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El nuevo Air Force One acaba de sufrir una gran actualización… y un nuevo aumento de precio

El proyecto del Air Force One, que se ha convertido en un pozo sin fondo para Boeing, acaba de hundirse un poco más.

La compañía afirmó que está realizando un esfuerzo considerable para lograr la entrega del primero de los dos aviones presidenciales, con cuatro años de retraso y un costo de miles de millones de dólares por encima de lo prometido inicialmente.

Este martes, el CEO Kelly Ortberg comunicó a los empleados, a través de un correo electrónico interno, que la empresa está destinando “recursos significativos” para entregar los aviones 747-8 —profundamente modificados— para el año 2028. Este incremento de recursos para la producción y certificación del programa Air Force One le costó a Boeing US$ 280 millones adicionales el trimestre pasado, según anunció la compañía en su informe financiero trimestral.

Los sobrecostos del programa ya han superado los US$ 3.100 millones. Boeing ha aceptado asumir esa factura.

El presidente Donald Trump ha mostrado un interés especial en los nuevos aviones Air Force One. En 2018, convenció al entonces CEO de Boeing, Dave Calhoun, para que firmara un contrato gubernamental que limitaba el costo para el contribuyente estadounidense a US$ 3.900 millones. Desde entonces, dicho contrato ha sido modificado, elevando el precio a unos US$ 4.500 millones para incluir repuestos y otros elementos.

En los últimos seis años, los aviones han resultado ser considerablemente más costosos de lo que Boeing había previsto. La compañía ha citado diversas razones para estos enormes sobrecostos, entre ellas cambios en el diseño de ingeniería relacionados con el cableado y otros requisitos estructurales, retrasos en el cronograma, problemas de rendimiento de un proveedor clave e ineficiencias de ingeniería derivadas de la pandemia.

  • 2026: US$ 280 millones
  • 2025: US$ 60 millones
  • 2024: US$ 379 millones
  • 2023: US$ 482 millones
  • 2022: US$ 1.450 millones
  • 2021: US$ 318 millones
  • 2020: US$ 168 millones

Harto de los retrasos, el año pasado Trump aceptó un avión 747 donado por Qatar para que sirviera como Air Force One, una vez que las Fuerzas Armadas estadounidenses le incorporaron medidas de seguridad. Aunque comenzó a utilizarlo, Trump ha reconocido que la aeronave qatarí carece de las características de seguridad de los aviones actuales y futuros contratados por el Gobierno para desempeñar la función de Air Force One.

Trump viajó en el avión donado por Qatar a una cumbre de la OTAN en Turquía a principios de este mes, pero regresó inesperadamente a casa en el antiguo Air Force One debido a preocupaciones de seguridad.

Los aviones presidenciales actuales han estado en servicio desde 1990, y fueron utilizados por primera vez durante el Gobierno de George H. W. Bush. Su operación y mantenimiento se volvieron tan costosos que, en 2015, el Gobierno determinó que era necesario reemplazarlos.

Sin embargo, Trump se involucró personalmente en el contrato para los nuevos aviones antes de iniciar su primer mandato. En una publicación en redes sociales de diciembre de 2016, amenazó con cancelar el pedido debido al elevado costo de diseño de las aeronaves.

En 2022, el CEO Calhoun calificó el proyecto de los aviones y la negociación con Trump como algo “único”, pero señaló que el acuerdo era arriesgado y que Boeing no debería haberlo firmado.

Las enormes pérdidas vinculadas al programa Air Force One coincidieron con otros problemas financieros significativos para el fabricante de aviones.

Cuando Boeing renegoció el contrato del Air Force One, acababa de reactivar su programa 737 Max tras dos accidentes mortales que mantuvieron en tierra a toda la flota de esos aviones durante 20 meses. Además, en enero de 2024, el desprendimiento de un panel de fuselaje (door plug) en un Boeing 737 Max provocó más retrasos en la producción, un mayor escrutinio regulatorio y pérdidas financieras.

Este martes, Boeing registró una pérdida de US$ 428 millones en el segundo trimestre, que se sumó a la pérdida de US$ 7 millones del primero. Si bien la pérdida trimestral fue ligeramente menor que la del mismo trimestre de 2025, el balance de la empresa sigue mostrando números rojos.

