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The universal nostalgia for ‘Take Me Home, Country Roads’

The first line of John Denver’s song “Take Me Home, Country Roads” calls West Virginia “Almost Heaven,” and when you’re up in the mountains, that description can feel pretty accurate.

Almost Heaven, West Virginia
Blue Ridge Mountains, Shenandoah River
Life is old there, older than the trees
Younger than the mountains, growing like a breeze 

Country roads, take me home
To the place I belong
West Virginia, mountain mama
Take me home, country roads 

But these winding country roads were immortalized by someone who had never driven them.

Correspondent Conor Knighton asked, “Had you ever been to West Virginia before you wrote the song?”

“No,” said Bill Danoff. “Well, in my dreams!”

Danoff, along with his then-girlfriend and bandmate Taffy Nivert, played a rough draft of “Country Roads” for their pal John Denver after a gig one night in Washington, D.C.

“John’s biggest contribution to anything at that point was just his enthusiasm: ‘Well, let’s finish it!'” Danoff laughed. “You know, at 1:00 in the morning, 1:30, you know? ‘Let’s get it!'”

The three stayed up late collaborating on the version that hit the airwaves 55 years ago.

Danoff said, “When it came out in ’71, you know, the Vietnam War was really rockin’. And we had, oh, hundreds of thousands of troops over there. So, coming home was a big, big deal.”

It was a song about home, just not Danoff’s home. Knighton asked, “You’re from Massachusetts. Could it just as easily have been, ‘Almost heaven, Massachusetts’?”

“Yeah, except I didn’t like that word!” Danoff replied. “West Virginia” sounded good. And as it turned out, a lot of other people thought so, too. 

The song was John Denver’s first hit, and, despite some questionable geographic accuracy (the Blue Ridge Mountains and Shenandoah River in the lyrics are barely within the state’s borders), West Virginians embraced it in a big way.

Students at West Virginia University sing the song after victories. 

It’s also a staple at wedding receptions. But the enduring appeal outside of the state has been more surprising. From television’s “The Office” to Germany’s Octoberfest, the song is known throughout the world.

Throughout this year’s World Cup, it was the anthem of the U.S. team. 

“We can think about the song as being about any place – it names West Virginia, but it doesn’t have to,” said West Virginia University assistant professor Sarah Morris. She has written about the global impact of “Take Me Home, Country Roads.”

“People take the song and re-appropriate it so that it’s about the place that’s home to them,” Morris said.

“So, they just swap in their own geographic references?” Knighton asked.  

“Change the geographic references, change the lyrics, change the location. But it doesn’t really change the song, and it doesn’t change the meaning of the song.”

This Toots and the Maytals version was a hit in Jamaica:

In Hawaii, it’s “West Makaha.”

From France to Brazil, there are countless reinterpretations. The song is hugely popular in Japan. The plot of the anime film “Whisper of the Heart” centers around a teenage girl who translates “Country Roads.”

The feeling of longing, of homesickness, is universal. “It’s the rare song that isn’t just singing about something, it’s causing it,” said country star Brad Paisley. He grew up in Glen Dale, West Virginia. He’s been playing “Country Roads” ever since he learned to play guitar, but the song gained new meaning for him when he left for Nashville.

“I think once you move away, the song takes on way more just character and depth,” Paisley said. “You hear that on the radio and you’re not in West Virginia, like, you hear that in your car and it comes on, and when you hear that iconic acoustic guitar part – ‘driving down the road I get a feeling that I should have been home yesterday.'”

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West Virginia University Press

Morris said, “Leaving and homecoming has always been something that West Virginians have experienced. But we’ve been at a loss in our population since 1950. So, I think it’s a perennial mood for West Virginians.”

Including Knighton.

“I grew up in the capital city of Charleston,” he said. “I learned to ride my bike on country roads. I left the state after high school, but I’m still nostalgic for it. It’s like the song says – ‘All my memories gather round her.'”

Morris said, “One of the things that I’ve been thinking about is a Welsh concept called hiraeth – this deep longing for someplace that you can’t quite name, that’s home but maybe more. It’s maybe a place that you’ve never been, or the home that you’ve only dreamed of. It’s this deep pull toward place.”

Those thousands of fans in stadiums thousands of miles away from the Mountain State, aren’t necessarily singing about West Virginia. They were singing about home. Danoff said, “The place really is immaterial. It’s ‘the place I belong.’ I think that’s the key line. That’s what people are looking for in their lives.”

An earlier version of this story was originally broadcast on December 26, 2021. 

For more info:

      
Story produced by Aria Shavelson. Editors: Remington Korper and George Pozderec. 

Julián Álvarez fue silbado y se fue sin saludar a la afición: ¿qué sigue en la novela del argentino?

