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Miami crocodile attack prompts warning from police after death of dog

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    MIAMI (WFOR) — Authorities in South Florida are urging residents to be aware of their surroundings after a dog was attacked and killed by a crocodile early Thursday morning.

The attack occurred in the 6200 block of Southwest 64th Court in South Miami, and the South Miami Police Department said residents in the area need to exercise “extreme caution.”

“Residents, pet owners, and visitors in the area are advised to remain vigilant around nearby canals, waterways, ponds and other bodies of water where a crocodile may be present,” police said in a statement.

Police are reminding residents to keep dogs and other pets on a leash and away from the water, and to keep children under close supervision.

The American crocodile is protected under both state and federal law, and the public is reminded to not attempt to injure, capture, harass or relocate a crocodile.

What to do during a Florida crocodile encounter
To stay safe around crocodiles, the FWC has several tips on how to do so:

Keep your distance: If you see crocodiles, stay at least 20 feet away from them.

Avoid the water at night: Crocodiles are the most active at dusk and dawn.

Swim in designated areas: Only swim in areas where it’s safe to do so.

Keep pets away: Keep your pets leashed and away from the water.

Don’t feed them: It’s illegal and dangerous to feed crocodiles.

Dispose of fish scraps properly. Throw away any fish scraps in designated containers and not in the water.

If a crocodile attacks you, the FWC said you should fight back if you can and make a lot of noise. If you’re able to move, hit and kick the crocodile or poke it in the eyes to escape. Once you’re away from the reptile, seek immediate medical attention.

If you are concerned about a crocodile, call the FWC at (866) 392-4286.

How to tell Florida’s crocodiles and alligators apart

While American crocodiles and American alligators may look similar at first glance, several distinct traits make it easy to tell them apart once you know what to look for.

Build and snout: Crocodiles are leaner and more streamlined, whereas alligators have a bulkier, heavier frame. The most obvious clue is in the snout. Crocodiles have a long, pointed snout, while alligators’ are wider and rounded at the end.

Teeth: The Florida Fish and Wildlife Conservation Commission notes that a crocodile’s fourth tooth on each side of the lower jaw stays visible even when its mouth is shut. In alligators, that same tooth disappears when the mouth is closed.

Color: Crocodiles tend to have a lighter gray or olive tone, while alligators are darker, almost black, which helps them blend into murkier freshwater environments.

Habitat: Crocodiles favor South Florida’s coastal zones and brackish waterways such as mangroves, canals and estuaries. Alligators, by contrast, are freshwater dwellers that populate lakes, ponds and marshes across the state. As a result, crocodiles are rarely spotted far from saltwater, while alligators are common well inland.

Please note: This story was provided to CNN Wire by an affiliate and does not contain original CNN reporting. This content carries a strict local market embargo. If you share the same market as the contributor of this article, you may not use it on any platform.

El embajador de Trump en Italia navega por el Mediterráneo en un yate de US$ 450 millones

