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Lindsey Graham, senador republicano de larga trayectoria y aliado de Trump, fallece a los 71 años tras enfermedad repentina

El senador estadounidense Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur, falleció “a causa de una enfermedad breve y repentina”, informó un portavoz de su oficina a CNN.

Elegido por primera vez para el Senado de EE.UU. en 2002, Graham llegó a encarnar la evolución del Partido Republicano: pasó de ser un crítico de Trump a convertirse en un fiel partidario y acabó siendo uno de los asesores más cercanos del presidente en el Capitolio.

Pero, aunque su lealtad hacia Trump era incuestionable, el senador de mayor antigüedad siguió siendo un portavoz activo de la intervención y el liderazgo de Estados Unidos en todo el mundo, rompiendo a menudo con la tendencia más aislacionista de los partidarios de Trump.

Graham se dio a conocer como un halcón de la política exterior que defendía fervientemente la intervención militar en Irán e Iraq y era una de las principales voces a favor del apoyo inquebrantable de Estados Unidos a Israel y Ucrania. Su carrera política estuvo intrínsecamente ligada a su estrecha relación con dos figuras destacadas del Partido Republicano: primero con el difunto senador John McCain, de Arizona, y luego con Trump.

Graham, de 71 años, falleció poco después de regresar de una visita a Ucrania —una de las muchas que realizó tras la invasión rusa de 2022—. Los servicios de emergencia fueron enviados a una dirección en Washington, donde vivía Graham, alrededor de las 8:30 p. m., tras recibir un reporte de una persona que sufría dolores en el pecho, según el audio de la transmisión en Broadcastify. El audio indica que alguien había llamado desde Baltimore y se dirigía a la casa.

El operador dijo que la persona que llamó creía que la puerta estaba abierta, aunque los socorristas indicaron que estaba cerrada con el cerrojo, según se escucha en el audio. Aproximadamente 25 minutos después, informaron que se estaba realizando la RCP, como se escucha en el audio.

La cuenta de X de Graham informó que falleció el sábado. Un portavoz de Graham no reveló más detalles sobre la enfermedad del senador.

“La familia del senador Graham agradece las oraciones en estos momentos y pide que se respete su privacidad durante este período tan increíblemente difíci”, dijo el portavoz.

Trump dijo a Jake Tapper, de CNN, que había hablado con Graham apenas unas horas antes, cuando el senador regresó de Ucrania. El presidente dijo que conversaron sobre su proyecto de ley de identificación de votantes, la Ley SAVE America, y sobre el reciente viaje de Graham.

“Dijo: ‘Estoy cansado porque fue un viaje largo’, pero fuera de eso, estaba bien”, recordó Trump.

“Qué pérdida tan terrible”, añadió el presidente. “Era un gran político. Era un político nato. Hay muy pocos así. Era un político nato. Se llevaba bien con todo el mundo”.

Elegido por primera vez al Senado en 2002, Graham buscaba un quinto mandato en las elecciones de mitad de período de este otoño. Su muerte tendrá implicaciones para la agenda legislativa del Senado, donde la estrecha mayoría republicana ya enfrenta dificultades debido a la ausencia del senador Mitch McConnell. Según la ley estatal, el gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster, puede nombrar un reemplazo temporal para ocupar el escaño vacante. Como Graham aspiraba a la reelección este año, también quedó vacante la candidatura republicana para ese puesto. La legislación estatal parece establecer la celebración de unas elecciones primarias especiales el 11 de agosto, con una posible segunda vuelta el 25 de agosto para elegir a su reemplazo, aunque las autoridades aún no han anunciado el procedimiento.

Graham comenzó su carrera política a principios de los noventa, después de haber trabajado como fiscal municipal y del condado en Carolina del Sur. Fue elegido miembro de la Cámara de Representantes en 1994. También prestó servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos como fiscal y abogado defensor.

Su infancia estuvo marcada por la muerte de su madre y su padre, ocurridas con 15 meses de diferencia, cuando él cursaba la licenciatura; su padre falleció de un ataque al corazón y su madre, de cáncer. Graham ayudó a criar a su hermana Darline, quien en ese entonces tenía 13 años, y más tarde la adoptó.

Nunca se casó ni tuvo hijos.

Graham se postuló brevemente para la candidatura republicana a la presidencia en 2015, argumentando que el Partido Republicano debía decirle a Trump, su rival en ese entonces, que “se fuera al diablo” después de que Trump propusiera prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos. Durante las primarias republicanas de 2016, Graham fue uno de los detractores republicanos más feroces de Trump, a quien calificó como “el candidato con más defectos en la historia del Partido Republicano” y advirtió que postularlo condenaría al partido; además, en las elecciones generales se negó a votar por él.

