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Bethel Park police seek suspect after kittens thrown from car: “It was horrific”

Bethel Park Police Department investigating after kittens allegedly thrown from moving vehicle

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    BETHEL PARK, Pennsylvania (KDKA) — Bethel Park Police are investigating after they said someone threw kittens from their vehicle.

The kittens died, police said.

At least one of the kittens was still alive when it was thrown, said Tracy Flaherty, who manages the Dairy Queen on Library Road. She saw it moving along the road and believes a car hit it. She and another individual moved the kitten to the side of the road.

“As we were petting it, it took its last breath,” Flaherty said.

Bethel Park Police received calls on Saturday between 3:30 and 3:45 about an individual throwing “items” from a vehicle in the area of Connor Road and Old Connor Road, as well as on Library Road near the Dairy Queen plaza, the department wrote on Facebook.

“Upon investigation, the items were unfortunately determined to be deceased kittens,” the post said.

They did not specify how many kittens were found or if they were all alive when thrown from the vehicle.

Bud Demart saw the Connor Road police scene unfold in front of his home. At first, he thought it was a dead squirrel on the road.

“It was small and had a big tail, and I’m-I mean, who would have thought there was a kitten on the road,” he said. “That’s a shame that happened. I’m not a big cat person, but they don’t deserve to be thrown out of a car and run over.”

At Bailey’s Cat Haven in nearby South Park Township, manager Barb Brown reacted to what happened.

“It was horrific,’ Brown said. “You know as a rescue we don’t understand what possesses people to do this?

Theres a variety of rescues the person could have contacted to give their kittens to, she said, adding she wishes she could have helped.

“Generally, when people are this desperate, they’ll release them in a park or a wooded area, but the fact that they threw them out the window-that’s a horrible way for any any animal or pet to to pass away,” Brown said.

Rick, who volunteers at the same shelter, was equally disturbed by what happened.

“It’s absolutely heinous,” he said. “You know, it just it made my blood boil thinking that somebody could do something like this.”

Cross Your Paws rescue in Greensburg put up a $500 reward for information leading to an arrest. Rick said he’d give them another $500 so they could increase their reward.

“Somebody has to care for those who don’t have a voice,” he said. “We want to know who did it.”

Demart was asked about what he thought of the person responsible.

“I think somebody ought to throw them out of the car,” Demart said. “I mean, I just can’t understand how somebody could do that to a harmless animal.”

Police are asking anyone who may have witnessed anything to please contact them. They added that no matter how insignificant it may seem, it could help them.

Please note: This story was provided to CNN Wire by an affiliate and does not contain original CNN reporting. This content carries a strict local market embargo. If you share the same market as the contributor of this article, you may not use it on any platform.

La educación fue otra de las víctimas del terremoto en Venezuela. Esta maestra busca reconstruirla desde una carpa

