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El rápido derrumbe de Nirav Modi, el joyero multimillonario de las estrellas de Hollywood

La nominada al Oscar Kate Winslet lució un elegante vestido negro hecho a medida por Ralph Lauren cuando caminó por la alfombra roja en 2016. Estaba nominada a un premio de la Academia por su actuación en “Steve Jobs”, pero a casi 13.000 kilómetros de distancia, en India, los comentaristas no estaban centrados en su vestido ni en su nominación.

Elogiaban los diamantes que colgaban de sus orejas.

Sus delicados pendientes eran una deslumbrante creación de Nirav Modi, un joyero indio cuyo nombre se había convertido en sinónimo de piedras preciosas excepcionales y glamour de celebridades mucho más allá de su país natal.

“Kate Winslet brilló con un diseñador de joyas indio”, escribió The Times of India, mientras otros periódicos también elogiaban su elección.

Era el punto culminante del ascenso de Modi desde el anonimato hasta los guardarropas de los ricos y famosos. Su marca homónima contaba con celebridades entre sus embajadores y sus diseños aparecían en alfombras rojas desde Los Ángeles hasta Cannes. Modi, miembro de la tercera generación de una familia dedicada al negocio de los diamantes, proyectaba la imagen de un magnate moderno y de un símbolo de una India en ascenso.

Su imperio se extendía por algunos de los distritos comerciales más exclusivos del mundo, desde Madison Avenue en Nueva York hasta Bond Street en Londres y Canton Road en Hong Kong. Con cerca de una docena de boutiques en todo el mundo y una creciente lista de celebridades que promocionaban su marca, Modi parecía tener el mundo a sus pies.

Pero detrás de los flashes de las cámaras se desarrollaba una historia diferente, una que todavía no había aparecido en las brillantes revistas de moda, pero que tomaba forma a través de una red de supuestas transacciones ocultas que involucraban a uno de los mayores bancos estatales de India.

En 2018, las autoridades indias acusaron a Modi de orquestar uno de los mayores fraudes bancarios de la historia reciente del país.

La Oficina Central de Investigaciones (CBI, por sus siglas en inglés) y la Dirección de Cumplimiento (ED, por sus siglas en inglés) lo acusaron de defraudar al Punjab National Bank por unos US$ 2.000 millones. Según las autoridades, Modi presuntamente había financiado su imperio con dinero prestado que no tenía intención de devolver.

Modi niega las acusaciones y anteriormente dijo que debe al banco una cantidad mucho menor. Durante casi siete años ha luchado contra los intentos de extraditarlo desde Londres, donde fue arrestado en 2019, para enfrentar en India cargos que incluyen fraude y lavado de dinero. CNN contactó a su abogado para solicitar comentarios.

Ahora, el Ministerio de Relaciones Exteriores de India afirma que sus opciones legales se han reducido a una última instancia.

La batalla, al parecer, podría terminar pronto.

La historia de Modi comienza en la ciudad de Palanpur, en el estado de Gujarat, en el oeste de India, conocida como el hogar ancestral de la clase de comerciantes de diamantes del país. Nacido en 1971, Modi heredó un legado familiar de varias generaciones ligado al mundo de las piedras preciosas.

Su abuelo, Keshavlal Modi, comenzó a comerciar diamantes en bruto en la década de 1930 a través de la ruta comercial entre Mumbai y Singapur, y sentó las bases del negocio familiar. Pero la infancia de Modi también estuvo marcada por una profunda tragedia. Cuando tenía apenas 8 años, presenció el suicidio de su madre, un hecho que posteriormente fue citado por su equipo legal durante una apelación contra su extradición en Reino Unido para explicar su lucha contra la depresión.

El padre de Modi, Deepak Modi, estableció su propio negocio de diamantes en Amberes, donde los jainistas de Palanpur, seguidores de la fe jainista, ayudaron a transformar la industria. Su influencia hizo que el comercio de la ciudad belga, cuyas raíces eran predominantemente judías, se convirtiera en un próspero centro de poder indio.

“Las conversaciones durante la cena solían girar en torno a los diamantes y las joyas”, dijo Modi a la revista Millionaireasia en 2015.

Modi hablaba con frecuencia de su deseo de convertirse en director de orquesta, pero en cambio se matriculó en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Poco después abandonó sus estudios de negocios y regresó a India en 1989.

