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En la cima de la colina de Sebastia, israelíes y palestinos luchan por la posesión del pasado y el control del presente

Desde una remota colina al norte de Nablus, la vista se extiende por la Ribera Occidental ocupada. Asentamientos israelíes, aldeas palestinas y las sinuosas carreteras y puestos de control que los conectan —y dividen—.

Dispersos entre los olivares, yacen miles de años de historia: los restos de un antiguo palacio, un teatro romano y columnas erosionadas que han sobrevivido a imperios.

Sebastia es uno de los yacimientos arqueológicos más complejos de Medio Oriente. Y en la actualidad, es un punto álgido en la disputa entre las autoridades israelíes y palestinas por la tierra, el patrimonio y la narrativa histórica.

Durante el último año, Israel ha tomado medidas para expropiar aproximadamente 202 hectáreas de tierras palestinas de propiedad privada en los alrededores de Sebastia, una pequeña aldea palestina con un rico yacimiento arqueológico.

El Gobierno destinó US$ 10 millones para convertir el sitio en una atracción turística.

La Autoridad Palestina, por su parte, se esfuerza por lograr que Sebastia sea reconocida urgentemente como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una candidatura que la organización debate este mes en Corea del Sur.

Ambas partes creen que la tierra —y su historia— les pertenece.

La historia de Sebastia se remonta al menos a 3.000 años. Los arqueólogos la identifican como la antigua Samaria, capital del reino bíblico de Israel.

Herodes el Grande la reconstruyó posteriormente, la rebautizó como Sebastia y añadió estructuras monumentales que perduraron durante los periodos romano, bizantino, árabe y de las Cruzadas.

En la localidad vecina, la tradición local también la sitúa como el lugar de sepultura de Juan el Bautista.

Hoy en día, todas estas capas están entrelazadas en el conflicto israelí-palestino, donde convergen la batalla por el territorio y la historia.

El yacimiento arqueológico de Sebastia se encuentra en la zona C de la Ribera Occidental, bajo el control civil y de seguridad israelí total según los Acuerdos de Oslo, mientras que la ciudad adyacente y su infraestructura turística se ubican en la zona B, bajo jurisdicción mixta palestino-israelí.

Esa línea divisoria preocupa cada vez más a los habitantes de la ciudad, cuya economía depende en gran medida del turismo y la agricultura.

Los lugareños afirman que ya se les ha impedido realizar trabajos básicos de conservación en las ruinas de la zona controlada por Israel. Temen que la reciente expropiación de tierras les impida por completo el acceso a estas áreas.

“Para nosotros, este lugar es nuestro corazón y nuestra memoria a la vez”, declaró Zaid Azhari, promotor turístico local. “Con esta orden de expropiación, perdemos lo que nos define: perdemos el acceso a nuestra tierra y al sitio arqueológico. No puedo imaginar Sebastia sin el yacimiento”, comentó a CNN. “Es como tener hijos: no puedes abandonar a ninguno”.

Azhari, uno de los líderes de la campaña “Salvemos Sebastia”, afirmó que la fricción con los soldados y los colonos ha dificultado la vida cotidiana durante años, y advirtió que la orden de confiscación podría paralizar la economía del pueblo, desde el turismo hasta la cosecha de aceitunas. “Si no podemos acceder a ellas, todo el ciclo económico de Sebastia quedará destruido”.

Sebastia es solo una pieza de una iniciativa más amplia. Desde 2023, el Gobierno de derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu ha invertido más de US$ 82 millones en yacimientos arqueológicos de la Ribera Occidental a través de un programa llamado “Camino, Tierra, Patrimonio”, supervisado por el ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, del partido de extrema derecha Otzma Yehudit.

El programa se centra en yacimientos con importancia histórica judía, entre ellos la Cueva de los Patriarcas de Hebrón y Herodium, el palacio fortificado en el desierto de Herodes el Grande, mientras que los yacimientos de patrimonio islámico y cristiano en las mismas zonas quedan en gran medida excluidos.

“Casi cada piedra y sitio patrimonial contiene miles de años de historia judía”, afirmó Netanyahu en mayo, cuando su Gobierno aprobó otra ronda de financiación. “Estamos invirtiendo en preservar nuestro pasado para asegurar nuestro futuro”.