“Fue una campaña dura”, dijo Trump este domingo a CNN. “Él fue duro y agresivo, pero yo también lo fui, y al final todo salió bien”.

La relación entre ambos cambió tras una reunión en marzo de 2017 con el entonces recién investido presidente. Para el segundo mandato de Trump, Graham se había convertido en una de sus voces de mayor confianza en el Senado e incluso llegó a definirse como la “estrella del norte” del presidente.

Al mismo tiempo, Graham mantuvo una estrecha amistad con McCain, su mejor amigo en el Senado, quien chocó con Trump tanto en lo personal como en lo político. McCain murió en 2018.

“Hay muy pocos recuerdos de la carrera política de mi padre y de mi vida acompañándolo en los que Lindsey no aparezca de alguna manera”, escribió este domingo Meghan McCain, hija del fallecido senador, en un homenaje a Graham.

También destacó la relación entre Graham, su padre y el senador demócrata Joseph Lieberman. Los tres trabajaron juntos, por encima de las diferencias partidistas, en asuntos como inmigración y otros temas políticamente complejos, forjando un vínculo que desafió la fuerte polarización de Washington.

Graham trabajó con McCain en un amplio proyecto bipartidista de reforma migratoria que fue aprobado por el Senado en 2013 y que reforzaba la seguridad fronteriza al tiempo que creaba un camino hacia la ciudadanía para millones de inmigrantes que habían ingresado al país de forma irregular. También fue uno de los impulsores de la Ley DREAM, que ofrecía a personas llevadas a EE.UU. cuando eran niños y se encontraban en el país sin autorización legal la posibilidad de obtener la residencia permanente si cumplían determinados requisitos laborales o educativos.

Graham presidió el influyente Comité Judicial del Senado y el Comité de Presupuesto.

Desempeñó un papel decisivo para impulsar la agenda del segundo mandato de Trump mediante marcos presupuestarios, incluido el paquete de recortes fiscales y cambios en programas sociales conocido como la Ley One Big Beautiful Bill, muy criticado por los demócratas.

“No había mejor defensor”, dijo Trump a CNN este domingo. “Fue un defensor extraordinario en el Senado… Si yo tenía un problema realmente importante con algún demócrata, él podía resolverlo”.

Como integrante del Comité Judicial del Senado, Graham se convirtió en uno de los más firmes defensores de Brett Kavanaugh, incluso después de que una acusación de agresión sexual pusiera en riesgo su confirmación como juez de la Corte Suprema.

“Esta es la farsa más poco ética que he visto desde que estoy en la política”, dijo Graham en un apasionado discurso dirigido a sus colegas demócratas durante el proceso de confirmación de Kavanaugh.

Sin embargo, años antes había votado junto a los demócratas para confirmar a Elena Kagan y Sonia Sotomayor durante el Gobierno de Obama, lo que le valió críticas del ala más conservadora de su partido.

Los homenajes de legisladores y aliados internacionales que trabajaron estrechamente con el senador republicano comenzaron a llegar pocas horas después de que se anunciara su muerte.

El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, elogió las décadas de servicio militar y público de Graham y su convicción en “el poder de Estados Unidos para hacer el bien en el mundo”. “Su influencia sobre el poder judicial federal, nuestra defensa nacional y su querida Carolina del Sur se sentirá durante generaciones”, dijo Thune en un comunicado.

El vicepresidente JD Vance afirmó: “Sin duda tuvimos nuestras diferencias. Pero era imposible no apreciarlo. Fue una figura única en nuestra política”.

En política exterior, Graham fue un firme defensor de la intervención de EE.UU., con Israel, Irán, Iraq y Ucrania como ejes centrales de esa postura.

Fue uno de los mayores defensores de Israel en el Congreso, promovió miles de millones de dólares en ayuda para seguridad y realizó múltiples viajes a la región después del 7 de octubre. El primer ministro Benjamin Netanyahu lo describió en repetidas ocasiones como el mejor amigo de Israel en Washington.

Los líderes israelíes figuraron entre los primeros funcionarios extranjeros en elogiar el legado de Graham. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que Israel había perdido a “uno de sus mejores amigos”.

“Lindsey comprendía que la seguridad de Israel y la de Estados Unidos son inseparables”, afirmó.