“Fue una gran alegría para mis padres cuando entré y, digamos, no fue tanta alegría cuando abandoné los estudios”, dijo en una entrevista con CNBC en 2016.

A los 19 años, Modi comenzó su formación profesional bajo la tutela de su tío, Mehul Choksi, presidente de Gitanjali Group, que en ese momento era uno de los mayores minoristas de joyería de marca del mundo. Con sede en Mumbai, Gitanjali operaba miles de tiendas en toda India.

Según el autor Pavan Lall, el joven empresario se convirtió rápidamente en el “protegido” de Choksi.

Gitanjali Group era un gigante de la joyería para el mercado masivo, que vendía oro y diamantes a través de múltiples marcas. Modi, sin embargo, tenía en mente algo mucho más exclusivo.

Modi “estaba decidido a centrarse en el segmento de ultralujo, a ser como Harry Winston o Bulgari y a enfocarse únicamente en los diamantes”, dijo a CNN Lall, autor de “Flawed: The Rise and Fall of India’s Diamond Mogul Nirav Modi”.

“Su ascenso estuvo impulsado, en esencia, por el deseo de crear la primera marca india de joyería de diamantes de superlujo y llevarla al mercado internacional”.

En 1999, fundó Firestar Diamond —inicialmente llamada Firestone—, que abastecía a grandes minoristas y mercados internacionales, y sentó las bases de su éxito mundial.

Amberes, donde Modi pasó parte de su infancia, puede ser el centro de comercio de diamantes más conocido del mundo. Sin embargo, a unos 240 kilómetros al norte de Mumbai, en la ciudad de Surat, se encuentra otro centro de la industria del diamante, donde se estima que se cortan y pulen el 90% de los diamantes del mundo.

El ecosistema de producción de la ciudad depende de diamantes en bruto procedentes de todo el mundo, que son procesados por decenas de miles de trabajadores y llegan a los mercados internacionales a través de redes comerciales centradas en Mumbai. El negocio funciona en gran medida sobre la base de la “confianza”, según Anoop Mehta, presidente de Bharat Diamond Bourse, que opera una de las mayores bolsas de diamantes del mundo.

Modi surgió de este ecosistema. Firestar operaba una gran fábrica dentro de la Zona Económica Especial de Surat, un enclave libre de impuestos que permitía a la empresa cortar y pulir diamantes y fabricar joyas para mercados de exportación.

Con los años, su negocio se expandió internacionalmente. En 2005, Modi adquirió la división mayorista de la empresa estadounidense de joyería Frederick Goldman, lo que marcó su entrada al mercado de Estados Unidos. En una entrevista con CNBC, describió la operación como una decisión que requirió “audacia”, ya que, según dijo, ninguna empresa india del sector había adquirido anteriormente una compañía estadounidense.

Dos años después, compró Sandberg & Sikorski, otro importante proveedor de joyería que también abastecía a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Luego, en 2008, una amiga le pidió a Modi que le diseñara un par de pendientes, según contó.

“Cuando vi la alegría que le produjo mi creación, decidí que esto era lo que quería hacer”, dijo a Millionaireasia.

Y en 2010 creó Nirav Modi.

Se considera ampliamente que India fue el lugar donde se descubrieron los primeros diamantes, con hallazgos que se remontan a hace más de 4.000 años.

Durante siglos, los gobernantes de India atesoraron estas piedras preciosas, con las que adornaban sus palacios, tronos y coronas, y las lucían como ostentosas muestras de riqueza y opulencia.

Sin embargo, muchas de estas gemas terminaron siendo llevadas fuera de India por los británicos durante la colonización.

Cuando India obtuvo su independencia en 1947, era un país profundamente pobre que sufría las consecuencias de una violenta partición que dejó hasta 2 millones de muertos. Pero incluso cuando India abrió sus puertas a la inversión extranjera en la década de 1990, lo que impulsó el auge de la clase media, el país seguía cargando con el estigma de la pobreza.

Para muchos indios, el rápido ascenso de Modi demostró al mundo que India también podía llegar a lo más alto. Su marca brilló como símbolo de orgullo nacional y poder blando.

Un momento decisivo llegó en 2010, cuando la prestigiosa casa de subastas Christie’s vendió una de sus creaciones por poco más de US$ 3,5 millones.

