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¿Destino o coincidencia? Estas son las señales que ilusionan a España y Argentina

Qué sería del fútbol sin supersticiones, místicas y cábalas. Si hasta cierto entrenador subcampeón del mundo con Francia armaba el equipo con base en la carta astral de sus jugadores. Y bueno, qué vamos a hablarle de cábalas a los argentinos, si el seleccionado campeón del mundo en 1986 estaba lleno de ellas, desde canciones que sonaban en el micro rumbo al estadio hasta repetir a los policías de custodio.

Estas cábalas, o costumbres, como las llamaba Carlos Salvador Bilardo, no han pasado de moda, pero sí han perdido protagonismo ante las llamadas “señales místicas”, las mismas que dieron origen al “elijo creer” que acompañó a Argentina rumbo al título en el Mundial 2022. Se trata, a fin de cuentas, de coincidencias, “señales” de que algo bueno que pasó se puede repetir.

Y a horas de que España y Argentina jueguen mano a mano por la Copa del Mundo, no han faltado los que, rápidos de mente y memoria, encontraron las señales que alimentan la ilusión en España y Argentina.

El caso español resulta algo más sencillo de detectar, porque ganó solo un Mundial, el de 2010. Y, como en 2010, España llega a la final del torneo en 2026 después de que Francia sea subcampeón en la edición anterior. En la final de 2006, los galos perdieron ante Italia por penales, y en 2022, ante Argentina también por la vía de los 12 pasos.

Otra coincidencia que detectaron los españoles es que volvieron a caer en el Grupo H, el mismo que disputaron en 2010, luego de tres mundiales seguidos cayendo en otra zona. Y como en 2010, la Roja no empezó bien su camino: aquella vez perdió ante Suiza y en esta empató ante Cabo Verde.

La señal que muchos vienen repitiendo desde diciembre es la más obvia: el Mundial de 2010 y el de 2026 comenzaron un 11 de junio, y en ambos el partido inaugural fue un México vs. Sudáfrica. Eso alimentó la ilusión de una selección que, al igual que en 2010, llegaba como vigente campeona de la Eurocopa.

A los españoles tampoco se les pasó por alto el “nadaplete” del Real Madrid en 2010 y 2026, ni el hecho de que al igual que hace 16 años el Merengue haya presentado a un tal José Mourinho para encauzar el barco a la deriva.

Argentina esta vez llegaba con menos “señales” positivas que en 2022, pero las redes se inundaron de ellas durante la semifinal ante Inglaterra. Una imagen en particular desató la ilusión (por si algún argentino algo perdido no se había ilusionado todavía): Argentina caía 1-0 ante Inglaterra y el DT Lionel Scaloni decidió hacer tres cambios a la vez: ingresarían Nicolás Otamendi, Rodrigo De Paul y Gonzalo Montiel. El momento divino llego a la hora de que los tres quedaran de espaldas a la cámara alineados para entrar, mostrando los números de camiseta: el 19, el 7 y el 4. El domingo 19 del mes 7 se jugará la final, donde la Albiceleste buscará su estrella número 4. Una triple coincidencia que nadie dejó pasar.

Así como en España el partido debut del Mundial despertó ilusión meses antes del torneo, en Argentina lo hizo la presencia de Canadá, que solo participó otras dos veces en la Copa del Mundo: en 1986 y en 2022, y en ambas la Albiceleste se coronó campeón.

Otras señales varias tienen como protagonista a Lionel Messi. La más curiosa de todas es el hecho de que el capitán ya salió campeón con Argentina el 10 de julio de 2021 (Copa América), el 18 de diciembre de 2022 (Mundial de Qatar) y el 15 de julio de 2024 (Copa América). El 10, el 18 y el 15 ya han lucido en la espalda de Messi con la Albiceleste. ¿Saben cuál es el cuarto número que usó? El 19. ¿Cerrará el circulo el domingo 19 de julio en Nueva Jersey?

Los argentinos destacan también los 12 años de espera para la revancha tras la final perdida en 2014, algo que vivieron otros tres campeones del mundo: Italia en 2006 tras perder en 1994, Alemania en 2014 tras perder en 2002 y Francia en 2018 tras perder en 2006).

Poco de esto realmente importara el domingo, aunque el aura de las coincidencias seguro empuje la ilusión de la afición y quizás de algunos jugadores. Porque como dice un proverbio bastante utilizado en el cono sur: “Yo no creo en las brujas, pero, que las hay, las hay”.

