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Perdieron el TPS. Ahora EE.UU. los deporta a un país en crisis y controlado por pandillas

Cuando la administración de Trump anunció que pondría fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para haitianos, las calles de Little Haití, en Miami, se vaciaron. El temor es el que comparten todas las comunidades inmigrantes ante las medidas de Estados Unidos que pueden poner fin a su vida en el país. Sin embargo, en el caso de los miles de haitianos que podrían ser devueltos a su tierra natal, el pánico se siente más fuerte porque saben lo que les depara: un escenario abrumador donde conviven la violencia, la inestabilidad política y una profunda crisis humanitaria.

Todos los aspectos de la vida en Haití están atravesados por la violencia de las pandillas. El más reciente informe de la ONU da cuenta de que, entre marzo y julio de este año, han sido asesinadas unas 613 personas en enfrentamientos entre las bandas criminales en la capital, Puerto Príncipe, con las fuerzas de seguridad.

La organización no gubernamental Crisis Group publicó recientemente una declaración en la que resalta la preocupación de forzar a personas que huyeron del país a regresar a Haití en medio de la violencia. “La inseguridad se ha agravado drásticamente desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021”, dice el comunicado, que detalla que el saldo de muertes tan solo en 2025 fue de unas 5.600 personas “en un contexto donde la extorsión, el secuestro y los delitos sexuales son moneda corriente”.

Solo este lunes murieron al menos 47 personas en una incursión de una banda en el barrio de Kenscoff, cerca de Puerto Príncipe, la capital de Haití,

La situación es tan crítica que un funcionario de Estados Unidos la describió como una escena bélica: “Se trata de una situación de guerra y, lamentablemente, esa es la realidad de la situación en la que nos encontramos”, dijo el coronel Justin Gorkowski, del Departamento de Defensa de EE.UU., según cita la agencia de noticias Reuters. Gorkowski colidera un equipo de supervisión para la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), una fuerza de seguridad respaldada por la ONU que da apoyo a la policía en el combate de las pandillas en Haití.

En tanto, EE.UU. mantiene una alerta que recomienda a los estadounidenses “no viajar” a Haití “debido al riesgo de delincuencia, secuestro, terrorismo, disturbios y servicios de salud limitados”.

Sin embargo, la exsecretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, determinó que Haití ya no cumplía “con las condiciones para su designación bajo el TPS” y el 25 de junio la Corte Suprema de EE.UU. emitió un fallo favorable respecto a la terminación del programa.

En ese contexto, la semana pasada se registró el primer vuelo de deportación tras la revocación del TPS. Ahora, miles de personas corren el riesgo de ser deportadas a Haití, lo que representa un enorme riesgo, dicen los expertos consultados por CNN.

“El regreso a Haití es muy difícil. Es inimaginable para quienes se refugiaron en Estados Unidos. Muchos no tienen redes, porque muchas personas ya no están en el país o no están vivas, porque la violencia ha sido devastadora”, sostiene Helena Olea, subdirectora de Programas de Alianza Americas, una red de organizaciones lideradas por personas migrantes de América Latina y el Caribe.

“Llegan en un contexto de muchísima inseguridad. Tal vez tenían una casa, pero esa zona está controlada por las pandillas y ya no pueden llegar”, dice la especialista, y cuenta que cada vez observan más casos de personas que se plantean abandonar voluntariamente Estados Unidos hacia un tercer país para evitar la deportación forzada a Haití. Olea también cuenta que muchas familias haitianas se plantean dejar a sus hijos con otras personas, a través de trámites de custodia o adopción, antes que llevarlos con ellos a Haití. “Llegan al extremo de pensar que lo mejor que pueden hacer por ellos es eso”.

Es que, en Haití, el riesgo está entre caer víctima de las pandillas o verse forzado a participar, dice Diego Da Rin, analista de Crisis Group especializado en Haití.

Alrededor de 200 pandillas distribuidas a lo largo del país, según estiman diversas organizaciones internacionales. A diferencia de lo que ocurre en otros países de la región, donde los grupos armados suelen surgir en zonas periféricas, en Haití es la propia capital, Puerto Príncipe, la que está prácticamente tomada por agrupaciones criminales.

Controlan los puertos, gran parte de los accesos terrestres a la capital e incluso el aeropuerto, según detalla Da Rin. Estas pandillas ejercen un fuerte control social, suelen ser la principal fuente de trabajo y usan la extorsión y la amenaza como mecanismos para someter a la población. Por eso los expertos hablan de “gobernanza criminal” al referirse a lo que ocurre en Haití.

El propio coronel Gorkowski reconoció en una audiencia en EE.UU. en julio las dificultades que enfrenta la fuerza de seguridad internacional: “No son simples pandillas que podemos encarcelar y juzgar”, dijo.