The-CNN-Wire
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Fue primera dama a los 19 años. Ahora, Keiko Fujimori llega a la presidencia de Perú en su cuarto intento

Ciudad de Miami, 9 de diciembre de 1994: con solo 19 años, Keiko Fujimori participó en la foto oficial de la primera Cumbre de las Américas, junto a mandatarios latinoamericanos y sus anfitriones, el entonces presidente de EE.UU. Bill Clinton y su esposa y primera dama, Hilary.Vestida de negro, tímida y nerviosa frente a las cámaras del brazo de su padre, el entonces presidente Alberto Fujimori, la joven debutó de esta manera en un evento internacional como primera dama del Perú.“He estado 31 años bajo el ojo público”, aseguró Fujimori tiempo atrás con una sonrisa, recordando esa época durante una entrevista para un medio local.Keiko asumió el papel de primera dama luego de que su madre, la difunta Susana Higuchi, se separara de su padre tras denunciar públicamente corrupción en su Gobierno con el manejo de donaciones internacionales. Este rol marcó el inicio de su vida política hasta convertirla en la heredera del fujimorismo y persistente candidata a la presidencia.En junio, a sus 51 años, la hija mayor del fallecido expresidente de Perú logró en su cuarto intento llegar al sillón presidencial, pese a tres derrotas consecutivas: en 2011, frente a Ollanta Humala, en 2016, frente a Pedro Pablo Kuczynski, y en 2021, frente al izquierdista Pedro Castillo, este último caso por una diferencia de aproximadamente 44.000 votos.Mientras los peruanos viven en un constante estado de crisis política e institucional que ha resultado en ocho presidentes en los últimos diez años, exacerbado por escándalos de corrupción y una creciente criminalidad e inseguridad, Fujimori insistió en que ofrece la mejor alternativa para devolver la seguridad a los peruanos y rescatar al país.“Necesitamos orden, orden para vivir, orden para invertir, orden para trabajar”, reiteró la líder conservadora durante el debate presidencial frente al candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez.“Yo sé que esta elección no es acerca de mí, sino del tipo de gobierno y el rumbo que queremos para los próximos cinco años. O queremos el caos y el desorden, o recuperamos el orden y trabajamos por el futuro de nuestro país”, agregó Fujimori.La heredera del fujimorismo se convirtió en congresista en el 2006, fundó Fuerza Popular y pasó 13 meses en prisión al ser investigada por corrupción y presuntamente haber recibido dinero de la empresa constructora Odebrecht para financiar sus campañas presidenciales, algo que ella ha rechazado reiteradamente. En enero de 2025, una corte declaró nulo el proceso en su contra. Fujimori asegura que vivió diez años de persecución política.Luego de la dramática segunda vuelta frente al expresidente Pedro Castillo en 2021, con acusaciones que incluyeron denuncias de irregularidades en la votación, Keiko ha tenido que admitir errores en su trayectoria política al tratar de convencer al electorado.“Sé que a lo largo de mi vida política he cometido errores. De ellos aprendí, pero me levanté además con mucha más fuerza”, aseguró, dirigiéndose a los peruanos al finalizar el último debate presidencial.Durante esta campaña, la candidata de derecha ha tratado de proyectar una imagen más reservada, calmada y con posiciones menos extremistas. “Es verdad que fuimos confrontacionales y eso lo hemos corregido”, aseguró en una entrevista.“Ha hecho un esfuerzo más calculado para sacarse de encima esa imagen de una persona que solamente estaba tratando de luchar contra el comunismo y todo lo demás, que fue un error fundamental en el 2021, porque ella encuadró su campaña entre la lucha contra el comunismo o la defensa de la democracia”, explicó a CNN Julio Carrión, profesor de ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad de Delaware y experto en política peruana, refiriéndose a la segunda vuelta del 2021 frente al izquierdista Castillo.Luego de la primera vuelta del 2026, Fujimori no se sumó inmediatamente a las acusaciones de un supuesto fraude en la votación impulsadas por el candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, como algunos esperaban.El complejo legado de Alberto Fujimori ha dividido al Perú por décadas y activado el voto antifujimorista durante los previos