Evitar tres factores de riesgo para la salud podría retrasar alrededor de 13 años las probabilidades de desarrollar demencia, según un nuevo estudio: la diabetes tipo 2, el tabaquismo y la presión arterial alta.
Las investigaciones científicas han establecido desde hace tiempo que estos tres factores de riesgo son de los más importantes para la demencia y que el desarrollo de esta enfermedad neurodegenerativa comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas, dijo el Dr. Josef Coresh, autor principal del estudio publicado este miércoles en la revista Neurology Open Access. Sin embargo, el nuevo estudio de Coresh, que analizó a más de 12.400 adultos, cuantificó cuánto pudo influir la combinación de estos factores vasculares durante la mediana edad en el momento en que comenzó a desarrollarse la demencia.
Los participantes que presentaban estos tres factores de riesgo cuando tenían, en promedio, unos 56 años tenían más del doble de probabilidades de desarrollar demencia y más de cinco veces más probabilidades de morir de forma prematura por otra causa.
“Es algo relativamente fácil de explicar para los médicos y de entender para los pacientes”, dijo Coresh, director fundador del Instituto de Envejecimiento Óptimo de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU). Saber cuántos años más de buena salud pueden ganar al hacer determinados cambios en su estilo de vida puede ser más motivador para los pacientes que conocer únicamente un porcentaje de riesgo de desarrollar demencia, añadió.
El estudio solo muestra una asociación, no una relación de causa y efecto, especialmente porque los investigadores midieron la presión arterial alta, la diabetes, el tabaquismo y otros factores de salud, como el peso, solo una vez antes de hacer un seguimiento de los participantes durante un período mediano de aproximadamente 26 años. Aunque la salud cerebral fue evaluada varias veces, hasta 2022 como fecha más reciente, muchos otros factores pudieron haber cambiado durante ese tiempo.
“Estos resultados deben verse como una estimación importante y no como una predicción exacta para cada persona”, dijo la Dra. Sanjula Singh, profesora asistente de neurología de la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston, quien no participó en el estudio.
El cardiólogo Andrew Freeman, quien tampoco participó en la investigación, dijo que el estudio es “realmente emocionante”, aunque también demuestra que “todavía queda mucho por hacer para que las personas lleven una vida más saludable”.
“Uno de los conceptos que estamos empezando a ver cada vez más es el de años de vida saludable frente a esperanza de vida”, dijo Freeman, director de prevención cardiovascular y bienestar de National Jewish Health, en Denver. “Una cosa es estar vivo; otra muy distinta es estar vivo y con buena salud, y evitar la maldición estadounidense, que consiste en trabajar duro toda la vida, ahorrar dinero, jubilarse y luego sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares o demencia”.
Si tienes presión arterial alta o diabetes tipo 2, o quieres dejar de fumar, habla con tu médico, recomendó Coresh.
La hipertensión y la diabetes comparten varios factores de riesgo, entre ellos la inactividad física, la obesidad, una alimentación poco saludable, el consumo de alcohol y el tabaquismo, señalaron los expertos. Por ello, prevenir o controlar estas enfermedades pasa, en parte, por modificar esos hábitos. Una alimentación basada en plantas y baja en grasas, como la dieta DASH (Enfoques Alimentarios para Detener la Hipertensión), puede dar muy buenos resultados, dijo Freeman.
También es importante hacer suficiente ejercicio —la Organización Mundial de la Salud ofrece recomendaciones al respecto—, dormir lo suficiente y controlar el estrés.
“La forma en que vivimos tiene el impacto más profundo, y hablo de un efecto que ningún medicamento puede igualar”, añadió Freeman. Alrededor del 45 % de los casos de demencia se atribuyen a factores de riesgo modificables, dijo Singh, también investigadora principal de Brain Care Labs y de la Global Brain Care Coalition del Hospital General de Massachusetts.
En cuanto al tabaquismo, Freeman señaló que dejar de fumar debe ser una decisión propia para que tenga éxito. “Una vez que existe esa motivación, hay muchas herramientas que pueden ayudar”, afirmó. Entre ellas mencionó los parches de nicotina, el ejercicio, las pastillas y chicles de nicotina, varios medicamentos, los programas terapéuticos y la acupuntura.
También recordó que fumar es un hábito asociado a determinadas rutinas y contextos sociales, por lo que puede ser necesario cambiar esos hábitos e incluso el círculo social durante al menos seis meses para aumentar las probabilidades de dejar el cigarrillo.
Los participantes de esta investigación forman parte del estudio Atherosclerosis Risk in Communities, que sigue desde finales de la década de 1980 a cerca de 15.800 adultos de cuatro comunidades de Estados Unidos. Al inicio del estudio, los participantes tenían entre 45 y 65 años. Las comunidades incluidas fueron el condado de Forsyth, en Carolina del Norte; Jackson, en Misisipi; ocho suburbios del noroeste de Minneapolis, en Minnesota, y el condado de Washington, en Maryland. El 56 % de los participantes del análisis más reciente eran mujeres.
No presentar ninguno de los tres factores de riesgo se asoció con 30,1 años libres de demencia, frente a los 17,5 años registrados entre quienes sí tenían los tres factores. Esa diferencia explica el posible retraso de casi 13 años en el riesgo de desarrollar demencia si esos factores hubieran sido controlados.
Las mujeres permanecieron libres de demencia durante un período ligeramente mayor que los hombres, y los participantes negros desarrollaron la enfermedad algunos años antes que los participantes blancos. A los 85 años, solo el 7 % de los adultos con los tres factores de riesgo seguía libre de demencia, frente al 35 % de quienes no presentaban ninguno.
Los participantes con peor estado de salud tenían un índice de masa corporal más alto, mayor prevalencia de accidente cerebrovascular, menor nivel de actividad física y menor nivel educativo. También era más probable que fueran negros —lo que podría explicar el menor número de años libres de demencia en este grupo— y portadores del gen APOE ε4, el principal factor de riesgo genético para la enfermedad de Alzheimer, la forma más común de demencia.
Con el tiempo, estos tres factores de riesgo “pueden dañar los vasos sanguíneos de todo el cuerpo, incluidos los que irrigan el cerebro, reduciendo el suministro de oxígeno y nutrientes y aumentando el riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedad de pequeños vasos”, explicó en un comunicado la Dra. Jacqui Hanley, directora de financiación para la investigación de Alzheimer’s Research UK.
“Este daño puede hacer que el cerebro sea más vulnerable al deterioro cognitivo y a la demencia”, añadió Hanley, quien no participó en el estudio.
La salud cerebral y los hábitos saludables se construyen a partir de muchas decisiones pequeñas y constantes a lo largo del tiempo, dijo Singh. “Fíjate metas. Busca amigos o familiares que te ayuden a mantener el compromiso o con quienes puedas hacer ejercicio”.
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