Netanyahu fue más allá y propuso la creación de una “Autoridad del Patrimonio de la Ribera Occidental” que transferiría el control arqueológico de la Administración Civil militar a su propio ministerio.

Sin embargo, funcionarios israelíes informaron a CNN que Netanyahu archivó la legislación ante la preocupación por la posible reacción internacional.

Eliyahu presenta esta iniciativa como un intento de preservar y rescatar sitios patrimoniales abandonados, que, según él, han sufrido décadas de saqueo, daños y destrucción por parte de los palestinos.

“No estoy dispuesto a que la historia del pueblo judío sea destruida, desmantelada o borrada”, declaró Eliyahu a CNN, describiendo su trabajo como la restauración de la “verdadera historia” de Sebastia y otros sitios de la Ribera Occidental.

Eliyahu, conocido por haber barajado un ataque nuclear contra Gaza en 2023 como “una opción”, rechazó la premisa de que el territorio en cuestión sea palestino. “Es territorio israelí. Pertenece al pueblo judío”, afirmó. “Los hechos son irrefutables. ¿Acaso pretenden que permitamos que borren nuestra herencia? Esta es la tierra de nuestros antepasados”.

Los grupos de vigilancia israelíes cuentan una historia diferente.

“El único interés del Gobierno es el patrimonio judío, borrando miles de años de existencia humana en esta zona”, declaró Alon Arad, director de la organización israelí Emek Shaveh, que realiza un seguimiento de la arqueología en la Ribera Occidental.

Arad sostiene que la política no se centra tanto en la preservación como en el control territorial. “A Eliyahu no le importan las antigüedades. Quiere la anexión. Las antigüedades son solo una excusa, parte de un proceso mucho más serio, que crea una correlación entre patrimonio y soberanía”, declaró a CNN. “La arqueología se utiliza como una herramienta”.

Desestimó las afirmaciones de Eliyahu sobre el abandono sistemático de las antigüedades por parte de los palestinos, calificándolas de “argumento sumamente cínico”, y afirmó que no existen datos que las respalden.

La Autoridad Palestina está presionando para que Sebastia pase de la lista provisional de la UNESCO, donde figura desde 2012, a la lista definitiva del Patrimonio Mundial, y Arad espera que la inscripción en la UNESCO pueda frenar nuevas acciones israelíes.

Por su parte, Eliyahu afirmó: “La UNESCO puede decir lo que quiera. Si intenta ir en contra de la verdad e inventar narrativas, no lo conseguirá”.

La Ribera Occidental alberga miles de yacimientos arqueológicos —las estimaciones varían entre 2.600 y hasta 6.000—, lo que refleja su larga historia como encrucijada de civilizaciones.

Sebastia es un ejemplo de una lucha que no solo gira en torno al pasado, sino también al presente y al futuro del territorio y de las personas que viven cerca de sus piedras históricas.

The-CNN-Wire
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In record heat, a warming world has come to rely on China to stay cool