intentos de su heredera, en los que se la vio como una continuación de un régimen autoritario y riesgoso para instituciones democráticas independientes.Fujimori padre fue presidente entre el 1990 y 2000. Su Gobierno sacó al país del borde del colapso económico y derrotó a los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA, en un conflicto interno que dejó más de 60.000 muertos de acuerdo con una comisión de verdad y reconciliación.Pero su régimen estuvo plagado de denuncias de violaciones de derechos humanos y corrupción, por las que fue condenado décadas después. Enfrentó cuatro procesos judiciales y uno de ellos ordenó una sentencia de 25 años de cárcel en 2009, por los delitos de homicidio calificado y lesiones por los casos de Barrios Altos y La Cantuta. El expresidente murió en el 2024 luego de varias batallas legales y controversia pública para lograr su indulto debido a su estado de salud.Con el lema “Keiko no va”, colectivos ciudadanos, estudiantes y organizaciones de derechos humanos realizaron marchas en el centro de Lima, tal como en campañas anteriores.Pero el voto antifujimorista no se muestra hasta ahora tan significativo en las nuevas generaciones, sobre todo aquellos que vinieron luego de que el expresidente fuera removido del poder en el año 2000, resalta Carrión.Otro factor que podría haber beneficiado a Fujimori esta vez es que su oponente, Roberto Sánchez, trató de identificarse con la imagen que Castillo proyectó - incluyendo su famoso sombrero- pero parece no haberlo logrado. “No tiene el atractivo identitario, no tiene la imagen de candidato novedoso y de candidato del pueblo que Castillo tenía en 2021”, explicó Carrión.Pero, para sus críticos, Fujimori comparte una responsabilidad y peso por la inestabilidad política y corrupción que ha vivido el país en los últimos años.Como líder de Fuerza Popular, el partido con mayoría en el último Congreso, Fujimori es acusada de gobernar el país a través de su bancada, mermando la autonomía del ejecutivo, interfiriendo en instituciones independientes, promoviendo leyes que protegen ciertos intereses como las denominadas leyes pro-crimen, provocando la vacancia de previos presidentes o protegiendo a otros. Un informe de Human Rights Watch (HRW) encontró que los parlamentarios, “en lugar de fortalecer las instituciones públicas”, debilitaron el marco jurídico e independencia de jueces y fiscales, facilitando la expansión del crimen organizado. Según HRW, la mayoría de los congresistas han estado dominados por “intereses personales y la búsqueda del beneficio propio”.“Su partido y ella están asociados a lo que ha pasado en el Perú en los últimos tres o cuatro años, desde Dina Boluarte hasta ahora. Entonces eso es un peso que tiene que cargar”, dijo Carrión.Este peso y responsabilidad, que también cargaron otros candidatos durante este proceso electoral, provocó el rechazo y hartazgo del electorado y se reflejó en los resultados de la primera vuelta, donde ningún candidato de una larga lista de 35 obtuvo más de un 20% de los votos.Quienes decidieron por apoyar a Keiko en su cuarto intento aseguran que esta vez está mejor preparada y posicionada para convocar a un equipo de Gobierno que reestablezca la confianza de los inversores que el país necesita.“La señora Fujimori, con la que uno puede tener dudas o también discrepancias, se ha comprometido a respetar la Constitución, se ha comprometido a gobernar el plazo que la ley manda, propone una economía de mercado, convocar a la inversión privada, respetar las libertades y se ha comprometido a atender una agenda, una enorme agenda social y una deuda social que está absolutamente pendiente en el Perú”, dijo a CNN Rafael Belaúnde, excandidato presidencial en la primera vuelta con el movimiento Libertad Popular.Belaúnde asegura que decidió respaldar a la líder de Fuerza Popular y unirse su equipo técnico luego de observar a una Fujimori más sólida que hace cinco años y frente lo que llama “el peligro que representa Sánchez para la economía y su efecto en las futuras generaciones”.Así, entre apoyos, críticas y un escenario caldeado en Perú, Keiko Fujimori consiguió finalmente el retorno del fujimorismo al sillón presidencial.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. 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