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What rising bond yields mean for mortgages and credit card rates

Houses with a ‘For Sale’ sign in a small new neighborhood in Gunnison, Colorado 6/18/20 (Nathan Bilow/Getty Images)

(NEW YORK) — U.S. Treasury yields soared in recent days as the Iran war stoked inflation fears, threatening to drive up borrowing costs for everything from mortgages to credit cards to auto loans.

The yields on 30-year bonds – the amount paid to a bondholder annually – touched their highest point since 2007. Ten-year Treasury yields peaked at about 4.69% on Tuesday, marking a roughly three-quarter percentage point jump from the start of the war on Feb. 28.

The yield on 10-year Treasuries retreated on Wednesday, registering at 4.58%. Still, yields exceed the level reached during a bond selloff in the aftermath of President Donald Trump’s “Liberation Day” tariffs in April 2025.

Since bonds pay a given investor a fixed amount each year, the specter of inflation risks higher consumer prices that would eat away at those annual payouts. In this case, a global oil shock has pushed up energy prices which in turn has trickled into other costs, such as groceries.

As a result, bonds have become less attractive. When demand falls, bond yields rise.

“It’s really all about the Iran war and its inflationary impact,” Ted Rossman, a senior industry analyst at Bankrate, told ABC News.

High bond yields make borrowing more expensive for average Americans because Treasury rates influence the rates offered by lenders.

Long-term Treasury yields help set interest payments for mortgages, credit cards, car loans and just about any other type of borrowing, Patrice Carrington, a professor of real estate at New York University, told ABC News.

The reason for the rise in borrowing costs is that regulated lenders are required to hold reserve assets, often made up in part by U.S. Treasuries, Carrington added. When Treasury yields rise, it raises the costs incurred by banks holding Treasuries on their books. Lenders, in turn, offset those added expenses with higher borrowing costs.

“The bank will pass along that higher cost of capital to any consumer loan,” Carrington said.

The onset of this pain for consumers is exemplified by the housing market, where the average interest rate for a 30-year fixed mortgage stands at 6.72% as of Monday, Mortgage News Daily data showed. Mortgage rates have climbed three-quarters of a percentage point from pre-war levels.

“That’s a really big jump,” Rossman said.

Each percentage-point rise in a mortgage rate can impose thousands or tens of thousands of dollars in additional costs each year, depending on the price of the house, according to Rocket Mortgage.

Credit card rates, by contrast, have remained flat over the course of the Iran war, though at heightened levels, Rossman said.

The average credit card interest rate stands at 19.57%, just slightly below where it stood before the war began, Bankrate data showed. At the start of 2026, futures markets expected the Fed to likely cut interest rates at least once by the end of the year, which would put downward pressure on credit card rates.

As the Fed weathers a renewed bout of inflation, however, markets estimate about a 50% chance of interest rates remaining unchanged over the course of the year and a 37% chance of a rate hike, according to the CME FedWatch Tool, a measure of market sentiment. Markets peg the odds of a rate cut this year at less than 2%.

As a result, credit card rates “are staying higher for longer” than many observers anticipated, Rossman said.

Analysts differed in their recommendations for consumers weighing whether to move forward now with securing a loan or wait for a potential decline in interest rates.

Liu Lu, a professor at the Wharton School at the University of Pennsylvania, said mortgage rates are unlikely to decline substantially in the near-term, meaning borrowers who can afford a loan at current rates may as well take the plunge.

“I wouldn’t bet on trying to catch the opportune moment,” Lu told ABC News.

Carrington, on the other hand, counseled patience for loan seekers.

Eventually, the economy will falter and the Fed will cut interest rates, pushing down borrowing costs, according to Carrington.

“We’re long overdue for a downturn,” Carrington said. “I absolutely think borrowers should wait.”

In the meantime, the impact of elevated bond yields on consumers isn’t entirely negative. The trend means better returns for investors who place their money into financial instruments such as money market funds or high-interest savings accounts, which are historically safer investments than the stock market.

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Fue un día de angustia para los colombianos. Un doloroso recuerdo los preparó para anticipar al menos en parte este sismo

