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Trump sacude la economía y le complica aún más el panorama electoral al Partido Republicano

La respuesta del Partido Republicano a las preguntas sobre las persistentes dificultades económicas de cara a las elecciones de mitad de mandato de 2026 se reduce ahora, básicamente, a esto: un sustantivo, un verbo y “Joe Biden”.

Pero el presidente Donald Trump no deja de socavar esta estrategia de culpar a Biden y de generarle nuevos y grandes dolores de cabeza a su partido.

Ha tomado varias medidas que sacuden la economía y que ponen en riesgo las aspiraciones del Partido Republicano para 2026, al tiempo que vinculan directamente con él y con su partido el estado de la economía.

En los últimos días, Trump redobló su apuesta por un “Día D económico” total contra Irán, que podría prolongarse hasta las últimas semanas antes de las elecciones; anunció una importante intervención en el mercado de la carne de res, que podría perjudicar a la industria nacional; y ahora inició lo que parece ser una verdadera guerra comercial con Canadá.

Las tres medidas parecen estar generando preocupación, al menos entre algunos miembros de su partido, por las consecuencias que podrían tener para las elecciones de 2026.

Y las dos últimas podrían causarle problemas al Partido Republicano en algunos estados clave con contiendas decisivas por el Senado.

La gran pregunta sobre la estrategia con Irán es: ¿realmente es una buena estrategia o es simplemente la única que le queda al Gobierno de Trump después de que los ataques militares no lograran obligar a Irán a capitular?

En cualquier caso, es una estrategia que probablemente acerque peligrosamente la guerra y sus efectos perjudiciales sobre la economía de EE.UU. —léase: gasolina a US$ 4 por galón— al momento en que los estadounidenses acudirán a las urnas. Faltan apenas 71 días para las elecciones y hará falta tiempo para determinar si la presión económica total sobre Irán dará resultados.

Y esta es una guerra que el Gobierno de Trump pronosticó que duraría entre cuatro y seis semanas cuando comenzó a finales de febrero. Todo esto ha provocado un creciente descontento e incertidumbre entre los republicanos ante la posibilidad de que una guerra prolongada ponga en peligro sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado.

A esa ansiedad política se suman otras dos medidas económicas recientes de Trump que podrían tener un peso considerable en algunos estados importantes.

Primero llegó la decisión de Trump de intentar aliviar los altos precios de la carne de res mediante la suspensión temporal de los aranceles a las importaciones de ese producto y permitir la importación, libre de aranceles, de hasta 300.000 toneladas métricas de carne molida de res durante los próximos 90 días.

La medida ha sido duramente criticada por los productores ganaderos de EE.UU.. También ha recibido críticas de senadores republicanos de algunos de los principales estados productores de ganado, cuyas industrias podrían verse perjudicadas. Y algunos de esos estados tienen contiendas clave por el Senado.

Los dos principales estados productores de ganado son Nebraska y Texas, y ambos tienen importantes contiendas por el Senado en 2026. El senador republicano por Nebraska Pete Ricketts, quien se enfrenta al independiente Dan Osborn en noviembre, publicó en X: “Inundar el mercado con carne de res de menor calidad perjudica a los agricultores y ganaderos de Nebraska”.

Iowa está entre los 10 principales estados en esa categoría y también tiene este año una competitiva contienda por un escaño abierto en el Senado. Allí, el senador republicano Chuck Grassley dijo estar “preocupado por los mercados ganaderos” y mencionó el reciente cierre de una planta de carne de res de Tyson justo al otro lado de la frontera entre Iowa e Illinois, en Joslin, Illinois. Y la representante Ashley Hinson, candidata republicana al escaño abierto por el Senado en el estado, añadió: “Quiero bajar los precios, pero esta es una mala idea”.

Y quizás la nueva medida de Trump que menos entusiasma a los republicanos sea el aumento de los aranceles al 50 % sobre los productos canadienses. Esto plantea el riesgo de una intensa guerra comercial con el vecino del norte de EE.UU. que podría elevar los precios en un momento muy inoportuno para el Partido Republicano.

También podría hacer subir aún más los precios en algunos estados donde a los republicanos les interesa especialmente mantener satisfechos a los votantes, es decir, en más estados con contiendas clave por el Senado que limitan con Canadá y mantienen un intenso intercambio comercial con ese país. De hecho, cuatro de los seis estados cuyas contiendas son consideradas reñidas por el Cook Political Report limitan con Canadá: Alaska, Maine, Michigan y Ohio.

Susan Collins, de Maine, la única senadora republicana que busca la reelección en un estado que Trump perdió en 2024 y, por tanto, uno de los principales objetivos de los demócratas, dijo el sábado que los aranceles “aumentarán los costos para las familias de Maine” y que los bruscos cambios en las negociaciones comerciales están generando “mayores costos, riesgos e incertidumbre para las empresas de Maine”.

El líder de la mayoría del Senado, John Thune, dijo el mes pasado, cuando le preguntaron por los posibles aranceles del 50 % a Canadá, que “en general, no soy un gran partidario de los aranceles” y señaló que no había visto una “justificación” para imponerlos.

Pero, más allá del impacto en estados específicos, estas medidas ponen en peligro el mensaje económico más amplio del Partido Republicano: intentar trasladarle la responsabilidad a Biden.