The-CNN-Wire
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Los brotes de Cyclospora comienzan con la contaminación humana, pero nadie ha logrado averiguar cómo

Mientras los casos de diarrea explosiva siguen aumentando en Estados Unidos este verano, las autoridades de salud se enfrentan a una pregunta recurrente sobre el diminuto parásito responsable de todo este sufrimiento: ¿cómo es posible que las heces lleguen a nuestros alimentos?La espantosa verdad sobre la ciclosporiasis es que los humanos son su única fuente. Solo se ha encontrado en heces humanas. Así que, si está en nuestra comida o agua, “no hace falta ser un científico o un microbiólogo para darse cuenta”, dijo el Dr. Mark Moorman, quien se jubiló recientemente como director de la Oficina de Seguridad Alimentaria de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). “Los humanos son la fuente”.Y aquí hay otro aspecto inquietante de la ciclosporiasis: los investigadores nunca han identificado de forma definitiva la causa de un brote.En varios casos, se han encontrado indicios sólidos que vinculan la Cyclospora con el cultivo o procesamiento de productos agrícolas, pero aún no se ha identificado cómo las heces ingresan al sistema agrícola.Sin embargo, esa pregunta se vuelve más apremiante a medida que Estados Unidos enfrenta su mayor número de casos de Cyclospora registrado, que ha aumentado a más de 11.500 casos confirmados y sospechosos en 41 estados, según los CDC.Se trata de casos adquiridos en Estados Unidos, no durante viajes al extranjero, lo que hace que este año sea inusual.“Por lo general, solo vemos entre 2.000 y 4.000 al año, así que este es un aumento considerable”, dijo el Dr. Keith Schneider, profesor de seguridad alimentaria en la Universidad de Florida. En general, alrededor de 1 de cada 5 se contrae durante viajes internacionales.Los casos de Cyclospora tienden a aumentar durante el verano. Este año, la FDA ha iniciado investigaciones sobre seis brotes. El mayor es un brote en nueve estados del Medio Oeste que se cree está vinculado a lechuga iceberg cultivada en México. La FDA anunció recientemente que investiga otro grupo de 72 casos relacionados que aún no tiene una fuente conocida.“No hemos visto nada como esto”, dijo la Dra. Kali Kniel, profesora de seguridad alimentaria microbiana en la Universidad de Delaware. Por lo general, Estados Unidos podría investigar uno o dos brotes de ciclosporiasis al año. “Creo que estamos ante un año inusual, con múltiples brotes simultáneos”.Muchas veces, estas investigaciones se cierran sin —digamos— pistas sólidas.“Simplemente no tenemos muchos casos de éxito que nos permitan decir: ‘¡Ah, lo tenemos, la prueba irrefutable!’”, afirmó Moorman.En 2013, por ejemplo, una investigación de la FDA sobre un brote de ciclosporiasis vinculado a una mezcla de ensalada procesada por Taylor Farms de México no logró encontrar el parásito en sus pruebas, pero señaló que los registros médicos de los trabajadores de cosecha mostraban que habían tomado medicamentos antidiarreicos o los antibióticos combinados que se usan para tratar la ciclosporiasis. No obstante, esos medicamentos también pueden usarse por otras razones, y no se registraron diagnósticos en los registros que fueron inspeccionados por la FDA.Los brotes de Cyclospora son difíciles de investigar, en gran parte por el propio parásito. Las personas que ingieren comida o agua contaminadas no se enferman de inmediato. Puede tardar hasta dos semanas en comenzar los cólicos, las náuseas, la diarrea acuosa y la hinchazón. Para cuando las personas se dan cuenta de que sus síntomas no desaparecen y buscan atención médica, pueden haber transcurrido entre tres semanas y un mes desde la exposición.Las pruebas de laboratorio de una muestra de heces para confirmar la enfermedad también requieren tiempo. Luego, el caso debe reportarse al departamento de salud local, que debe contactar a la persona para entrevistarla sobre a qué pudo haber estado expuesta.A la mayoría de las personas les cuesta recordar lo que desayunaron, mucho más lo que pudieron haber comido un mes antes. Por eso, los investigadores suelen recurrir a registros electrónicos de tarjetas de fidelidad y estados de cuenta bancarios para reconstruir lo sucedido. Luego deben analizar todos esos datos en busca de una exposición común.Este verano, la lechuga iceberg destacó como el sospechoso más probable en el mayor brote, pero varios otros conglomerados aún no tienen una fuente sospechada.La mayor parte de este trabajo la realizan los departamentos de salud estatales, y en el caso de un brote multiestatal como este, los departamentos de salud estatales trabajan en conjunto con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EE.UU.Una vez que los CDC tienen la certeza de que sus datos apuntan a una fuente, los expertos de la agencia transfieren la investigación a la FDA. La FDA rastrea los alimentos hasta el proveedor y, finalmente, hasta las granjas que los cultivaron. Un equipo realizará una evaluación ambiental, en la que los investigadores recorrerán una granja y tomarán miles de muestras de suelo, agua y productos agrícolas para su análisis.Sin embargo, para cuando los inspectores de la FDA llegan a la granja, el brote generalmente ya ha terminado.