“Escuela de Urimare” se lee en un letrero de madera escrito en pintura azul y rojo justo a un costado de una de las decenas de carpas que forman parte de un campamento de refugiados en Catia La Mar, La Guaira, el estado más afectado por el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela.Allí, en la escuela-carpa, se aprende; se intenta olvidar, por ratos, los momentos de destrucción y pérdida, y también se piensa en el futuro.Para los maestros de los campamentos, es un pequeño ejercicio de reflexión en medio de un desafío gigantesco: cómo reconstruir las aulas, las escuelas y la educación, una de las víctimas más visibles del terremoto.En La Guaira, el 24 de junio, 11 escuelas colapsaron, otras 6 presentan ahora alto riesgo de derrumbe y 49 tienen acceso restringido, de acuerdo con información oficial. Solo por los establecimientos caídos, más de 3.400 alumnos se quedaron sin sus escuelas, una tragedia que se suma a años de deterioro educativo por las repetidas crisis venezolanas.Además de perder la Escuela Cruz Felipe Iriarte, donde dictaba clases, Jazmín Urimare se quedó sin casa. Su vocación de enseñar, sin embargo, no se derrumbó y decidió convertir una carpa azul en un bastión de resistencia con el foco en la reconstrucción comunitaria de La Guaira.“Los niños se acostaban tarde, se levantaban tarde y estaban todo el día para allá y para acá y yo nunca veía a los niños con un cuaderno”, cuenta a CNN. Los niños estaban sin rutina y preocupados por los efectos del terremoto, agrega.Urimare, entonces, rezó y le pidió a Dios por el rescate de una alumna muy querida y para que le ayudara a potenciar su vocación. Y allí nació su idea.Urimare comenzó con una carpa pequeña entre mesas improvisadas y cuadernos donados, con apenas una cartilla escolar, su nieto Derek de 9 años y 10 pequeños sentados en una alfombra.Con el paso de los días, su proyecto pasó de boca en boca y llegó a redes sociales; fue así como escaló rápidamente por la solidaridad de voluntarios, organizaciones privadas y comunidades vecinas. Le donaron mesas y sillas, cuadernos, libros y lápices, entre otros útiles escolares. Hoy cuenta con un toldo unas tres veces más grande que el inicial y el espacio original funciona como una suerte de dirección y almacén de las ayudas.La profesora Urimare, como todos la conocen, transformó el trauma por las pérdidas en un aula improvisada, que cada jornada devuelve la esperanza a decenas de niños sobrevivientes. A la tarea se sumaron también maestras voluntarias que llegan desde Caracas y de otras ciudades para compartir conocimientos y entretenimiento con los niños.Urimare asegura que la rutina, el aprendizaje y la distracción ayudan a estos niños que viven un escenario complejo.“Muchos niños llegaron agresivos o tristes. Dibujaban escenas en tonos oscuros por lo vivido. Este espacio les devuelve la sensación de seguridad y de infancia”, explica María Ángel Mejía, auxiliar de la maestra.Como parte del programa de estudios, los niños aprenden a leer, escribir, matemáticas y también reservan tiempo para cantar y jugar. Por la noche, utilizan un televisor, que forma parte de los donativos, para ver películas. Al mismo tiempo, el espacio funciona como un refugio de contención psicológica frente al estrés postraumático. La iniciativa de montar escuelas en campamentos se ha ido replicando en otros lugares de La Guaira, cuenta la maestra emocionada.Urimare dice que la escuela-carpa ha crecido ya para atender a niños con condiciones especiales de aprendizaje y para acompañar a aquellos que perdieron a uno o a varios seres queridos cercanos como padres, madres o abuelos. En esos casos, la maestra describe su abordaje como lleno de “amor, cariño y abrazos”.En el terremoto, Urimare también perdió a allegados, entre ellos, su oncólogo de cabecera, en momentos en los que enfrenta un tratamiento médico de alta complejidad. El día del sismo tenía cita para su tratamiento y recién casi un mes y medio después logró retomarlo con otro especialista.A pesar de las adversidades y de su estado de salud, Urimare se niega a abandonar La Guaira, su estado natal. Para la educadora, la recuperación de la educación requiere mucho más que la remoción de escombros. Se permite soñar con que le construyan una escuela “firme y segura” para sus alumnos.“La Guaira se va a levantar, pero no sola; se reconstruirá con el esfuerzo de todos. Los niños sonreirán de nuevo y recordarán que, en medio de la nada, una maestra los abrazó y les dio educación”, afirma con convicción.A unos 10 minutos del campamento donde funciona la escuela de Urimare, se encuentra el instituto Gabriela Mistral, fuertemente impactado por el terremoto. Sus muros se desplomaron y, desde la calle, se ven pizarrones, carteles con calendarios escolares y pupitres rodeados por escombros.Esa es la situación de decenas de instituciones educativas en La Guaira, que quedaron total o parcialmente destruidas a menos de un mes del inicio de un nuevo año escolar, previsto para mediados de septiembre. Luego de la tragedia, 18 de los 24 estados del país retomaron sus actividades escolares el 6 de julio. En el resto, se suspendieron las clases hasta el nuevo ciclo escolar.Según un balance ofrecido por Unicef, 432 escuelas y 38 hospitales han sufrido daños en Caracas tras el sismo. A esto se suma que distintos planteles en el Distrito Capital y estado Miranda, entre otros, están siendo utilizados como sede de los campamentos temporales.Por su lado, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ordenó el 10 de agosto un plan para la reparación de la infraestructura escolar, para lo cual anunció la activación de las llamadas Brigadas Comunitarias Militares para la educación y la salud.El ministro de educación, Héctor Rodríguez, aseguró el 13 de agosto que se prevé reubicar a las familias damnificadas que permanecen en planteles educativos que han sido habilitados como campamentos transitorios antes de que comience el nuevo año escolar. Destacó que al mismo tiempo el Ejecutivo impulsa un programa que contempla la rehabilitación de más de 1.500 planteles en todo el país.En el epicentro del dolor y de la destrucción, la carpa azul de la maestra Urimare opera como un faro educativo y emocional, mientras las autoridades evalúan los planes de reconstrucción de infraestructuras a largo plazo y miles de familias están a la espera de una respuesta tras haberlo perdido todo.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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