Dos años después de elecciones presidenciales que denunció como fraudulentas, la oposición venezolana se prepara para una nueva mesa de diálogo con el chavismo. Será una conversación que tendrá a una parte de la oposición sentada en la mesa y a otra, liderada por María Corina Machado, alejada del proceso, luego de dejar en claro que persisten diferencias entre los sectores que reclaman una transición con nuevos comicios.
Machado y el excandidato presidencial Edmundo González Urrutia tomaron distancia del proceso en un comunicado, aunque sin interponerse a él, y dijeron que lo evaluarán “con base en logros concretos y verificables”, entre los que pidieron la “recuperación de instituciones democráticas”, liberación de presos políticos y un cronograma electoral sin exclusiones.
Frente a la delegación chavista, encabezada por Jorge Rodríguez, titular de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, estará Dinorah Figuera. La exdiputada opositora volvió al país tras años de exilio con el respaldo del Gobierno de Estados Unidos, actor clave en la política local desde la captura del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero. Figuera todavía no confirmó quiénes serán los 10 delegados de la oposición.
“Tal como se ha planteado, (los sectores de Machado y Figuera) están compitiendo. La narrativa se ha construido en esos términos, vamos a ver si más adelante se complementan”, dijo a CNN el politólogo Ricardo Sucre, docente universitario y director-gerente de la consultora Smart Thinkers.
Hasta ahora, no hay confirmación pública de que Machado y González Urrutia (quienes siguen fuera del país) hayan conversado con Figuera o su entorno sobre los diálogos.
Para Sucre, el comunicado “es la respuesta lógica del sector que representan”, teniendo en cuenta que los estudios de opinión mantienen a Machado como la líder mayoritaria. Machado y su sector insisten en el reclamo de haber ganado, según las actas que reunió la oposición, las elecciones de 2024, una afirmación descartada por el CNE, que proclamó como vencedor a Maduro quien fue luego capturado por Estados Unidos en enero y llevado a Nueva York.
“Es lógica en la medida que no fue la oposición que Estados Unidos privilegió. Entonces se ven como la oposición mayoritaria, pero no tienen el liderazgo, entonces se distancian, a diferencia de otros procesos. No lo descalifican y esperan que al final del día surja un proceso electoral”, agregó el analista.
Por su parte, el politólogo John Magdaleno comentó: “Lo que parece haber conseguido el gobierno es identificar a un sector de la oposición que sí pueda ser reconocido como interlocutor válido, lo que no ocurría hasta la fecha”.
El analista dijo que el chavismo tiene muchos reparos a un diálogo que sea encabezado por Machado. “Es una resistencia palpable, explícita”, agregó. La única vez que dejó abierta esa posibilidad hace unas semanas, puso como condición el levantamiento de todas las sanciones sobre Venezuela, un pedido que difícilmente aceptaría Estados Unidos sin avances concretos.
Aun sin el apoyo de Washington y con los intentos de exclusión de Miraflores, Machado intenta resistir. “Yo tengo la responsabilidad de dirigir el proceso de negociación”, dijo en junio, en una entrevista con la periodista Carla Angola.
En otros sectores de la oposición también reconocen su importancia. El excandidato presidencial Henrique Capriles advirtió días atrás que una negociación que excluya “a Machado, y lo que representa, está condenada a fracasar”.
Por su parte, Figuera aseguró el jueves que la líder opositora “es muy importante en este proceso” y aseguró que desde el 1 de agosto convocará “a todos los sectores democráticos”.
Su mensaje llegó luego de que el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, afirmara que Machado “puede tener un rol” en el proceso de negociación. “Cada elemento de la sociedad de Venezuela necesita estar representado y obviamente María Corina Machado representa un elemento importante”, declaró.
Para el politólogo Sucre, hubo en parte una exclusión y autoexclusión de Machado. “Hay de todo un poco. No diría que Estados Unidos dijo que no, diría que no es su opción preferencial. Sigue viendo a ese sector, como dijo (Donald) Trump el 3 de enero, que no tiene la capacidad ni el respeto necesario”, apuntó.
“Ella también se excluyó, con su equipo analizaron y vieron que perdían más de lo que ganaban, sobre todo de cara a su público”, agregó Sucre. Según explicó, la retórica dura antichavista que desplegó Machado ante los votantes durante años y la posición de liderazgo que ganó ponen ciertos límites al margen de flexibilidad para una mesa de enlace. “Es el gran problema, se ha construido como una oposición pura, prístina, sin máculas, como que todos los demás que negociaron se ensuciaron las manos. El lenguaje siempre es de urgencia de República. Frente a ese público, no podía ir a la mesa de negociación como una más”, comentó.
Por su parte, mientras la oposición espera que el proceso lleve a elecciones, en la población también hay una mezcla de apatía y desesperanza, luego de varios diálogos frustrados que no produjeron resultados.
Magdaleno indicó que ve avances, pero siempre sujeto al monitoreo para que no se estanque. “No sabemos qué puede salir de allí, qué acuerdos, a qué ritmo, a quién incluye, qué procedimientos”, repasó.
Además, explicó que aun falta mucho para considerar que en Venezuela la democracia está cerca, ya que antes “tiene que producirse el reconocimiento y restitución de ocho o nueve libertades civiles”, o la mayoría de ellas, como la libertad de prensa, de reunión y la excarcelación de presos políticos, entre otras. “Todavía no puede decirse transición a la democracia. Veremos qué pasa a partir del 1 de agosto”, añadió.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