No fue un domingo cualquiera para Julián Álvarez. En realidad, no lo ha sido ningún día desde aquella frase que pronunció durante la Copa del Mundo: “lo mejor para todos es una transferencia”, cuando se hablaba de un fuerte interés del FC Barcelona por contratarlo. El fichaje no se hizo —porque el Atlético de Madrid no quiso negociar— y aquellas siete palabras, pronunciadas a un océano de distancia de España, le ganaron la enemistad de toda la afición del Atlético de Madrid, el club que pagó por él más de US$ 87 millones hace dos temporadas.La afición le hizo pagar esas palabras este domingo, en la primera vez que el delantero argentino pisó el estadio Metropolitano, cuando ingresó en el segundo tiempo de un partido que el Colchonero empataba 1-1. Pero ni la urgencia del resultado ni la necesidad por los goles de Álvarez —acaso su mejor centroatacante— para revertirlo le hicieron olvidar a las gradas rojiblancas las palabras del número 9, que recibió una silbatina generalizada al momento de ingresar al campo (ya había sido reprobado por el estadio durante el calentamiento).Álvarez no tuvo un buen ingreso y, aunque su equipo acabó rescatando un empate con 10 jugadores cerca del final, el goleador argentino se llevó la imagen final, sin participar del tradicional saludo que hace el Atlético, dando la vuelta al campo para agradecer a la afición. El delantero se fue a los vestuarios en soledad. Un gesto que, como dice el dicho, vale más que mil palabras.“Me comentaba la gente del club, que el club decidió que él no se acerque a saludar con sus compañeros a la gente. La decisión no fue de Julián Alvarez, fue del club, que tomó la decisión de alejarlo y separarlo para que se vaya hacia el vestuario”, dijo su director técnico, Diego Simeone, tras el juego.Queda exactamente una semana del mercado de fichajes en Europa, por lo que la presencia de Julián Álvarez en el Atlético de Madrid sigue estando en el aire para el resto de la temporada. El problema es que la reacción de la afición este domingo parece mostrar un punto de no retorno en la relación con el futbolista, que tampoco ha salido a expresar una disculpa o una explicación a sus dichos durante el Mundial.Un problema aún mayor es que, pese al deseo de ser transferido que tiene el jugador, el club no tiene ninguna intención de desprenderse de él y, conforme van pasando los días, el mercado se va achicando, porque al conocer las altas demandas de la directiva del Colchonero, los interesados salen a buscar alternativas, apurados por la fecha límite del 1 de septiembre.Por supuesto, el Atleti, a medida que pasan las horas, tiene cada vez menos deseos de abrirle la puerta de salida, porque se quedaría con muy poco tiempo para salir a buscarle un reemplazo al futbolista estrella que tiene la plantilla. Hallar un sustituto para el jugador que marcó 49 goles y dio 17 asistencias en 107 partidos con el club supondría muchos millones arriba de la mesa, posiblemente teniendo que pagar un valor más alto que de lo que dicta el mercado.Los destinos para Julián Álvarez son muy pocos. El Atleti ya dejó claro que no va a negociar con clubes españoles, porque no quiere reforzar a la competencia. Fuera de España, solo se conoció el interés del Arsenal y uno más pequeño del PSG. Ninguno prosperó, en parte por el deseo del jugador de vestirse de blaugrana.Los Gunners, campeones de la Premier League y subcampeones de la Champions League, podrían hacer el intento, a pesar de que en el ataque ya tienen muchas alternativas. Por eso se había barajado la idea de que los londinenses pusieran dinero y algún futbolista —como Viktor Gyökeres, por ejemplo— en la mesa de negociación, algo que le cerraría a la directiva española, ya que el jugador se iría a otra liga y tendría garantizado un nombre de reemplazo. Sin embargo, si la idea no prosperó es porque o no hubo acuerdo por el monto de dinero, o porque el futbolista no tiene grandes deseos de volver a una liga de la cual ya se fue —jugó en el Manchester City de 2022 a 2024—.La posibilidad de los parisinos se mencionó mucho al comienzo del mercado de fichajes, pero fue perdiendo fuerza con el correr de los días. Mucho más desde que los bicampeones de Europa se hicieron con los servicios de Ferran Torres, el héroe de la final del Mundial 2026, que ya empezó a pagar la confianza de Luis Enrique con goles, marcando un doblete en su presentación, también este domingo.Entonces, el futuro de Julián Álvarez parece estar entre tres destinos: quedarse en el Atlético, ya sea para revertir la situación o para esperar la ventana de transferencias de enero; reflotar la idea de volver a la Premier League, pero con la camiseta del Arsenal —un equipo que quizás tampoco seduce tanto por el estilo de juego que tienen los dirigidos por Arteta—; o que el FC Barcelona finalmente abra la chequera y ponga muchísimos millones arriba de la mesa, 500 millones de euros, para ser exactos, que es su cláusula de recisión. Una cifra jamás pagada por un futbolista, y por mucha diferencia.“Primero, juntos siempre somos más fuertes. Eso siempre nos caracterizó siendo el Atlético de Madrid distinto al resto. Julián es un jugador nuestro”, dijo Giuliano Simeone —autor del empate 2-2— a la prensa tras el partido.“Tenemos que estar todos juntos tirando para el mismo lado, porque, si no, nos vamos a dividir y eso no es bueno. Julián es jugador nuestro y vamos a apoyarlo siempre”, agregó el mediocampista.Su padre, el entrenador del equipo, también defendió a Julián Álvarez, pero con un poco más de cautela.“No estoy para dar consejos. Tengo que centrarme en mi trabajo, que es deportivamente hacer lo mejor para el Atlético de Madrid. Si el Atlético de Madrid quiere ganar algún título necesitamos estar juntos, tener delanteros importantes y para eso necesitamos trabajar en consecuencia todos de lo que necesitamos”, dijo en la rueda de prensa.“Creo que fui bastante claro. Necesitamos estar juntos. Cuando estuvimos juntos siempre hemos podido hacer cosas importantes”.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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