Eludir la violencia de las pandillas, o encontrar la forma de coexistir con ellas, es apenas el primer desafío de cualquier persona en Haití. El otro gran problema que debe enfrentar un recién llegado es la supervivencia económica.

“Si tienen tiempo de prepararse antes de una deportación, las personas pueden vender los bienes, vehículos y otras pertenencias que tengan, o incluso llevar algunas cosas con ellos. Ese dinero es fundamental para reiniciar la vida en cualquier país”, dice Olea. Y lo es aún más en Haití, donde la violencia, sumada a los desastres naturales, han llevado la situación económica a un extremo crítico.

“Muchas personas pierden mucho de lo que tienen en estos procesos”, explica Olea, que desde Alianza Americas ayuda a inmigrantes a prepararse para posibles deportaciones.

Y, una vez en Haití, la situación se vuelve más compleja. “La población de Haití está concentrada en la capital, más o menos hay allí un tercio de los 12 de millones de habitantes del país, aunque no hay censo desde el 2000”, explica Da Rin. “En los últimos años, en que mucha gente se ha ido, las pandillas han extendido su control sobre Puerto príncipe. Muchos no van a poder regresar a sus casas o tendrán que asumir el costo de tener que vivir en una zona controlada por una pandilla”, dice el analista.

Y quienes traten de evitar la capital, tampoco la tendrán fácil. “En las partes de la ciudad y alrededores en donde las pandillas aún no han logrado el control, los costos de la renta se han elevado de manera impresionante”, dice Da Rin. Así, algunos probablemente optarán por refugiarse en la casa de algún pariente, pero no es una solución sostenible a largo plazo.

“Esto pondrá bajo todavía más presión estas ciudades que están ya colapsadas. Buscar una oportunidad laboral será cada vez más difícil”, añade el analista de Crisis Group. Y no tener perspectivas económicas deja a las personas muy vulnerables frente a las pandillas: “Muchas de estas personas sin perspectivas laborales claras van a terminar o bien víctimas de las acciones de las pandillas o colaborando por ellas por supervivencia”, dice Da Rin.

Edwin Paraison, director ejecutivo de la Fundación Zile y exembajador de Haití en República Dominicana, coincide con esa perspectiva. “¿En dónde vivían esas personas? Las casas han sido totalmente destruidas o tomadas”, señala a CNN, y sostiene que expulsar a una persona sin algún tipo de programa de reinserción es un acto de “injusticia”.

Paraison también resalta el impacto que podría tener una reducción en el volumen de las remesas que haitianos en EE.UU. envían a sus familias en el país caribeño.

Unos 750.000 hogares en Haití reciben remesas de haitianos residentes en Estados Unidos, señaló Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo de la organización Inter-American Dialogue, a CNN en abril y añadió que probablemente un 40 % de quienes envían estas remesas forman parte del TPS.

“Una reducción en el volumen de remesa aumentará la pobreza en Haití”, señala Paraison.

Haití enfrenta actualmente una de las crisis humanitarias y de desplazamiento más graves del mundo, según la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR). “A mayo de 2026 había cerca de 1,5 millones de personas desplazadas internamente. La violencia de las bandas criminales, la inseguridad generalizada y el deterioro de las condiciones humanitarias generan riesgos significativos para la población”, dijo la agencia en un comunicado enviado por mail a CNN.

Ante este panorama, ACNUR “sigue abogando ante los Estados de la región para garantizar que los haitianos que se encuentran fuera de su país tengan acceso efectivo al asilo y a otras formas complementarias de protección” e instan a “que se abstengan de regresar por la fuerza a personas a Haití, dado el continuo deterioro de la situación de seguridad, la violencia perpetrada por grupos armadas y el riesgo de que los repatriados puedan enfrentarse a graves problemas de protección a su regreso”.

En tanto, un reporte de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) sostiene que el desplazamiento forzado por la violencia ha desbordado los albergues y “el hambre va en aumento, situando a Haití entre los cinco principales focos de hambre del mundo”.

El acceso a la salud en Haití es prácticamente imposible. “Los sistemas de salud están al borde del colapso, con hospitales bajo ataque y enfermedades propagándose en campamentos superpoblados”, detalla la OCHA.

La educación es otro punto débil. ¿Cómo podrían reinsertarse los niños de familias haitianas en Estados Unidos que fueran deportados? “Estamos hablando de niños que seguramente ya estaban escolarizados. Puede ser muy traumático” el cambio, dice Paraison y resalta que Haití es “lamentablemente, el país con menos infraestructura de todas las Américas”.

“En Haití la mayoría de la oferta de educación es privada. Hay pocos colegios públicos”, explica Da Rin, de Crisis Group. “Hay más de mil escuelas cerradas, algunas ocupadas por pandillas, otras por desplazados. Y ese número de desplazados probablemente crezca mientras la nueva fuerza multinacional de seguridad lleve adelante sus operaciones contra las pandillas”.