Tilman Fertitta, el embajador de EE.UU. en Italia, quiere que todos vean que tiene una cocina muy normal. Es simplemente un espacio informal, un lugar donde una persona común puede entrar a comer un poco de carne fría de tacos que sobró y está en un recipiente de plástico, como él está haciendo ahora mismo. “No he comido en todo el día”, confiesa.Fertitta señala que, de hecho, resulta inusual lo común que es la cocina, dado que forma parte de su yate de US$ 450 millones, el Boardwalk. El embajador, un multimillonario texano de 69 años, insistió en instalarla para tener un lugar donde la familia del dueño de la embarcación pudiera pasar el rato y quizá prepararse una tortilla. “Los barcos grandes nunca tienen una cocina familiar”, afirma.Esto ocurre casi al final de un extenso recorrido por la enorme y reluciente embarcación. Subimos a bordo durante una de las últimas paradas de un crucero diplomático por la costa italiana del enviado del Gobierno de Trump. El viaje de verano, que comenzó en junio, ha incluido escalas en Sicilia, Venecia y Cerdeña.Hoy estamos en uno de los puertos marítimos más grandes de Italia, el puerto de Livorno, a unos 322 kilómetros de Roma. El embajador y su comitiva llegaron tarde después de pasar un fin de semana en la glamorosa Portofino, en la Riviera italiana, porque una tormenta ralentizó el viaje del yate, de 116 metros de largo y seis niveles de altura —siete si se cuenta la pequeña cubierta de observación—.Fertitta, quien ocupa el puesto 109 en la lista Forbes 400 de los estadounidenses más ricos, hizo su fortuna en la industria hotelera y del entretenimiento. Su proyecto de verano con el Boardwalk busca fomentar las relaciones diplomáticas entre EE.UU. e Italia mediante su papel de anfitrión accesible en la impecable mansión flotante.Antes de la más reciente de una serie de recepciones, unas ruidosas aspiradoras Dyson engullen los restos dejados por la tormenta y los marineros de cubierta, vestidos con uniformes náuticos a juego, vuelven a colocar las decoraciones que habían sido aseguradas durante la tormenta, en lo que parece una coreografía perfectamente sincronizada tras bambalinas. A lo largo de la tarde vemos cómo pulen las barandillas cromadas, ahuecan los cojines y extienden alfombras rojas, todo mientras Carter Skains, el leal segundo oficial de Fertitta, se asegura de que nuestras indiscretas cámaras no enfoquen los charcos que dejó la tormenta.Mientras el embajador, su esposa, Lauren Ware Fertitta, y su hija de 5 años, Elle, terminan de hablar con nosotros en la cocina, los invitados han comenzado a llegar: oficiales militares estadounidenses uniformados procedentes de bases cercanas; funcionarios de gobiernos regionales y líderes empresariales italianos, vestidos con atuendos casuales elegantes y prendas de lino, que esperan conseguir inversiones estadounidenses.Una vez a bordo, los invitados comen huevos rellenos y bolitas de mozzarella, y se toman selfis frente a una de las dos piscinas del yate antes de hacer fila para una foto oficial con el embajador.Todo en el yate de Fertitta está dispuesto de manera intencional, comenzando por la repisa de la chimenea que los visitantes ven primero, donde hay una foto con marco plateado en la que aparece abrazado hombro con hombro, en una imagen bipartidista, con los expresidentes de EE.UU. Bill Clinton y George Bush padre. Hay ejemplares de su libro más reciente, “Shut up and Listen”, ubicados estratégicamente, pero no hay muchas banderas estadounidenses dentro del yate, salvo los adornos rojos, blancos y azules en las barandillas exteriores.Fertitta dice que es políticamente conservador. Los registros muestran que hizo donaciones al expresidente de EE.UU. Joe Biden, aunque no en la misma medida en que apoyó a candidatos de la familia Bush, sus compatriotas texanos, y, más recientemente, a Trump, a quien conoce desde aproximadamente 25 años. Ha recibido en sus residencias a “la mayoría” de los presidentes de EE.UU. desde Clinton, pero las afiliaciones políticas dependen de quién las observe.