Respecto a Irán, Graham fue sistemáticamente la voz más agresiva del Senado: se opuso al acuerdo nuclear de 2015 y abogó por ataques preventivos ya desde 2010. Al estallar la guerra con Irán en febrero de 2026, respaldó la campaña de bombardeos conjunta de Estados Unidos e Israel, llegando a comparar al régimen iraní con la Alemania nazi.

Graham fue uno de los defensores más constantes en el Senado de mantener la ayuda militar estadounidense a Ucrania. De hecho, realizó numerosos viajes a Kyiv a lo largo del conflicto, efectuando el décimo de ellos poco antes de su fallecimiento.

El senador apoyó firmemente el envío de armamento a Ucrania y la imposición de sanciones contra Rusia.

El presidente Volodymyr Zelensky, quien se había reunido con Graham en dos ocasiones durante la última semana, expresó su “profunda tristeza” ante la noticia.

“Lindsey fue un verdadero defensor de la libertad y de los valores que hacen nuestro mundo más seguro”, declaró, añadiendo que Ucrania estará “siempre especialmente agradecida por el reconocimiento hacia nuestro pueblo y por sus palabras de admiración ante el valor de los defensores de Ucrania”.

Graham respaldó la invasión estadounidense de Iraq en 2003 y se convirtió en uno de los defensores más vocales de la guerra en el Senado; impulsó con firmeza el aumento de tropas de 2007 e incluso prestó servicio brevemente como reservista en Iraq para defender su postura de primera mano. Más tarde advirtió que una retirada prematura de las tropas haría que el país “se fuera al infierno”.

Aplicó esa misma convicción a Afganistán, donde también estuvo desplegado mientras era miembro del Congreso. Se opuso a la retirada total de las tropas estadounidenses tras 20 años de guerra y advirtió que el Gobierno de Biden estaba “allanando el camino para otro 11 de septiembre”.

Esta es una noticia en desarrollo y ha sido actualizada.

Jedd Rosche, Matthew Rehbein, Lauren Fox, Tim Lister, Ted Barrett y Diego Mendoza, de CNN, contribuyeron a este informe.

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En un Brasil polarizado entre Lula y Flávio Bolsonaro, los partidos intentan formar alianzas pero triunfa la neutralidad