Según cifras del Banco Mundial, alrededor del 40% de la población de Haití es analfabeta. La OCHA señala que muchas escuelas han sido destruidas o convertidas en albergues, “al tiempo que crecen los riesgos de protección, con una violencia de género generalizada y grupos armados que toman a los niños como objetivo”,

Haití se encuentra ante el desafío de encaminar unas elecciones, las primeras en una década, que deberían tener lugar en diciembre, según el más reciente calendario electoral. Pero el panorama es incierto.

“Dependerá de qué tan rápido la fuerza multinacional pueda recuperar territorios que están en manos de las pandillas, y en qué situación el sistema se animará a llevar a cabo unas elecciones”, dice Da Rin.

El nivel de participación también parece condicionado a la situación de violencia. Da Rin explica que entre el 13 de julio y agosto se registraron apenas 60.000 personas para votar, y que el Consejo electoral espera registrar entre 3 y 4 millones antes de octubre, la fecha límite. Pero si los números siguen bajos, la legitimidad de un futuro gobierno puede estar en juego.

“Incluso aunque pongan los puestos de votación fuera de la zona de pandillas, es probable que lo grupos criminales busquen influenciar los votos mediante intimidación y amenazas”, dice Da Rin. “Si se organizan elecciones sin bajar el poder de las pamdillas sobre la población, es posible que esos grupos logren penetrar la administración pública de una manera inédita”.

El Gobierno de Haití firmó un pacto para la estabilidad de la organización de las elecciones, mientras la nueva fuerza anti pandilla intenta controlar la gobernanza criminal.

Todo este panorama se ve poco receptivo para la posible llegada de miles de haitianos que habían huido a Estados Unidos para escapar de una situación que no solo no parece haber cambiado, sino que incluso ha empeorado en los últimos años.

Hira Humayum colaboró con este reporte

The-CNN-Wire
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‘Maine has been through a lot’: Democrats sharpen pitch to women after turmoil in must-win Senate race