“Si uno retrocede y mira a Bill Clinton en aquel entonces, habría sido conservador”, afirma. “Saben, probablemente la política se ha ido demasiado lejos en ambas direcciones, pero estoy contento con lo que ha hecho nuestro presidente y creo que ha logrado que todos en Europa se den cuenta de lo importante que es la OTAN”.Fertitta se enorgullece de sortear la línea “entre la envidia y la admiración”, como él mismo dice, cuando invita a la gente a socializar con él a bordo en cada puerto de escala: “No hago esto para presumir. Lo hago porque funciona para las relaciones entre estadounidenses e italianos y funciona para las relaciones del embajador Fertitta con toda la gente de estas pequeñas ciudades”.La gira, que concluirá antes del Día del Trabajo, ha sido recibida con vítores y abucheos mientras atracaba en más de una docena de localidades portuarias italianas. En Cefalú, Sicilia, recorrió las mismas calles que sus antepasados italianos y recibió documentos de los archivos de la ciudad relacionados con su familia. En Venecia, recibió el mismo saludo de “A la m**rda la riqueza/Sin reyes” que recibió Jeff Bezos cuando se casó allí con Lauren Sanchez el verano pasado.El embajador dice que las críticas no lo perturban. “No me molestan en lo más mínimo porque las protestas no me molestan”, nos dice desde uno de los grandes sofás de cuero blanco de la cubierta principal del yate. “La gente preguntaba: ‘¿cancelará?’. Por supuesto que no. Incluso me acercaría a hablar con los manifestantes. No me molesta escuchar lo que tienen que decir”.Fertitta es el fundador del grupo empresarial Landry’s, propietario de cientos de restaurantes, hoteles y casinos en todo Estados Unidos. Entre las cadenas de alta gama de su cartera, el conglomerado es dueño de Morton’s The Steakhouse, Mastro’s y The Palm. Pero Fertitta también ha dejado su huella en establecimientos informales y familiares como la franquicia Rainforest Cafe y Bubba Gump Shrimp Company. Es dueño de Golden Nugget Hotels and Casinos y de la franquicia de la NBA Houston Rockets, y fue el presentador de un reality llamado Billion Dollar Buyer.Cree que su perspicacia empresarial y su exitosa trayectoria lo convierten en un activo para la misión diplomática del presidente Trump: “Soy un embajador diferente, y les encanta que tenga la capacidad de levantar el teléfono, ya sea en el ámbito político, empresarial o del entretenimiento, y lograr que alguien atienda”.Fertitta financia él mismo la excursión de verano, salvo por el estricto dispositivo de seguridad, proporcionado por el Gobierno italiano por una suma no revelada, que ha despertado suspicacias y acaparado titulares dondequiera que va.Fertitta afirma que proteger al embajador estadounidense ayuda al personal de seguridad italiano a mantenerse activo. “Recuerden que esas embarcaciones están allí haciendo algo y esas personas están allí haciendo algo, y es un excelente ejercicio para ellas”, asegura. “Porque a veces protegen a personas mucho más importantes que yo, así que están adquiriendo buena práctica. Pero no ha sido nada descabellado ni inusual. …Ese es el trabajo de la oposición: encontrar algo malo en esto”.En muchos sentidos, el Boardwalk es la embajada no oficial de Fertitta, de forma muy similar a como la propiedad de Mar-a-Lago, en Florida, es la Casa Blanca no oficial del presidente Trump. El propósito declarado de esta gira diplomática es fortalecer los vínculos entre los pueblos italiano y estadounidense, una tarea que recientemente se vio dificultada por el enfrentamiento del presidente Trump con la primera ministra de Italia Giorgia Meloni, una antigua favorita de Trump que fue la única líder europea que asistió a la ceremonia de investidura para su segundo mandato.Fertitta resta importancia a la disputa entre el presidente de su país y Meloni. Trump la acusó de estar “rogando por una selfi” en junio pasado durante la reunión del G7 en Francia y sugirió que necesitaba una orden de alejamiento contra ella. “El presidente tiene un gran sentido del humor, ¿de acuerdo?”, dice Fertitta. “Y estaba usando su sentido del humor al respecto”.Fertitta coincide con el presidente Trump en todo aquello en lo que se espera que coincida un embajador estadounidense, incluidos importantes asuntos de política exterior como la guerra en Irán y la postura de línea dura del Gobierno sobre la inmigración, que tiene eco en las propias políticas internas de Italia, y dice que espera poder contribuir en la batalla arancelaria. Se considera parte de un grupo de embajadores poco convencionales nombrados durante el segundo mandato de Trump, junto con Callista Gingrich en Suiza y Charles Kushner en Francia. “A Italia le encanta tener un embajador con cierto prestigio, capaz de conseguir resultados, que sea diferente y tenga ascendencia italiana”, afirma.Fertitta pasó por cinco yates más pequeños antes de encargar este en 2022 a la empresa de construcción naval Lürssen, fundada hace un siglo y medio, para que se lo entregaran esta primavera. En el interior tiene una decoración ecléctica y moderna que Fertitta se atribuye haber elegido él mismo, bajo la orientación de la diseñadora de interiores Amy Halffman, quien murió de cáncer el año pasado a los 52 años.Las obras de arte más valiosas de la familia Fertitta están en Roma, en la residencia del embajador, que han renovado con su propio dinero y dedicación desde que Fertitta asumió el cargo en mayo de 2025, y en