El collar Golconda Lotus, con una piedra central de 12,29 quilates rodeada de hileras de diamantes blancos y rosados, acaparó titulares y apareció en la portada de un catálogo de la prestigiosa casa de subastas, algo que ocurría por primera vez con una marca india.

“Fue importante para demostrar cómo un diseñador indio podía crear algo valorado en millones de dólares con piedras de la mejor calidad y de las más codiciadas del mundo”, dijo el autor Lall, quien destacó el trabajo artesanal de Modi y la selección de las piedras para la pieza.

“De hecho, revisó minuciosamente años y años de catálogos de Christie’s para ver exactamente qué funcionaba bien en las ventas y qué no. Corte, color, claridad, diseño, valor… todo se tuvo en cuenta antes de crear la pieza para la subasta”.

Cinco años después, Modi inauguró su primera tienda internacional en Madison Avenue, en Nueva York. Para celebrar la ocasión, organizó un gran evento de apertura en el Rockefeller Center que atrajo a varias figuras destacadas de Nueva York, entre ellas Donald Trump Jr. y quien entonces era su esposa, Vanessa Trump. Las actrices Naomi Watts y Nimrat Kaur y la supermodelo Coco Rocha estuvieron entre los asistentes.

“La marca está creada para una mujer que quiere verse espectacular todos los días”, explicó Modi en una entrevista de 2015 con motivo de la apertura de la tienda. Al destacar su conjunto de collar y pendientes de diamantes Maharani, valorado en US$ 1,6 millones y que estaba a la venta en la boutique, añadió: “Estos diamantes eran los que llevaban los reyes y las reinas de India hace siglos”.

Al año siguiente, la modelo Rosie Huntington-Whiteley protagonizó su campaña de otoño/invierno. En 2017, la actriz Priyanka Chopra fue nombrada embajadora mundial de la marca, el mismo año en que Forbes estimó el patrimonio neto de Modi en US$ 1.800 millones.

Posteriormente abrió más tiendas en importantes ciudades, entre ellas Londres, Hong Kong, Beijing, Macao, Las Vegas, Honolulu, Kuala Lumpur y Singapur.

Lall calificó las aperturas de sus boutiques en Nueva York y Londres como momentos decisivos para Modi, no solo porque la mayoría de las empresas tenían que llevar varias décadas en el mercado antes de poder permitirse locales en esas zonas, “sino también porque era el único indio que lo había hecho”.

Mientras el nombre de Modi aparecía en vallas publicitarias y escaparates de todo el mundo, comenzaron a circular rumores y preguntas dentro de la industria, y algunos se preguntaban de dónde obtenía el dinero.

El principal banco de Modi para sus operaciones comerciales era Punjab National Bank (PNB), actualmente el segundo banco más grande del sector público de India. El presunto fraude se desarrolló en su sucursal Brady House, ubicada en el distrito artístico de Mumbai, una zona muy codiciada en el próspero sur de la ciudad. Era un lugar discreto para un presunto fraude de miles de millones de dólares: una pequeña oficina con escritorios estrechos donde los empleados trabajaban detrás de ventanillas de vidrio. Ahora es una cafetería que sirve café orgánico.

Según investigadores indios, algunos funcionarios de PNB emitieron instrumentos financieros conocidos como cartas de compromiso (LoU, por sus siglas en inglés) a empresas controladas por Modi, Choksi y sus asociados. Estas garantías les permitieron obtener líneas de crédito de bancos extranjeros, que luego utilizaron para comprar diamantes y realizar negocios internacionales.

Las LoU eran un instrumento de financiación comercial propio de India que funcionaba como garantía bancaria para obtener préstamos en el extranjero y era ampliamente utilizado por los importadores. Dejaron de utilizarse poco después de que saliera a la luz el presunto fraude.

Los investigadores afirman que el esquema se sustentó en una falla crucial de los controles internos. Funcionarios de PNB presuntamente emitieron las LoU sin obtener la garantía obligatoria en efectivo exigida por las normas bancarias y no registraron las transacciones en los sistemas centrales del banco, lo que permitió que las obligaciones permanecieran ocultas para los auditores y la alta dirección durante años.

En enero de 2018, cuando los asociados de Modi solicitaron nuevas cartas, un nuevo funcionario a cargo les exigió una garantía en efectivo, lo que finalmente dejó al descubierto el presunto fraude.

Un mes después, la noticia salió a la luz. Pero Modi y su familia no pudieron ser localizados.

