Andrew Jones, se lee: “Fue uno de los pocos que combinó poder, velocidad y defensa en la historia del béisbol”.
Y las características descritas no se alejan de la verdad. El oriundo de Manatí llegó a las Grandes Ligas con todas las expectativas de un pelotero con las cinco herramientas (bateo para promedio, poder, velocidad en las bases, buen fildeo y un gran brazo), y nunca se quedó corto a las expectativas.
En 20 años de carrera, disputó 2.586 juegos, conectando 2.725 hits, con 1.582 carreras anotadas, 1.587 impulsadas, 438 jonrones y 312 bases robadas.
Fue Novato del Año en su primera temporada con los Royals de Kansas City, pero eligió a los Mets de Nueva York para ingresar al Salón de la Fama. “Los Mets forjaron mi vida, me hicieron un mejor hombre y un mejor líder”, dijo en su discurso de inducción.
Beltrán además fue elegido nueve veces para el juego de las estrellas, ganó tres guantes de oro y fue clave para los Astros de Houston en la obtención de la Serie Mundial en 2017.
La isla del encanto se viste de fiesta para celebrar a su nuevo inmortal.
Beltrán se tomó un momento del discurso para hablarle en español a su familia y a los cientos de fanáticos que fueron a ver la ceremonia al pequeño pueblo de Cooperstown: “A todos los puertorriqueños que hicieron el esfuerzo de venir a Cooperstown, gracias, de verdad. Lo valoro”.
“Gracias por demostrarme que se puede llegar lejos sin olvidar de dónde uno es”.
“Ni una sola vez soñé con estar parado aquí. Al lado de esta placa, veo un Dios que jamás dejó de brindarme gracia. Veo a mis padres, que me brindaron lo mejor de ellos. Veo a mis hermanos, a mi familia entera, mis hijos. Cuando veo esta placa, te veo, Jessica. Veo a mis coaches, a mis compañeros, a mis fanáticos. Veo mi isla, Puerto Rico”, dijo un emocionado Beltrán.
“Dondequiera que jugué béisbol, siempre traté de representar a mi isla. Trataba de hacer lo mejor que pude para las organizaciones en que jugué, pero también quería representar a Puerto Rico”.
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