Fue una mañana de angustia y terror para los colombianos. A los 7:34 am, hora local, la tierra comenzó a moverse muy fuerte. En 9 de los 32 departamentos del país, según la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, se sintió el movimiento telúrico. En Bogotá, la capital colombiana, miles de personas salieron de sus viviendas, lugares de trabajo y de estudios en medio del pánico causado por el sismo.“Todo se movía, casi no podía abrir la puerta del apartamento. Mi madre está en silla de ruedas, pero gracias a Dios vivimos en un primer piso y logramos sacarla”, nos dijo Martha Sepúlveda, habitante del barrio Ciudad Salitre en el occidente de Bogotá.“Sentíamos que todo se nos iba a venir encima, fueron momentos de terror. Afortunadamente aquí en Bogotá solo fue un tremendo susto. Pero tenemos familiares en Cali y nos angustiamos mucho por ellos. Pero ya pudimos comunicarnos y están bien” afirmó a CNN Carlos Restrepo, un vecino del mismo sector.El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, estuvo desde muy temprano en Bogotá en el Puesto de Mando Unificado, PMU. Desde allí coordinó las primeras ayudas para los damnificados y el traslado que grupos de socorro y rescate en aeronaves del Ejército y la Fuerza Aeroespacial Colombiana.Ante la magnitud de la tragedia decretó el estado de desastre y activó un plan de emergencia: al momento se han reportado 132 muertos y 570 heridos, pero se trata solo de un recuento parcial.Las ciudades más afectadas son Pereira, Cali y Quibdó en el sur occidente del país. Centenares de socorristas y voluntarios trabajan contra reloj para salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Varios heridos han sido trasladados a clínicas y hospitales para su atención inmediata. Familiares de desaparecidos, de personas que están bajo los escombros de las edificaciones afectadas claman por pronta ayuda para rescatarlos con vida.En redes sociales los usuarios han publicado videos del momento de la tragedia. En Cali se desplomó parte del hospital universitario del Valle del Cauca y decenas de edificios y viviendas. La misma angustia quedó registrada en varias publicaciones del momento en que se desplomó parte de una catedral en Pereira. Muchos de los afectados lograron salvarse gracias a las alertas de Google en los celulares, que dieron un margen de pocos segundos para evacuar las viviendas según comentaron temprano algunos ciudadanos a CNN.Las autoridades han cerrado las operaciones aéreas en los aeropuertos de Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, que resultaron afectados por el temblor. Varias carreteras también están averiadas y se mantienen cerradas por orden del ministerio de transporte. En algunos sectores de las ciudades de Pereira y Cali está suspendido el servicio de energía y gas.Muchos colombianos aún no se reponen del susto inicial, pero a sus memorias vinieron las imágenes del sismo ocurrido recientemente en Venezuela y que dejó miles de muerto y personas heridas. “Fue horrible, pensé que el mundo se nos venía encima. Solo alcancé a correr con mis hijos y un perro y ponernos a salvo en el parque. Pero la casa quedó muy averiada”, narró José Navarro en una de las zonas más afectadas en Cali a periodistas de medios locales.Según los reportes del Servicio Geológico Colombiano y el Servicio Geológico de Estados Unidos, el epicentro se localizó a 20 kilómetros de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, con una profundidad aproximada de 96 a 100 kilómetros.El 25 de enero de 1999 se registró un devastador sismo de magnitud 6,1 (a la escasa profundidad de 21 kilómetros) que ocurrió también en el eje cafetero en Colombia, dejando 1.185 muertos, 8.536 heridos y 35.972 viviendas destruidas, de acuerdo con datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de Colombia.Unas 200.000 personas quedaron sin hogar, y solo en la ciudad de Armenia, a 170 kilómetros de Bogotá y 30 kilómetros de Pereira, murieron 921 personas, con 5.377 heridos y más de 21.000 viviendas destruidas.Esas imágenes volvieron a la memoria de muchos colombianos que aún recuerdan con dolor lo ocurrido en ese entonces. “Yo estaba muy joven pero me acuerdo de esa tragedia también. Y justo ocurre de nuevo en esa zona del eje cafetero, en Pereira y Manizales. No quiero ni pensar por lo que están pasando esas personas. Es muy triste todo esto”, le dijo a CNN Carlos Atuesta, profesor de la Universidad Nacional.Pero esa tragedia de 1999 hizo que el país se preparara en materia de equipos de rescate y socorro. Y se han implementado muchos protocolos de evacuación en simulacros de se realizan al menos dos veces al año en ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. De hecho, en la mañana de hoy en Bogotá pudimos observar que las personas salían de sus apartamentos de habitación en orden y acatando las recomendaciones de los equipos de emergencia tras el sonido de las sirenas en la mayoría de los edificios residenciales y de comercios.La prioridad ahora, dijo el presidente De la Espriella, es rescatar a la mayor cantidad de personas posibles, a los afectados y a los heridos. Varias instituciones como la Cruz Roja y la Defensa Civil están organizando centros de acopio para recolectar ayudas urgentes para los damnificados.La ciudad de Pereira es una de las más golpeadas por el sismo. El alcalde Mauricio Salazar confirmó varias víctimas mortales y colapsos parciales de infraestructuras. El Aeropuerto Internacional Matecaña suspendió sus operaciones de forma preventiva debido a daños físicos en sus instalaciones.En Cali, el alcalde Alejandro Eder informó sobre más de 20 estructuras dañadas o colapsadas en la ciudad, donde los organismos de rescate avanzan en la búsqueda de personas bajo los escombros. Centros médicos como el Hospital Universitario del Valle debieron evacuar a sus pacientes.Los habitantes de esta ciudad aún se mantienen en estado de shock ante lo ocurrido, y el alcalde Eder incluso decretó un toque de queda por “amenazas de saqueos”En la zona del epicentro del terremoto, en el departamento del Chocó, la gobernadora Nubia Carolina Córdoba reportó afectaciones severas en edificaciones e infraestructura de municipios como Quibdó y San José del Palmar. Varias personas también murieron atrapadas y otras se recuperan de las heridas en centros hospitalarios. Esta es una de las zonas más pobres del país y sus edificaciones no cuentan, en su mayoría, con estructuras antisísmicas.Esta es una prueba de fuego para el recién instalado gobierno de Abelardo de la Espriella que asumió el poder el pasado 7 de agosto precisamente en la ciudad de Cali, una de las mas afectadas por la tragedia.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. 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