“Todo ese tiempo es realmente complicado”, dijo la Dra. Kali Kniel, profesora de seguridad alimentaria microbiana en la Universidad de Delaware.“Para cuando se realiza esa evaluación, estos productos con fecha de caducidad ya no se cultivan ni se cosechan en ningún lugar”, dijo Kniel, quien imparte una clase sobre investigación de brotes.Es raro que las pruebas de laboratorio detecten parásitos de Cyclospora en el medio ambiente. No obstante, los detectaron en 2020, durante una investigación sobre los kits de ensalada envasados ​​de Fresh Express, que se vincularon a más de 700 casos de ciclosporiasis en 14 estados ese verano.Muchos expertos en seguridad alimentaria consideran que estas detecciones fueron lo más cerca que se ha estado de identificar el origen de un brote.“Es lo más cerca que conozco de tener una pista, y fue donde encontramos el patógeno de Cyclospora en el agua de un canal”, dijo Moorman, quien supervisó la investigación para la FDA.Los kits de ensalada Fresh Express contenían lechuga iceberg, zanahorias y col morada, lo que llevó a investigaciones en múltiples granjas que cultivaban las verduras. Con el tiempo, la FDA realizó una evaluación ambiental completa en una granja de Florida que cultivaba col morada para la mezcla. Las pruebas de la agencia identificaron Cyclospora en dos muestras tomadas de un canal que la granja usaba para riego.Sin embargo, las pruebas de laboratorio para detectar Cyclospora son complejas, como reconoció la FDA en una carta de advertencia a Fresh Express.“Dada la naturaleza emergente de las metodologías de tipificación genética para este parásito, la FDA no ha podido determinar de manera concluyente si la Cyclospora detectada en el canal es la causa de este brote”, escribió el personal de la agencia.“No obstante, el agua y el suelo contaminados con materia fecal pueden actuar como vehículo de transmisión de la infección por C. cayetanensis”, afirmó la FDA.Fresh Express no respondió a la solicitud de comentarios de CNN sobre las pruebas de la FDA.Incluso con los resultados de las pruebas, dijo Moorman, nunca pudieron determinar cómo las heces llegaron al canal en primer lugar.La mayoría de los expertos creen que el agua contaminada con Cyclospora es el vehículo que introduce el parásito en los productos agrícolas.“El agua es lo número uno”, dijo la doctora Jennifer McEntire, microbióloga que asesora a empresas de alimentos sobre sus prácticas de seguridad. “Ahora bien, cómo se contamina esa agua con material fecal humano es otra cuestión”.No es probable que alguien esté usando el baño directamente en el agua de riego, dice McEntire, pero la contaminación no intencional del agua podría ser un factor.La mayoría de las granjas proporciona baños portátiles o remolques con baños a los trabajadores en los campos. ¿Podrían los desechos vaciados de esos terminar en el canal? ¿Se filtró o se rompió una fosa séptica en el área, lo que permitió que los desechos se filtraran? ¿Las fuertes lluvias hicieron que un sistema de alcantarillado se desbordara?McEntire dijo que es posible que trabajadores enfermos propaguen el parásito al manipular alimentos, pero cree que eso es menos probable.Le resulta difícil imaginar que una persona enferma, o incluso un equipo de cosecha, pueda contaminar tantos productos como para enfermar a tantas personas, dijo.“Pero esa es la otra vía, una vía ligeramente más directa, que vuelve a las propias personas en lugar del agua”.Moorman consideró que había pruebas suficientes para instar a los miembros de la Asociación de Frutas y Verduras de Florida a hacer más pruebas del agua de riego y de los productos durante la temporada de cultivo.Pero eso era todo lo que podía hacer.No hay ninguna ley o norma que obligue a las granjas a analizar el agua de riego o los productos para detectar Cyclospora, dijo Moorman.“Es voluntario”, dijo. Salvo contadas excepciones, “no tenemos esas facultades en la FDA”.Las grandes empresas que compran productos, como Kroger, Food Lion o Costco, podrían exigir a sus proveedores que lo analicen, dijo, y eso podría ayudar a prevenir brotes.El Gobierno también podría aprobar leyes para exigir pruebas de Cyclospora y podría asignar más fondos a la investigación de este parásito y de la infección que causa.Por su parte, Kniel, en la Universidad de Delaware, dice que simplemente se alegra de que la gente por fin preste atención.“De hecho, cada año, cuando hay 2.000 casos, me pregunto: ‘¿Por qué a nadie le importa? ¿Por qué no hablamos de ello?’”The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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