Mientras el escándalo dominaba los programas televisivos de máxima audiencia y ocupaba las portadas de todo el país, las especulaciones sobre el paradero de Modi se convirtieron en una historia en sí mismas. Circulaban rumores de que se escondía en Hong Kong, había reaparecido en Nueva York o vivía discretamente en Londres.

Interpol emitió una notificación roja para su arresto. En India, las autoridades actuaron con firmeza y confiscaron sus propiedades y bienes de lujo, desde vehículos de alta gama hasta joyas y obras de arte.

A medida que los investigadores de la CBI profundizaban en el caso, arrestaron a dos empleados de PNB por presuntamente emitir las cartas fraudulentas, entre ellos el subgerente Gokulnath Shetty y el empleado de menor rango Manoj Kharat.

Ambos fueron arrestados en febrero de 2018 y permanecen en libertad bajo fianza a la espera de juicio. Los dos niegan los cargos.

CNN contactó al abogado de Shetty para solicitar comentarios.

Kharat dijo a CNN que lo convirtieron en un “chivo expiatorio” en el caso.

Proviene de una familia de clase media de Karjat, una localidad montañosa a unos 60 kilómetros de Mumbai. Como hijo mayor, dijo que era motivo de orgullo para su familia, que celebró cuando consiguió en 2014 lo que consideraban un empleo seguro y prestigioso en un banco de la ciudad.

“Todos estaban felices conmigo”, dijo Kharat. Pero insiste en que era poco más que un engranaje dentro de la maquinaria en lo relacionado con las acusaciones de un fraude de miles de millones de dólares.

“Mi trabajo era únicamente ingresar datos. Eso es todo. Ningún poder. Ninguna autorización. Ninguna autoridad”.

Los años entrando y saliendo de prisión, sumados a los crecientes gastos legales, han tenido un fuerte impacto en su familia, añadió.

“Financieramente, estoy completamente arruinado. Ahora no hago nada. Ya no tengo ninguna fuente de ingresos. ¿Qué se supone que debo hacer?”

Modi fue arrestado en Londres a petición de las autoridades indias en marzo de 2019, más de un año después de que saliera a la luz el presunto fraude. Desde entonces permanece en una prisión de Londres y ha perdido repetidamente sus apelaciones contra la extradición.

En India, funcionarios han dicho que el próximo destino de Modi será la histórica cárcel de Arthur Road, la prisión más grande y antigua de Mumbai, donde esperará el juicio. Esta prisión de máxima seguridad es un extenso complejo que alberga a miles de detenidos, entre ellos conocidos miembros de organizaciones criminales, terroristas y destacados condenados por delitos de cuello blanco.

Su tío y mentor, Choksi, fue arrestado el año pasado en Bélgica. También lucha contra su extradición a India, donde se espera que sea recluido en la misma prisión que su sobrino. Choksi ha negado varios cargos, entre ellos fraude y lavado de dinero. CNN contactó a sus abogados.

Santosh Srivastava, exempleado de Choksi, dijo a CNN que tuvo dudas sobre las operaciones financieras de la compañía cuando trabajaba como jefe de la división minorista de Gitanjali Gems en India.

Dijo que se había reunido varias veces con Modi en desfiles de moda y eventos de la empresa. Modi era increíblemente “carismático” y un “buen negociador”, dijo Srivastava, quien lo describió como alguien con una personalidad capaz de dominar una sala entera.

Para el Gobierno de India, algunos consideraron que el escándalo fue una vergüenza política que provocó protestas de la oposición. El primer ministro Narendra Modi —sin parentesco con Nirav Modi—, quien había llegado al poder cuatro años antes con la promesa de combatir la corrupción, enfrentó una intensa presión de los medios y de la opinión pública para lograr la extradición del joyero prófugo.

El caso también perjudicó la imagen de la industria del diamante en India, según Mehta, presidente de Bharat Diamond Bourse. “Hubo momentos difíciles entonces por los bancos y todo lo demás”, dijo, y explicó que para las empresas se volvió más difícil obtener préstamos.

“Desde el punto de vista financiero, debido al daño a la reputación, el mercado sufrió un golpe”, dijo. “Pero eso ya quedó atrás”.

Para los fiscales indios, ha habido muy pocos avances en sus esfuerzos por llevar a Modi ante la justicia, mientras el prófugo libra una batalla cada vez más desesperada para impedir su extradición a India.

