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Trump consiguió otra victoria en América Latina, pero le queda el reto más difícil para cambiar el mapa político de la región

“Lo apoyé y ganó la elección”, dijo el presidente Donald Trump cuando comentó sobre el resultado conseguido en Colombia por el candidato que respaldó, el ultraderechista Abelardo de la Espriella. El jefe de la Casa Blanca volvió a interferir en una elección en América Latina y, una vez más, se atribuyó el triunfo, aunque su capacidad de influencia enfrentará una prueba más difícil y trascendental en octubre.

“Cuando la gente me quiere, los quiero. Es muy simple”, dijo Trump, quien ha tenido distintos grados de injerencia en los procesos y se mantiene “invicto”, sin ninguna victoria de la izquierda desde que comenzó su segundo mandato.

“Es un intervencionismo más patente que el de algunos de sus antecesores. Probablemente otros lo hicieron de manera menos perfilada. Trump lo hace de manera totalmente abierta”, dijo a CNN el analista internacional Gilberto Aranda, académico de la Universidad de Chile.

El año pasado, Trump no apoyó explícitamente a su ahora aliado Daniel Noboa en las elecciones en Ecuador, pese a que lo recibió en Florida días antes de la votación. Tampoco se pronunció sobre los procesos en Costa Rica y Bolivia, y en Chile el Departamento de Estado dio tibias señales de apoyo a José Antonio Kast.

Pero en Honduras, llegó a amenazar con que si no ganaba Nasry Asfura no trabajaría con el nuevo presidente y endurecería la política migratoria, con la posibilidad de afectar las remesas. En las elecciones legislativas del año pasado en Argentina, condicionó la asistencia económica de Washington a una victoria del partido del presidente Javier Milei.

En Perú, la influencia de EE.UU. se desarrolló a través de su embajador, Bernie Navarro, quien no llegó a respaldar a la conservadora Keiko Fujimori, pero tuvo un rol activo como observador y comentarista del proceso, con pedidos para mayor estabilidad y contener la presencia de China.

Aranda repasó esa diversidad de acción de la Casa Blanca. “En Honduras y Argentina, puede haber tenido un impacto sobre la receptividad del electorado. En Argentina lo mezcló con temas de disponibilidad de recursos, llegó lejísimos, mientras que en otros casos se manifiesta a favor de un candidato, prometiendo que habría mayor colaboración. No siempre lo dice tan abiertamente, como en el caso de Perú, que fue el embajador quien entró a tallar”, comentó.

Sobre Colombia, Aranda consideró que el factor Trump “no fue el que más pesó” para la victoria de De la Espriella. Si bien Trump se colgó esa medalla y se percibe como el “gran elector” en la región, no asumió un riesgo y solo le dio su respaldo abierto una vez que el líder ultraderechista pasó como líder a la segunda vuelta y ya era el favorito ante el izquierdista Iván Cepeda.

“Hay todo un cálculo estratégico”, dijo a CNN la politóloga Flavia Freidenberg, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Si bien destacó que todavía no hay muchos datos empíricos para conocer cuánto influye sobre el electorado, apuntó: “En elecciones tan competitivas y sociedades tan polarizadas, el impacto de un agente externo en las últimas semanas puede ser mucho más exacerbado”.

Sobre el rol más asertivo de Washington, la analista señaló: “No estábamos acostumbrados a una participación tan expresa y directa de un país externo”.

En la nueva estrategia de seguridad nacional de EE.UU. publicada a fines del año pasado, el Gobierno de Trump afirma que los objetivos en el hemisferio se resumen en “alistar y expandir” para asegurar sus intereses. “Expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios”, indica el documento.

No todos los candidatos apoyados por el presidente estadounidense funcionan como un espejo de sus políticas. Algunos toman la idea de mano dura, otros apoyan las políticas antimigratorias o la oposición a China, y en algunos casos la similitud va por el tono discursivo contra el establishment político. “Hay un auge multifactorial de las nuevas derechas”, dijo Aranda.

“Varias ofertas intentan traducir localmente lo que significa Trump para Estados Unidos”, agregó, aunque apuntó que hay varios matices que depende de la realidad de cada país. “Más que el elector, es el tipo de propuesta que se va ataviando del discurso y la performatividad de Trump”, sintetizó.

Mientras la Casa Blanca cobija a los ganadores y los invita a formar parte de la alianza regional “Escudo de las Américas”, la llamada “imbatibilidad” de Trump no permite por ahora ver cómo reaccionaría el mandatario ante una derrota de uno de sus elegidos o hasta dónde llegaría para cumplir sus amenazas.

Para Aranda, sería de esperar que las materialice. “No me sorprendería casi nada. Hay cosas que pensé no verlas y las estamos viendo, como con los aranceles, que está mostrando que son un arma política no directa, y se hace mucho más directa cuando algo no le gusta a Estados Unidos. La lógica del libre comercio como una estrategia de largo aliento hoy cede ante un arma política”, dijo.

