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Julián Álvarez fue silbado y se fue sin saludar a la afición: ¿qué sigue en la novela del argentino?

No fue un domingo cualquiera para Julián Álvarez. En realidad, no lo ha sido ningún día desde aquella frase que pronunció durante la Copa del Mundo: “lo mejor para todos es una transferencia”, cuando se hablaba de un fuerte interés del FC Barcelona por contratarlo. El fichaje no se hizo —porque el Atlético de Madrid no quiso negociar— y aquellas siete palabras, pronunciadas a un océano de distancia de España, le ganaron la enemistad de toda la afición del Atlético de Madrid, el club que pagó por él más de US$ 87 millones hace dos temporadas.

La afición le hizo pagar esas palabras este domingo, en la primera vez que el delantero argentino pisó el estadio Metropolitano, cuando ingresó en el segundo tiempo de un partido que el Colchonero empataba 1-1. Pero ni la urgencia del resultado ni la necesidad por los goles de Álvarez —acaso su mejor centroatacante— para revertirlo le hicieron olvidar a las gradas rojiblancas las palabras del número 9, que recibió una silbatina generalizada al momento de ingresar al campo (ya había sido reprobado por el estadio durante el calentamiento).

Álvarez no tuvo un buen ingreso y, aunque su equipo acabó rescatando un empate con 10 jugadores cerca del final, el goleador argentino se llevó la imagen final, sin participar del tradicional saludo que hace el Atlético, dando la vuelta al campo para agradecer a la afición. El delantero se fue a los vestuarios en soledad. Un gesto que, como dice el dicho, vale más que mil palabras.

“Me comentaba la gente del club, que el club decidió que él no se acerque a saludar con sus compañeros a la gente. La decisión no fue de Julián Alvarez, fue del club, que tomó la decisión de alejarlo y separarlo para que se vaya hacia el vestuario”, dijo su director técnico, Diego Simeone, tras el juego.

Queda exactamente una semana del mercado de fichajes en Europa, por lo que la presencia de Julián Álvarez en el Atlético de Madrid sigue estando en el aire para el resto de la temporada. El problema es que la reacción de la afición este domingo parece mostrar un punto de no retorno en la relación con el futbolista, que tampoco ha salido a expresar una disculpa o una explicación a sus dichos durante el Mundial.

Un problema aún mayor es que, pese al deseo de ser transferido que tiene el jugador, el club no tiene ninguna intención de desprenderse de él y, conforme van pasando los días, el mercado se va achicando, porque al conocer las altas demandas de la directiva del Colchonero, los interesados salen a buscar alternativas, apurados por la fecha límite del 1 de septiembre.

Por supuesto, el Atleti, a medida que pasan las horas, tiene cada vez menos deseos de abrirle la puerta de salida, porque se quedaría con muy poco tiempo para salir a buscarle un reemplazo al futbolista estrella que tiene la plantilla. Hallar un sustituto para el jugador que marcó 49 goles y dio 17 asistencias en 107 partidos con el club supondría muchos millones arriba de la mesa, posiblemente teniendo que pagar un valor más alto que de lo que dicta el mercado.

Los destinos para Julián Álvarez son muy pocos. El Atleti ya dejó claro que no va a negociar con clubes españoles, porque no quiere reforzar a la competencia. Fuera de España, solo se conoció el interés del Arsenal y uno más pequeño del PSG. Ninguno prosperó, en parte por el deseo del jugador de vestirse de blaugrana.

Los Gunners, campeones de la Premier League y subcampeones de la Champions League, podrían hacer el intento, a pesar de que en el ataque ya tienen muchas alternativas. Por eso se había barajado la idea de que los londinenses pusieran dinero y algún futbolista —como Viktor Gyökeres, por ejemplo— en la mesa de negociación, algo que le cerraría a la directiva española, ya que el jugador se iría a otra liga y tendría garantizado un nombre de reemplazo. Sin embargo, si la idea no prosperó es porque o no hubo acuerdo por el monto de dinero, o porque el futbolista no tiene grandes deseos de volver a una liga de la cual ya se fue —jugó en el Manchester City de 2022 a 2024—.

La posibilidad de los parisinos se mencionó mucho al comienzo del mercado de fichajes, pero fue perdiendo fuerza con el correr de los días. Mucho más desde que los bicampeones de Europa se hicieron con los servicios de Ferran Torres, el héroe de la final del Mundial 2026, que ya empezó a pagar la confianza de Luis Enrique con goles, marcando un doblete en su presentación, también este domingo.