Sus abogados sostienen que enviarlo de regreso podría exponerlo a “torturas y malos tratos” y agravar su frágil salud mental, hasta el punto de que podría quedar incapacitado para enfrentar un juicio.

El Tribunal Superior de Reino Unido rechazó su apelación y concluyó que las garantías ofrecidas por el Gobierno de India eran suficientes para responder a las preocupaciones sobre sus condiciones de reclusión y atención médica. Modi sería recluido en una sección específica de la cárcel de Arthur Road y tendría acceso a tratamiento especializado, dijeron las autoridades indias, incluida la atención de un médico privado o un especialista en salud mental de su elección.

Tras agotar sus opciones legales en Reino Unido, Modi habría llevado su caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que le concedió el anonimato. En julio, medios indios informaron que esa vía también había sido rechazada.

El TEDH dijo a CNN en un comunicado escrito que los procedimientos del tribunal son de “carácter público, salvo” en los casos en que se haya concedido el anonimato a un demandante o el expediente sea confidencial. “No hay ningún caso pendiente ante el Tribunal a nombre de Nirav Modi. Esto significa que no hay nada pendiente ante el Tribunal relacionado con Nirav Modi o que se le ha concedido el anonimato”, señaló.

Durante años, Modi, un hombre de baja estatura y con calvicie, ha ocupado un lugar desproporcionadamente importante en el imaginario público de India. Aunque concedió entrevistas a medios internacionales durante su meteórico ascenso, el autor Lall lo describió como “extremadamente tímido”.

“Para alguien que estaba en un negocio tan ostentoso, en realidad hablaba muy bajo”, dijo Lall. “Había que esforzarse para escuchar lo que decía”.

Si finalmente llega a India, es previsible que los canales de noticias le dediquen una cobertura exhaustiva.

Para el Gobierno de India, supondría el esperado proceso judicial contra un hombre cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de corrupción y engaño. Para algunos indios, podría aplacar parte de la indignación que aún persiste por la percepción de que los ricos y famosos pueden eludir la rendición de cuentas.

“Si finalmente es extraditado, probablemente será todo un espectáculo”, dijo Lall.

Para Modi, un hombre que buscó hacerse un nombre internacional en el comercio de diamantes, será un regreso a casa. Pero no el que esperaba.

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Monitores de tobillo, arrestos y empleos perdidos: las nuevas realidades que enfrentan muchos haitianos en EE.UU.