Ha quedado más que claro que el argumento habitual del Partido Republicano ante las preguntas sobre la persistente inflación y las débiles cifras de empleo consiste en señalar al Gobierno de Biden y los efectos que aún perduran de su supuesta mala gestión económica. La inflación alcanzó niveles aún más altos durante el mandato de Biden (y lo mismo ocurrió en todo el mundo durante la pandemia de covid-19).

La estrategia del Gobierno de Trump de culpar de los problemas económicos al expresidente se remonta al año pasado. Pero se ha vuelto mucho más evidente, tanto por la frecuencia con la que se utiliza como por el largo tiempo transcurrido desde que Biden dejó la presidencia: ya más de 19 meses.

Pero Trump ya había debilitado ese mensaje al lanzar sus aranceles globales a comienzos de su segundo mandato y, posteriormente, la guerra con Irán en febrero: dos medidas de gran alcance que hicieron muy sencillo que la gente vinculara directamente con él lo que ocurriera con la economía y la inflación.

Además, Trump ya asumió la responsabilidad por la economía. A comienzos de este año le dijo a NBC News que ahora era la “economía de Trump”. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, dijo en septiembre de 2025 que la “economía de la que Donald Trump es responsable comienza a finales de este año”, es decir, cuando comenzara 2026.

Y los votantes parecen estar de acuerdo. Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada en febrero mostró que la mayoría de los estadounidenses dijo que Trump tendría una mayor responsabilidad por los principales problemas económicos, mientras que muy pocos señalaron que Biden tendría una mayor responsabilidad.

Ahora, a poco más de dos meses de las elecciones de mitad de mandato, Trump está redoblando la apuesta por el mismo tipo de grandes intervenciones económicas que llevaron a la gente a esas conclusiones.

The-CNN-Wire
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1 in 4 former NFL players who died from 2016 to 2021 had CTE, study estimates

(CNN) — At least 1 in 4 former National Football League players who died between 2016 and 2021 had chronic traumatic encephalopathy, according to a study released on Tuesday in the journal BMJ.The study is “one of the most informative estimates to date of CTE burden among former NFL players,” an editorial that published along with the study said.CTE is a neurodegenerative disease associated with repeated blows to the head. It can only be diagnosed after death, although symptoms can include memory loss, impulse control problems, anxiety, depression and anger issues. It’s most often seen in people who play sports such as football, hockey and soccer, but it has also been detected in the brains of soldiers who have been injured in explosions and in some people who experienced domestic violence. In the brain, it is marked by an abnormal buildup of the protein tau.A separate recent analysis detected the disease in 99% of former NFL players who had donated their brains for research. However, a significant limitation of that study was that it was done in a population of people who were potentially biased because their brains had been donated by family members who may have noticed symptoms while their family members were living.For this new study, researchers from Mass General Brigham, Boston University and the Concussion & CTE Foundation — many who had been involved in the previous CTE research — set to overcome that limitation by analyzing the total number of NFL deaths between 2008 and 2021. The researchers used death certificate data and compared it to the number of brain donors with confirmed CTE. The researchers further narrowed the time period down to 2016 and 2021, when the highest number of brain donations had been received.Of the 878 former players who died in the time frame, 235 had donated their brains for research. Among them, 215 had been diagnosed with CTE. Many of the brain donations analyzed had been done at brain banks at Boston University and the University of California, San Francisco.An NFL spokesperson said: “The NFL continuously strives to make the game of football safer, including by implementing strategies to reduce concussions and head impacts.“The NFL remains ​committed to ensuring that the NFL community has access to a robust – and expanding – set of resources ​to enhance their physical and mental well being.“We encourage former players to utilize these ⁠resources to identify and seek treatment when they are concerned about their health.”The study’s lead author Dr. Daniel Daneshvar, the ​chair of physical medicine and rehabilitation at Mass General Brigham and an associate professor at Harvard Medical School, said ​that repeated traumatic brain injuries are a known factor in elevated rates of neurodegenerative disease.“Similarly, we and others have shown that in NFL players, specifically, there is about a four times higher rate of death from neurodegenerative disease than the general population,” he added.The ​study also found dementia was common among ​brain donors, with researchers urging prevention measures that focus on cutting down on repetitive head impacts across all levels of the sport.“The ‌bulk ⁠of the head impacts that these former NFL players experienced didn’t occur at the NFL level. They occurred at the collegiate level … and at the high school level and in many cases the youth level. And all of those cumulative hits to the head added up to result in an increased risk,” said Daneshvar.The NFL’s 2011 Collective Bargaining ​Agreement limited the number ​of contact practices during the ⁠season. The current CBA was ratified in 2020 and runs through March 2031.The Ivy League banned full-contact tackling during practices five years later.The Supreme Court cleared the way for the NFL’s settlement of concussion-related lawsuits with thousands of retired ​players in 2016.“If the changes that have been implemented at the NFL level, including reducing ​the amount of ⁠contact in sports practices to less than one per week, were propagated at the collegiate, high school, and youth levels, athletes would be better off,” said Daneshvar, who urged current and former athletes experiencing cognitive symptoms to seek a neurodegenerative ⁠disease ​expert evaluation.“We know that nearly 70% of head impacts are occurring in ​practice. So without changing a single minute of game time at any of those levels, we can be substantially reducing the cumulative head impact ​burden that these individuals are experiencing throughout their lives.”The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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