Entonces, el futuro de Julián Álvarez parece estar entre tres destinos: quedarse en el Atlético, ya sea para revertir la situación o para esperar la ventana de transferencias de enero; reflotar la idea de volver a la Premier League, pero con la camiseta del Arsenal —un equipo que quizás tampoco seduce tanto por el estilo de juego que tienen los dirigidos por Arteta—; o que el FC Barcelona finalmente abra la chequera y ponga muchísimos millones arriba de la mesa, 500 millones de euros, para ser exactos, que es su cláusula de recisión. Una cifra jamás pagada por un futbolista, y por mucha diferencia.

“Primero, juntos siempre somos más fuertes. Eso siempre nos caracterizó siendo el Atlético de Madrid distinto al resto. Julián es un jugador nuestro”, dijo Giuliano Simeone —autor del empate 2-2— a la prensa tras el partido.

“Tenemos que estar todos juntos tirando para el mismo lado, porque, si no, nos vamos a dividir y eso no es bueno. Julián es jugador nuestro y vamos a apoyarlo siempre”, agregó el mediocampista.

Su padre, el entrenador del equipo, también defendió a Julián Álvarez, pero con un poco más de cautela.

“No estoy para dar consejos. Tengo que centrarme en mi trabajo, que es deportivamente hacer lo mejor para el Atlético de Madrid. Si el Atlético de Madrid quiere ganar algún título necesitamos estar juntos, tener delanteros importantes y para eso necesitamos trabajar en consecuencia todos de lo que necesitamos”, dijo en la rueda de prensa.

“Creo que fui bastante claro. Necesitamos estar juntos. Cuando estuvimos juntos siempre hemos podido hacer cosas importantes”.

The-CNN-Wire
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Washington se transformó en un circuito de carreras para el Gran Premio IndyCar Freedom 250

La multitud vitoreó este domingo mientras el rugido de los motores de los autos de carrera resonaba por todo Washington durante el Gran Premio IndyCar Freedom 250.Miles de espectadores llegaron a la ciudad, llenaron las gradas construidas especialmente para la ocasión y se ubicaron detrás de las barricadas.Las calles que rodean la Explanada Nacional se transformaron en un circuito de 2,7 kilómetros para el evento, uno de una serie organizada por Freedom 250, una organización sin fines de lucro respaldada por Trump y encargada de celebrar el 250 aniversario de la nación.Modernos monoplazas pasaron a toda velocidad frente al Capitolio de EE.UU., tomaron curvas cerradas alrededor de los Archivos Nacionales y recorrieron el tramo frente al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, para completar un total de 147 vueltas.El ganador fue Kyle Kirkwood, un piloto de Florida de 27 años del equipo Andretti Global, quien superó a otros 24 pilotos tras cruzar la bandera a cuadros.Este es un resumen de la carrera de hoy:El presidente de EE.UU. Donald Trump recorrió el circuito en el vehículo presidencial, apodado “La Bestia”, antes de la carrera. La mayoría de los asistentes vitorearon, aunque también hubo algunos abucheos, mientras pasaba la limusina presidencial. Más tarde, dio la señal con la bandera verde cuando comenzó la carrera.Trump y la primera dama Melania Trump estuvieron acompañados por varios invitados de alto perfil para presenciar el evento, entre ellos varios miembros del gabinete y el propietario de la IndyCar, Roger Penske.Varias ramas de las Fuerzas Armadas de EE.UU. participaron en sobrevuelos.Algunos pilotos tuvieron dificultades con el circuito y sus autos chocaron o rozaron las barreras de concreto. En un momento, David Malukas y Sting Ray Robb colisionaron en la última curva del circuito de 2,7 kilómetros. Según el sitio web oficial de la carrera, 13 de los 25 pilotos completaron el recorrido este domingo.Tras la conclusión, los equipos comenzaron a desmontar parte del extenso vallado que bordeaba el circuito. Deben retirar muros de 4.536 kilos y un metro de altura —que protegían tanto a los pilotos como a los espectadores— y las zonas de observación situadas a lo largo del circuito. El desmontaje podría prolongarse hasta la segunda semana de septiembre, según un funcionario de Washington.Con información de Isabelle D’Antonio, Fadel Allassan, Christian Sierra, Kit Maher, Peter Morris, Piper Hudspeth Blackburn y Aleena Fayaz, de CNN.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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