Dentro de las variantes de la derecha, Aranda también distingue la corriente en otras regiones “donde el trumpismo va de vuelta, como en Canadá o Hungría”, donde candidatos apoyados por el mandatario fueron derrotados, mientras que en América Latina “el trumpismo está en auge”.

“Es un fenómeno como la ola rosa (a inicios del siglo XXI, con gobiernos progresistas), pero no sé si se va a quedar o si va a ser un ir y venir. Hay electorados que se desafectan rápidamente, con poca paciencia” para los nuevos presidentes, agregó el politólogo.

En los últimos años la región ha visto varias “miniolas” o ciclos breves que no llegaron a consolidarse. Entre 2017 y 2019, ganaron los derechistas Sebastián Piñera (Chile), Juan Orlando Hernández (Honduras), Mario Abdo Benítez (Paraguay), Iván Duque (Colombia), Jair Bolsonaro (Brasil) y Nayib Bukele (El Salvador), con la principal excepción en México de Andrés Manuel López Obrador.

Posteriormente, entre 2020 y 2022, se impuso la izquierda con Luis Arce (Bolivia), Pedro Castillo (Perú), Gabriel Boric (Chile), Gustavo Petro (Colombia), Lula da Silva (Brasil), con otras excepciones como Guillermo Lasso (Ecuador) y Rodrigo Chaves (Costa Rica).

Con la pandemia de covid-19 como crisis de fondo, la alternancia se viene imponiendo y desde 2023 la derecha respondió con los triunfos de Santiago Peña (Paraguay), Noboa en Ecuador, Milei en Argentina, Rodrigo Paz (Bolivia), Kast en Chile, Fujimori en Perú y De La Espriella en Colombia.

El país más poblado de la región y la décima economía más grande del mundo va a las urnas en octubre. El presidente Lula mantiene el primer lugar en las encuestas frente a Flávio Bolsonaro y si logra la reelección rompería tanto con la tendencia de triunfos de la derecha como con las derrotas de los oficialismos. No sería la única excepción: ya lo hizo el otro gigante regional, con la victoria de Claudia Sheinbaum en México que mantuvo a Morena en el poder en 2024, cuando Trump todavía no volvía a la Casa Blanca.

En el caso de Brasil, el mandatario estadounidense dio un temprano apoyo a Bolsonaro hijo y mantiene una tensa relación con Brasilia desde el año pasado, con la amenaza de aranceles e investigaciones.

Sin embargo, Brasil tiene otras capacidades para confrontar con Washington y resistir las presiones, lo que a su vez desata sentimientos de unidad nacional alrededor del mandatario en partes del electorado.

Aranda, quien considera que “va a ser una definición muy estrecha”, destacó la “tradición autonomista de Brasil, no solo en las élites, también en sectores militares e industriales”.

Sobre el posible efecto contraproducente del apoyo de Washington a Bolsonaro, comentó: “A Lula le ha servido la confrontación con Trump y enfrentamiento con Estados Unidos. Cuando (Trump) ha agraviado o ha intentado intervenir, para una sociedad con rangos de nacionalismo importantes, le hace sentido (a Lula)”. Podemos tener un caso donde lejos de ayudar, perjudique al candidato al que se le acerca. Pero mientras tanto, en América Latina el estilo trumpista está vigente”. De lo que no duda Aranda es que el presidente volverá a interferir en el proceso electoral para apoyar a su candidato, y remarcó que el pronóstico todavía es reservado.

Mientras algunos analistas advierten y comparan la injerencia de la Casa Blanca y la ola de derecha al Plan Cóndor llevado a cabo hace medio siglo por dictaduras de la región con el respaldo de Washington, Aranda indicó que los contextos son muy distintos. “No soy amigo de leer la historia con un espejo retrovisor. En la Guerra Fría, había un anticomunismo centrado, con distintas estrategias. Lo de ahora, más que una guerra fría, es la doctrina Donroe, la recuperación del espacio americano para su influencia directa, para sus políticas, como potenciar sus acciones antinarcóticas y negar el acceso a competidores como China”, apuntó.

La seguridad se instaló como uno de los principales temas de campaña en varios países, por encima de la discusión sobre economía y desigualdad, incluso en países como Chile y Costa Rica, que durante décadas no tuvieron esa problemática como un eje de consideración. Además, de a poco la política exterior va asomando en los debates.

La injerencia externa y “de pronto se convierte en un agente importante en las elecciones”, dijo Freidenberg.

Muchos países o sus gobiernos todavía no tienen claro cómo posicionarse ante amenazas directas del actor hegemónico del norte que busca un alineamiento, aunque ya hay algunas iniciativas.