Una enfermera a la que ya no se le permite trabajar en uno de los principales hospitales de la ciudad se refugió en su casa en Boston, temerosa de que ICE pudiera estar en el vecindario.Una madre le envió un mensaje desesperado a una amiga en Springfield, Ohio: “Mi hija está completamente traumatizada”.Y residentes del este de Maryland se encontraron con una escena desconcertante: vehículos abandonados en gasolineras con los motores todavía encendidos.“Están arrestando a gente por todas partes, a algunos en plena calle. (…) Tenemos personas que fueron al supermercado a comprar comida para cocinarles a sus hijos y no regresaron a casa”, dijo la Dra. Marie D. Fouché, fundadora y directora ejecutiva de Safe Harbor Circles, una organización de Salisbury, Maryland, que brinda apoyo a inmigrantes.En las semanas transcurridas desde que la Corte Suprema allanó el camino para que el Gobierno de Trump pusiera fin a las protecciones contra la deportación para unos 350.000 haitianos, y en los días desde que una jueza de un tribunal inferior dio un paso legal clave que hizo efectiva la medida, una nueva realidad ha comenzado a tomar forma en comunidades que mantenían la esperanza de un alivio de último momento.El miedo y la confusión están generalizados entre quienes anteriormente estaban amparados por el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), que les había permitido trabajar legalmente en Estados Unidos durante años y que ahora, de repente, se encuentran expuestos a la detención y la deportación.“Ahora no tenemos ninguna protección”, dijo Vilès Dorsainvil, cofundador y director ejecutivo del Haitian Community Help and Support Center en Springfield. “Cualquier cosa puede pasar en cualquier momento”.Las autoridades federales han dado pocos detalles sobre esta fase de las medidas migratorias del Gobierno y han reiterado que no hablarán sobre operaciones en curso o futuras. No han publicado datos sobre cuántos haitianos han sido detenidos desde que terminó el TPS. Y hasta este sábado, activistas que siguen de cerca los vuelos de deportación no habían registrado ninguno con destino a Haití en las últimas dos semanas.Sin embargo, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, dijo la semana pasada que ya estaban en marcha operaciones dirigidas contra haitianos que estaban amparados por el TPS.“Estamos yendo tras ellos ahora mismo. (…) Estas personas pueden autodeportarse o las arrestaremos y las enviaremos de regreso. Así de simple”, dijo el martes a NewsNation.Las operaciones contra personas que anteriormente estaban amparadas por el TPS, incluidos haitianos, se intensificaron a finales de julio y se espera que continúen, dijeron a CNN dos fuentes con conocimiento de las operaciones.Al menos cinco personas contactaron la semana pasada a la organización de defensa de los inmigrantes Haitian Bridge Alliance para informar que familiares habían sido detenidos en distintas partes de Estados Unidos, según Guerline Jozef, directora ejecutiva de la organización. Las personas que llamaron informaron de arrestos de antiguos beneficiarios del TPS, que a menudo conducían cuando se encontraron con agentes de ICE, en Arizona, California, Indiana y Maryland, dijo.“El temor es que las cifras aumenten. Las operaciones siempre ocurren, incluso cuando no nos enteramos por las noticias. Están ocurriendo a diario dentro de la comunidad”, afirmó.Los residentes de uno de los enclaves haitianos más recientes —y conocidos— del país dicen que todavía no han visto un aumento de los arrestos de ICE. Springfield atrajo la atención nacional después de que el presidente Donald Trump acusara sin fundamento a los haitianos de la ciudad de comerse las mascotas durante un debate de campaña en 2024. Algunos han especulado que esta ciudad del centro del país, donde viven unos 15.000 haitianos, sería uno de los focos de los arrestos tras el fin del TPS.Líderes de Springfield dicen que el aumento de la presencia de ICE que muchos temen todavía no se ha materializado. Sin embargo, cientos de cartas del Departamento de Seguridad Nacional que han llegado por correo han puesto a la comunidad en alerta.“Por favor, preséntese en la oficina que se indica a continuación, en la fecha, hora y lugar señalados, en relación con un asunto oficial”, dicen las cartas, según una copia que Dorsainvil compartió con CNN.A quienes se han presentado en las oficinas de ICE después de recibir las notificaciones se les han colocado monitores de tobillo que permiten a las autoridades rastrear su ubicación, según Dorsainvil, y a muchos se les han asignado fechas de audiencia judicial para aproximadamente un mes después.Los monitores de tobillo forman parte de un programa de ICE utilizado con frecuencia conocido como “alternativas a la detención”. Pero Dorsainvil dice que, para muchos haitianos en Springfield, los dispositivos evocan la dolorosa historia de los grilletes utilizados durante la esclavitud, y que él y otros activistas intentaron sin éxito convencer a las autoridades de que los monitores no eran necesarios.Ahora, dice, muchos haitianos enfrentan no solo la presión social de no poder trabajar y mantener a sus familias, sino también la presión psicológica de un trato deshumanizante.“Es tan… humillante”, dice.Las cartas y los monitores de tobillo han agravado una situación que ya era tensa, según Marjory Wentworth, integrante de la junta directiva del Haitian Community Help and Support Center, quien también trabaja con G92, una organización religiosa que defiende a los inmigrantes de la comunidad.Wentworth describió un mensaje de texto desesperado que recibió de una amiga, cuya hija adolescente teme que ICE arreste a su padre.