El cierre de la temporada de convenciones partidarias el 5 de agosto sirvió no solo para concluir el diseño de las candidaturas presidenciales, sino también para revelar un nuevo fenómeno que debe ser estudiado por la ciencia política brasileña. Por definición, los partidos políticos deberían tomar partido o posición en una disputa tan importante como la del futuro presidente del país, ya sea con candidaturas propias o apoyando a un nombre lanzado por otra agrupación. En 2026, sin embargo, lo que predominó fue lo opuesto: la neutralidad.A excepción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (del Partido de los Trabajadores), candidato a la reelección apoyado por otros seis partidos, todos de izquierda, ningún otro aspirante al Palacio del Planalto logró atraer a otra sigla. Con esto, todos los adversarios del petista disputarán la elección en listas puras; el último en anunciar el nombre del vicepresidente fue Flávio Bolsonaro (el Partido Liberal), quien eligió dentro del partido al diputado de Alagoas Alfredo Gaspar.El candidato del PL intentó, pero no logró reproducir la alianza que apoyó a su padre. En 2022, el entonces presidente Jair Bolsonaro contaba con el apoyo del PP (Partido Progresista) y Republicanos, que ahora prefirieron mantenerse neutrales, a pesar de la posibilidad de indicar el nombre de una mujer para competir por la vicepresidencia; en el primero, la opción era la senadora y exministra Tereza Cristina, y en el último está afiliada la expresidenta de la Caixa Econômica Federal Daniella Marques, muy cercana al exministro de Economía Paulo Guedes.La alianza de Lula vuelve a tener a Geraldo Alckmin (Partido Socialista Brasileño o PSB) como candidato a vicepresidente y suma siete partidos. Es la coalición más amplia que la izquierda brasileña ha formado al inicio de una disputa presidencial: nunca antes el PT, el PSB, el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), el Partido Comunista de Brasil (PC do B), el Partido Verde (PV) y Rede habían comenzado juntos una primera vuelta.En contrapartida, Lula no logró ir más allá del campo de la izquierda este año como lo hizo en 2022, cuando partidos más al centro e incluso exadversarios —empezando por Alckmin— se habían sumado a la alianza. Cuatro años atrás, el palanque también contaba con Solidariedade, Avante, Agir y PROS. Avante prefirió este año tener candidatura propia, con el escritor y psiquiatra Augusto Cury, autor de libros best-seller de ficción y autoayuda.Para quienes no están habituados a las articulaciones de la política brasileña, como el público extranjero, puede resultar extraño pensar en un candidato a presidente que tenga a una persona de otro partido en la fórmula. Pero en Brasil esto es casi una regla para ampliar la base de apoyo político e iniciar negociaciones para la composición de un futuro gobierno.Estas negociaciones ocurren no solo en las disputas mayoritarias —cargos de presidente, gobernador, alcalde y senador—, sino también en las proporcionales, sistema por el cual se eligen diputados federales, diputados estatales y concejales, también con miras a la construcción de un futuro gobierno de coalición.En 2017, sin embargo, un cambio en la legislación prohibió las coaliciones para los cargos del Legislativo en los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), para contener distorsiones que ocurrían frecuentemente en el pasado: en una alianza entre partidos de espectros políticos diferentes, por ejemplo, el elector elegía a un candidato a diputado más a la izquierda del partido A, pero ese voto ayudaba a elegir a un parlamentario de centro o incluso de derecha del partido B, y viceversa, debido a coaliciones que podían reunir hasta una docena o más de siglas.Fuera de eso, Brasil pasó a adoptar una cláusula de desempeño para que los partidos tengan acceso al financiamiento público de sus actividades, participación en el horario de propaganda gratuita en radio y televisión, además de asegurar el derecho a ser invitados a debates en esos medios de comunicación.Como las bancadas federales son el criterio para esta barrera, nada más justo que cada sigla dispute espacio de forma individual, y no en coalición. La excepción es si dos o más partidos deciden formar una federación, con una duración mínima de cuatro años (dos ciclos electorales). Siglas con riesgo de extinción o de no superar la barrera legal adoptaron esta estrategia de supervivencia.De los diez partidos y federaciones más grandes de Brasil, solo tres tendrán candidatos propios a la presidencia y dos se aliaron con Lula. Los otros cinco prefirieron la neutralidad. En esta lista están União Brasil y PP, federación con casi 100 parlamentarios, Republicanos, MDB, Podemos y la federación PSDB-Cidadania.Todos estos partidos lanzaron candidatura propia a la presidencia o participaron en una coalición de este tipo, en medio de la polarización entre Lula y Bolsonaro. Con la tendencia de repetirse el escenario, ahora entre el petista y el hijo del expresidente, los partidos prefirieron el pragmatismo de fortalecer las bancadas en el Congreso a arriesgarse contra los dos polos políticos. En una disputa reñida, comprometerse temprano con uno de los lados significa apostar por quien puede perder — mientras que no comprometerse preserva el poder de negociación.Es necesario considerar también el historial de los partidos en Brasil. Muchas de estas siglas tienen divisiones internas: los políticos de los estados del centro-sur del país son más conservadores, mientras que los de la región Nordeste tienen mayor proximidad con los petistas. Arbitrar estas divergencias es más costoso para los dirigentes nacionales que simplemente liberar a los correligionarios para apoyar al candidato presidencial que sea más popular en sus reductos.En la campaña, la neutralidad también trae otro efecto beneficioso para Lula en comparación con los adversarios: solo cuatro candidaturas tendrán derecho a participar en la propaganda electoral. El petista se quedó con la mayor porción del tiempo, seguido por Flávio Bolsonaro, Ronaldo Caiado (PSD) y Augusto Cury.Aquí cabe otra explicación para el lector fuera de Brasil, sobre un mecanismo poco común en otros presidencialismos de la región. Las enmiendas parlamentarias son porciones del Presupuesto federal cuya destinación es definida individualmente por diputados y senadores. Buena parte de ellas es de ejecución obligatoria — el llamado presupuesto impositivo, creado justamente para quitarle al presidente el poder de liberar o retener esos recursos según la lealtad del parlamentario.En la práctica, cada congresista lleva hoy una cartera propia de dinero público para obras y alcaldías de su base electoral. El presupuesto de 2026 reserva cerca de R$ 61.000 millones (aproximadamente US$ 11.938 millones) para ese gasto, de los cuales R$ 37,8 mil millones (aproximadamente US$ 7.400 millones) son impositivos.Fue este engranaje el que transformó a la bancada, y no al ministerio, en el activo más valioso de la política brasileña — y que invirtió la aritmética de las alianzas. Un partido grande y sin compromiso presidencial negocia con quien gane; un partido grande dentro de una fórmula derrotada corre el riesgo de quedar cuatro años en el ostracismo.La campaña que comienza ahora será, por eso, más polarizada que la de 2022. Pero la cuenta política más dura no se paga en octubre. Se paga en 2027, cuando el presidente electo abra la primera negociación con un Congreso que pasó toda la elección sin deberle nada.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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