sus casas familiares en Texas. Pero el barco cuenta con numerosas piezas de cristal de Murano, incluida su nueva favorita: una escultura de gruesos eslabones de cadena llamada “No todas las cadenas disuaden”, de Edgardo Osorio, que adquirieron este verano en Venecia.Una de las pocas obras de arte que trasladaron de su yate anterior a este es una gran pintura roja de Marilyn Monroe, de Craig Alan, cuyos rasgos están compuestos por los característicos grupos de diminutas figuras humanas del artista. También hay una escultura original de bronce de Estella Fransbergen en el pasillo que conduce a la sala del piano.El tenor italiano Andrea Bocelli, también aficionado a los yates y quien entabló amistad con Fertitta después de que se conocieran navegando el año pasado, tocó el piano de cola blanco del Boardwalk cuando pasó por allí unas noches antes. “Antes he tenido a mucha gente tocando el piano en mis barcos y en mis casas, pero él hace algo que consigue que suene mejor que cuando lo toca cualquier otra persona”, dice Fertitta, mientras busca en su teléfono un video de la actuación para demostrarlo. “Solo hay que ver cómo bailan sus manos. Es una locura. Es hermoso, y su voz suena magnífica en este momento. Tiene un talento increíble. Es maravilloso tenerlo como amigo”.Las dos piscinas, los dos helipuertos, el green de práctica, el spa con camillas de masaje para él y para ella y el cine del Boardwalk destilan una estética de nuevo rico. El yate tiene lámparas de araña ostentosas, accesorios relucientes, un ascensor de cristal y más mármol y mosaicos que la mayoría de las villas italianas. Pero, pese a todo el brillo, hay muchas señales de que se trata de un hogar familiar: una batidora KitchenAid y un esterilizador de biberones para los nietos descansan sobre la encimera de la cocina. El refrigerador, que nos permite ver, está lleno de sobras. Lo que originalmente fue diseñado como la biblioteca del yate se convirtió en la sala de juegos de Elle. Lauren Ware Fertitta dice que ella misma diseñó el área de juegos para incorporar más espacios de almacenamiento, algo que, según afirma, escasea de manera increíble en la enorme embarcación. “Nunca hay suficiente espacio de almacenamiento para guardar las cosas y que no se vean”, nos dice.Durante el recorrido, Fertitta se muestra entusiasmado por llevar a nuestro equipo a las entrañas del barco, guiándonos por las relucientes salas de máquinas, totalmente visibles detrás de paneles de cristal, y luego hasta la sala de juguetes para adultos, llena de lanchas auxiliares, motos acuáticas y algo que parece un submarino furtivo, al que llaman “la limusina”, para trasladar a los invitados del yate a tierra.Pese a las súplicas de sus asistentes para que avise de nuestra llegada, Fertitta insiste en aparecer sin previo aviso ante la tripulación. Sorprendemos a uno de sus pilotos italianos de helicóptero trotando en una caminadora en el gimnasio de la tripulación, que Fertitta describe como “mucho mejor que el nuestro de arriba”.Luego abre la puerta corrediza de la cocina industrial, donde su chef, Tammy Steiger, quien ha cocinado para él en este y sus otros yates durante diez años, está dando los últimos toques a los canapés para la inminente recepción, que se celebrará varias cubiertas más arriba. Fertitta elogia efusivamente lo que describió como “las mejores flores de calabacín rellenas que ha probado en su vida” antes de abrir los refrigeradores para mostrarnos la abundancia de comida a bordo. Steiger, quien lleva con él mucho más tiempo del que él lleva como diplomático, le resta importancia, aparentemente divertida. Los integrantes de su equipo de seguridad, que nos siguen por todo el barco, parecen cada vez menos divertidos.Fertitta dice que, pese a su amplio éxito empresarial, llevaba mucho tiempo interesado en el puesto de embajador de EE.UU. en Italia, desde que conoció más sobre sus propias raíces italianas. Su relación con el presidente Trump se remonta a 1999, cuando Fertitta abrió un Rainforest Café en el Trump Plaza Hotel and Casino. Sin embargo, reconoce que no era seguro que esta administración le brindara finalmente el tan ansiado nombramiento como embajador.“Para ser embajador, muchas cosas tienen que salir bien”, dice. “Hay que elegir al candidato adecuado. Hay que apoyarlo. Tiene que ganar las elecciones generales y luego uno debe tener suficiente influencia para conseguir el país que quiere y para que él crea que uno hará un gran trabajo allí. Hay que atrapar un rayo en una botella para conseguir un puesto tan excelente como este. Tendría que decir que, aunque sueño en grande, me saqué el premio mayor”.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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