(CNN) — A month after he became the Democratic nominee for Senate in Maine, Troy Jackson is ramping up his appeals to women and voters who care about abortion rights, looking to sharpen a contrast with Republican Sen. Susan Collins that has long been at the center of the race.The task of building female support is an urgent one for Jackson after months of intraparty turmoil in Maine threatened to demoralize some in the crucial voting bloc. The state’s female governor, Janet Mills, dropped out before the primary, and the eventual winner, insurgent Graham Platner, saw his campaign collapse after a rape allegation that he denies. Now, Republicans are working to tie Jackson to his predecessor – and his problems with women.“Maine has been through a lot,” said Mini Timmaraju, the president of Reproductive Freedom for All, who is set to visit Maine on Wednesday evening to unveil the group’s endorsement of Jackson.Democrats are now hoping to turn the focus to Collins, who describes herself as a “pro-choice” Republican, and her key vote to confirm one of the Supreme Court justices who ultimately signed onto the Dobbs decision, which ended federal abortion rights. Jackson has his own mixed record on the issue – once deeply opposed to abortion rights before becoming more of a supporter in the last decade.“We are not strangers to supporting candidates who made major evolutions on abortion rights,” Timmaraju said, pointing to former President Joe Biden as perhaps the most prominent example. “We feel like Troy has more than made up for his history by being the kind of critical champion and partner to Janet Mills, a critical leader in the Dobbs response.”Reproductive Freedom for All endorsed Mills the primary but never backed Platner after his win.Jackson’s campaign on Wednesday is also set to announce a “Women for Troy” coalition that includes hundreds of women from all 16 counties in the state. And earlier this week, Jackson’s campaign started airing a TV ad where his mother, Colleen McBreairty, testifies to his character over images of him meeting with other women in his life.“Women should support Troy Jackson because he supports allowing women to make their own decisions about their own bodies,” Caroline Mitchell, a member of the coalition from Oxford County, said in a statement. “Women should not support Susan Collins because she has enabled the government to make that decision for women.”The new efforts come at a crucial time in the race, which Democrats see as key to flipping the Senate in November. Jackson is still playing catch-up on fundraising, raising $2 million in the two days after he captured the nomination in late July, while Collins entered that month with an $11 million war chest.Female voters are a highly competitive group in Maine. Exit polls show they made up 3 in 5 voters in Collins’ last reelection campaign, when she narrowly carried the group against Democrat Sara Gideon, the speaker of the Maine House of Representatives. In a Fox News poll released earlier this month, female voters were closely split, with 50% backing Jackson and 46% backing Collins.Democrats believe this election is fundamentally different because this is the first time Collins is on the ballot since the 2022 Dobbs decision. Collins voted four years earlier to confirm Justice Brett Kavanaugh, who joined the majority on the decision.The senator’s allies say the Democratic enthusiasm around the issue of abortion overlooks her unique relationship with women voters in Maine, who they say respect her thoughtful approach to issues even when they disagree with her.“Susan Collins has always been pro-choice and a champion for Maine women,” Collins campaign spokeswoman Blake Kernen said in a statement highlighting Jackson’s once-close relationship with Platner and his past opposition to abortion rights. “But because she is a Republican, the national groups continue to twist themselves into a pretzel to support these male candidates with terrible records.”A disciplined anti-Collins messageTuesday marked one month since Jackson vastly out-organized his competition and won the nomination to replace Platner at a party convention in Bangor. Since then, the national spotlight on the race has dimmed, and Jackson has been less of a lightning rod for controversy compared to Platner.To some of his supporters, that’s just fine. They see him as running as more of a generic Democrat — in a Democratic-leaning state, in a national environment that favors the party.“He’s got the right strategy, and it is a departure from Graham in just really focusing on Susan Collins and the stakes of this election,” said Jordan Wood, one of Jackson’s former rivals for the replacement nomination. “In a state like Maine, the best strategy, uniquely for this race, is you make it a question for voters, ‘Who do you want in control of the Senate?’”“In this moment, Maine is not a state you’ve got to get super creative with,” Wood added.That is not to say Jackson is the most conventional Democrat. A longtime logger who has spent over two decades in state politics, his supporters say he mixes Platner’s progressive, labor-aligned politics with Mills’ establishment appeal.Jackson, who was raised Catholic, has also stood out for his evolution on abortion. He has said he was “wrong” to oppose abortion rights early in his political career, and after the Dobbs decision, he worked with Mills to further expand abortion access in the state.“When Roe was overturned, I didn’t wring my hands or make excuses — I got to work,” Jackson said in a statement.Timmaraju said her group has had “tough conversations” with Jackson and now feels “really, really confident” in his credentials on the issue.Platner still hovers over the race, with Republican ads replaying images of him campaigning alongside Jackson earlier this year when Jackson was running for governor.Wood had argued during the race for the replacement nomination that Jackson’s ties to Platner would be a liability. But in an interview this week, Wood suggested Jackson has done a good job addressing the issue, giving voice to the “betrayal” many Maine Democrats felt – Jackson has said Platner lied to him about his past – and then moving on to a disciplined anti-Collins message.Platner is set to reemerge next month to speak at a Labor Day rally near his coastal hometown of Sullivan. A small group of former supporters tried to recruit him to run as a write-in candidate, including by meeting with him in person Sunday, but the deadline to register as a write-in candidate passed Tuesday.While Jackson has said he does not want Platner’s support, he still lacks the endorsement of another major figure in this year’s intraparty saga: Mills. She declined to endorse Jackson in a local TV interview about a month ago, and a spokesperson for the governor did not respond to a request for comment for this story.Platner and Trump loomRepublicans’ attacks on Jackson make it clear that they view female voters as up for grabs.While Collins’ campaign has largely aired positive ads, a well-funded super PAC, Pine Tree Results PAC, has taken the lead on attacking Jackson. Its ads highlight his past ties to Platner and reports that he clashed with female colleagues in the state legislature and pushed his partner, Lana Pelletier, during a fight with another man in 1988. Jackson has denied ever being violent with Pelletier or any other women.“First it was Graham Platner’s problem with women,” a woman says in one of the super PAC’s ads, before a second woman says, “And now – Troy Jackson.”Democrats would much rather talk about Collins. When Planned Parenthood launched its first ads in the race earlier this month, they did not mention Jackson and instead featured a woman who previously voted for Collins saying she regrets her support for the senator, citing in part her recent comments standing by her vote for Kavanaugh.Lance Dutson, a Maine GOP strategist who has worked on Collins’ previous campaigns, said he doubted such attacks would be decisive in a race where Collins has spent decades earning the trust of some female voters.“I think that really, really mitigates the lightning-bolt effect that issues like Kavanaugh or others could have,” he said.Dutson said he thought Collins’ relationship with Trump – in a state that has rejected him three times – was “far more” important to the race. Collins is an occasional critic of Trump policies, most recently warning that his latest tariffs on Canadian imports would “increase costs for Maine families.”Collins has skipped two recent appearances in her state by Vice President JD Vance, mostly recently Tuesday, when he visited a manufacturing facility outside Bangor. Each time, Vance has shouted her out from the stage and sought to portray as an important – if sometimes frustrating – part of the GOP coalition.“Whenever I’m in Maine I’ve got to give Susan a little bit of crap because, as you know, Susan is the most independent member of the United States Senate, and as the president of the … Senate, she sometimes makes my job just a little bit harder,” Vance said in Brewer. “But she makes it harder because she is coming to work every single day and fighting not for a political party … [but] for the great people of Maine.”The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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