Freidenberg destacó el caso de México, donde el Congreso aprobó una reforma constitucional impulsada por el oficialismo en la que se incluyó la “injerencia extranjera” como causal para anular una elección federal. Sin embargo, todavía hay dudas sobre cómo podría implementarse. “Hay muchas preguntas. ¿Qué pasaría en caso de que perjudique al oficialismo o a la oposición? Las leyes no pueden ser para los gobiernos, tienen que ser para todos. Todavía no hemos visto cómo funciona en la práctica”, comentó.

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Exclusive: Congress discussing affidavits from Epstein survivors about Lesley Groff as survivors told CNN she lied

(CNN) — The House Oversight Committee has discussed with Jeffrey Epstein survivors the possibility of the women providing affidavits about longtime Epstein assistant Lesley Groff – coming on the heels of multiple survivors telling CNN that Groff had lied to the committee last month.The ongoing deliberations between the committee and Epstein survivors were confirmed to CNN by three sources familiar with the matter and have not been previously reported. One Epstein survivor and two family members of another victim also told CNN that they were asked by the committee to comb through the transcript of Groff’s interview with the panel and alert the committee to anything that looks problematic.“We need affidavits, sworn affidavits” House Oversight Chair James Comer told CNN’s Jake Tapper on The Lead. “We’re trying to do this just like any court in America would do.”These developments signal that the committee is taking the accounts of Epstein survivors seriously and preparing to hold Groff accountable if she is found to have lied to Congress. While it is not clear what additional steps, if any, the committee might ultimately take related to Groff, lying to Congress is a crime. Committee investigators have also been poring over Groff’s testimony and references in the Epstein files to determine whether Groff was truthful.Comer said that after each witness interview, his panel works with victims of Epstein’s abuse to corroborate details or point out anything that might be untrue.“Once we question them, we are giving the victims the transcripts and letting them thoroughly go over that and say ‘do you see anything that you think is not true?’ And if they say that, then we’re going back and we’re doing research to see if they lied to Congress because if they lied to Congress that’s a felony and that’s a criminal referral to the Department of Justice. And again, that’s all a part of accountability and that’s about the only way Congress can hold anyone accountable,” he said.Groff’s attorney Michael Bachner told CNN after the publication of this story: “Lesley stands by her testimony.” He did not respond to CNN’s previous request for comment about what survivors said about her interview with Congress.Groff worked for Epstein for almost two decades and managed every detail of Epstein’s day-to-day schedule, making her transcribed interview session with the House Oversight Committee in June a significant part of Congress’ ongoing investigation into Epstein. She has denied any knowledge of Epstein’s crimes, and told lawmakers last month that she had been duped by a “master manipulator and deceiver.”But the release of her interview transcript drew outrage from Epstein survivors. CNN reported on survivors taking issue with some of Groff’s key claims, including her insistence that she never met any of the girls and women whom she arranged to give massages to Epstein.Six Epstein survivors previously told CNN they did meet Groff in person and were dismayed to learn of Groff’s denial.Lara Blume McGee, who says she met Epstein as an aspiring model and was abused from 2001 to 2003, said she remembers meeting Groff at least twice at Epstein’s townhouse, while Lisa Phillips, who says she was in her early 20s when she first met Epstein, told CNN: “Of course I’ve met her in person.”Groff also repeatedly told lawmakers that she never asked for or knew the ages of the girls and young women who came to see Epstein, including the fact that some of them were minors. She also said she was never aware that some were coming from local high schools.Epstein survivor Marina Lacerda told CNN that Groff regularly asked her detailed questions about new girls that Lacerda planned to bring to Epstein, and that Groff was sensitive to Epstein’s preference for younger girls – so much so that she started asking Lacerda to tell her friends to bring their school IDs to their sessions with Epstein.“She would ask, ‘What does the girl look like? Where is she from? How old is she?’ over the phone,” Lacerda said.Another survivor, Sharlene Rochard, said it was not possible that Groff didn’t know her age, because she had Rochard’s passport information to plan travel. “Of course she knew how old we were because she had to look at our IDs to book our flight,” Rochard said.One anonymous woman said she was also “100 percent” certain Groff knew that she was a minor. “I went to a private Catholic school and she would always ask me to leave school early,” she said. Epstein liked to see her in her school uniform, and that she said there were many times when Groff saw her wearing her uniform.Survivors said Groff also was not telling the truth when she said she never directly paid the girls and women; some described receiving fresh cash in white envelopes from Groff during their years of abuse.Lacedra, who said she was just shy of turning 14 when she first met Epstein, told CNN Wednesday that she would be glad to provide an affidavit to the oversight committee about Groff.The committee did not comment for this story. A spokeswoman for the committee previously told CNN that the committee is “currently reviewing Ms. Groff’s transcript against the available evidence.” She added: “We welcome any additional evidence from individuals who possess information.”The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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