Hong Kong (CNN) — With wildfires blazing and temperatures hitting record highs in Europe, one China-made product has never been hotter: air-conditioners.Europeans, who have been slower to adopt AC than those living in other parts of the world, are lining up outside stores and driving long distances in the hopes of securing an AC unit as blistering summer temperatures in some areas surge past 100 degrees Fahrenheit.Major Chinese brands Midea, Gree and Haier are reporting AC higher sales overseas, just as leaders in countries such as France, Germany and Belgium are threatening to impose tariffs on Chinese imports, which they say are damaging their own industries.While air conditioning accounts for a small portion of Chinese exports to the EU, China has seized on the surge in sales as evidence that European consumers need Chinese products.A column recently published by the official state-run news agency Xinhua criticized European policymakers for ignoring the needs of consumers, titled: “The air conditioner paradox: Europe is too hot for tariffs on China.”“Blocking Chinese ACs won’t fix Europe’s problems –– it will only make life harder for ordinary people,” the author of the op-ed wrote.The EU and China will hold discussions over the next few months to address the record trade imbalance of nearly 360 billion euros, or about $406 billion, as of last year. The gap has widened in recent years as China has ramped up exports, particularly of electric and hybrid cars that threaten to displace Europe’s biggest auto brands.“It makes trade negotiations extremely difficult,” said Cameron Johnson, a supply chain expert and senior partner at Tidalwave Solutions, a Shanghai-based consultancy.“If you’re a government, you cannot tell people, ‘Sorry, you can’t have air conditioning because we don’t want Chinese overcapacity.’”‘Too hot for tariffs’Other parts of the world have come to rely on China for air conditioning as well. In the US, where “heat domes” have led to extreme heat warnings in the south and central regions, Chinese brands account for 50% of the market, according to Euromonitor International, a market intelligence company. Globally, that figure reached 65% last year, the firm said.Veronika Kandusova, global insight manager for consumer appliances at Euromonitor International, expects that proportion to increase alongside global temperatures. Chinese brands were able to capitalize on high demand this year, especially in Europe, thanks to flexible supply chains that can rapidly develop new, localized products.European consumers have lagged behind the rest of the world in adopting AC, due to high energy costs, expensive installation fees and restrictions on retrofitting the continent’s older buildings. In the past, summers have not been hot enough to justify the trouble for most homes.The climate crisis is now changing that.Midea Group, one of China’s largest home appliance brands, designed its PortaSplitAC unit specifically for Europe by making it portable, quiet and low enough to keep from blocking European windows. The model has sold more than 200,000 units this year, doubling year-on-year, the company said.“European home appliance markets, long dominated by Bosch, Electrolux, Miele, and other established Western brands by default, are opening competitive gaps that Chinese companies are structurally positioned to fill,” the research firm EqualOcean wrote in a blog post last month. “Midea’s PortaSplit is the product that crystallizes the shift.”Those advantages translate to many other industries that could give China more sway in global trade, said Johnson of Tidalwave Solutions.“This is just the beginning,” he said. “As inflation starts to gain hold in Europe and in the States, people don’t want to pay more for products. So what do you do? Well, you have to have some Chinese stuff.”Jens Eskelund, president of the European Union Chamber of Commerce in China, said that European countries are more focused on addressing specific strategic segments and Chinese industrial policies than broadly inhibiting Chinese imports.“The EU is neither looking for complete balance — in the sense that every euro of goods imported must correspond to a euro of goods exported — nor to reduce its reliance on China for more widely available household appliances,” he said.Seeking hotter marketsChina also needs new markets like Europe. Facing a housing slump and declining consumption at home, China has ramped up exports to other nations to buttress slowing economic growth. China ended last year with a record trade surplus of $1.2 trillion.Even with rising exports, China’s reported second-quarter GDP was the lowest in more than three years.Much of China’s recent export strength is driven by high-tech goods like batteries, electric cars and solar. These have become known as the “new three” categories for export growth, as the “old three” –– clothing, furniture, and home appliances –– have tapered.As its summers grow hotter, Europe offers Chinese appliance makers a potential renaissance.Europe has the world’s lowest penetration rates for air conditioning, said Denis Depoux, global managing director at the consultancy Roland Berger, averaging about 20%. That’s compared to 90% penetration in the US, where Chinese exports would also face tariffs.“Europe is the prize,” he said. “If I am a Chinese manufacturer of air conditioning units, Europe is a very attractive market. It’s growing demand, it’s new, it’s affluent, margins are higher.”According to Chinese media, some regions like China’s eastern Shandong province have received government support to boost manufacturing of cooling products and other home appliances this year.Korean and Japanese appliance makers are also benefiting from booming European demand. Meanwhile, University of Michigan economics professor Chris Douglas argued in an op-ed this month that the state of Michigan should manufacture air conditioners for Europe.However, the seasonal nature of cooling demand will limit market opportunities as temperatures eventually ease.“In two months people will have forgotten that air conditioning was needed during the summer, but it will come again,” Depoux said. “Is it a meaningful, sustainable opportunity? I’m not so sure.”One sourcing agent in China was already encouraging retailers to stock up for next year, in a marketing video published to WeChat, China’s popular social messaging app, titled, “Europe’s AC Gold Rush! Print Cash From The Heatwave.”“Secure your market position before the 2027 madness begins,” she said, twirling and pointing to a room full of portable fans and coolers.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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