“Es aterrador… el estrés emocional y psicológico que sufren estas personas y estas familias”, dice.Consultado sobre las cartas y los monitores de tobillo, un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional dijo a CNN que el TPS siempre estuvo pensado como una medida temporal y mencionó el programa de autodeportación del Gobierno, que ofrece incentivos económicos a los inmigrantes indocumentados que decidan abandonar el país.“Lo que diríamos ahora es que llegó la hora de cerrar, lo que significa que no tienen que irse a casa, pero no pueden quedarse aquí”, dijo el portavoz. “La buena noticia es que todavía están a tiempo de recibir un cheque de US$ 2.600 y un vuelo gratis de regreso a casa”.Pero una enfermera de 29 años en Boston dijo a CNN que regresar ahora a Haití está fuera de toda posibilidad para ella y para muchos otros que huyeron del país caribeño después del devastador terremoto de 2010, solo para observar con horror desde lejos cómo la violencia de las pandillas ha vuelto al país cada vez más peligroso.“No hay empleos. La mayoría de los hospitales están tomados por pandillas o han sido destruidos y (…) la economía no está bien. No tenemos líderes ni Gobierno. Simplemente es muy inseguro”, dijo la enfermera, quien pidió permanecer en el anonimato porque ahora, sin el TPS, teme por su seguridad.Ha pasado más de la mitad de su vida en Estados Unidos y trabajó como enfermera durante ocho años en uno de los principales hospitales de Boston, hasta la semana pasada, cuando se vio obligada a tomar una licencia después de que venciera su permiso de trabajo.Lidiar con el posible fin del TPS desde que el Gobierno de Trump anunció por primera vez que lo pondría fin ha sido, según dice, como atravesar una y otra vez las etapas del duelo en un ciclo interminable.“Me he enojado, he estado en negación, me he sentido frustrada… y cada vez que pienso: ‘Bueno, estoy aceptando que esto es así, que esta es la realidad’, vuelves a pasar por todo otra vez”, dice. “Siento que esto ha estado sobre mi cabeza durante años. Y he intentado encontrar una vía adecuada para salir de esta situación, pero siento que simplemente no la había”.En estos días, concentra sus esfuerzos en buscar empleos de enfermería en el extranjero y espera que otro país le dé la oportunidad de utilizar las habilidades para las que se preparó con tanto esfuerzo antes de que las medidas migratorias en Estados Unidos se intensifiquen aún más.“Están perdiendo a muchos de nosotros, a muchas personas como yo. Estamos dispuestos a trabajar. Estamos preparados. Trabajamos muy duro y sentimos que no nos necesitan, que no nos valoran y que todos nuestros años de servicio han pasado inadvertidos”, dice.Muchas empresas se han visto gravemente afectadas por la pérdida de empleados haitianos en las últimas semanas, según Rebecca Shi, directora ejecutiva de American Business Immigration Coalition.La organización representa a directores ejecutivos y asociaciones de los sectores manufacturero, de atención médica, cuidado de adultos mayores, construcción, agricultura y hotelería. Shi dice que al menos dos de sus miembros se vieron particularmente afectados por el fin del TPS para los haitianos: un hotel turístico en Florida que perdió a más de 150 trabajadores y un centro para adultos mayores en Massachusetts que perdió a más de 50 empleados.Esto ya está teniendo efectos en cadena, dice, y señala que algunos hogares de ancianos ahora consideran cerrar algunas áreas debido a la falta de personal tras perder a tantos trabajadores.“Los trabajadores estadounidenses que forman parte de los equipos no solo extrañan a sus colegas y compañeros, también están agotándose. Están asumiendo una carga de trabajo mucho mayor porque una cuarta parte de la fuerza laboral ya no está”, dijo.Activistas y líderes locales dicen que también han observado la ausencia de haitianos en las calles de muchas comunidades.En Salisbury, que se ha convertido en un centro para haitianos que trabajan en fábricas y granjas cercanas, ICE comenzó recientemente a detener personas en estacionamientos y otros lugares frecuentados por inmigrantes, según Fouché, de Safe Harbor Circles.El aumento de los arrestos ha llevado a muchos haitianos a esconderse, dice. “La gente no está saliendo”.Las calles de los vecindarios haitianos de la ciudad de Nueva York también se han visto notablemente más tranquilas. David Duchatellier dice que la actividad en su agencia de viajes en Cambria Heights, que también ofrece servicios de transferencia de dinero, se ha desplomado.“Ya no ves a la gente caminando como antes. Se quedan en casa porque no están trabajando. No van al supermercado a comprar comida. Y eso está afectando muchísimo a la economía”, dice.Duchatellier, un haitiano-estadounidense que vive en Estados Unidos desde hace más de 50 años, dice que ha escrito a miembros del Congreso para instarlos a alcanzar un acuerdo legislativo que ayude a los haitianos, y espera que los asesores de Trump le expliquen cuánto perjudicará a la economía estadounidense una ofensiva contra los haitianos.“Usted no causó esto, pero puede solucionarlo de una vez por todas. (…) Nadie le está dando este consejo en este momento. Ojalá pudiera sentarme con él solo cinco minutos”, dice Duchatellier.Todavía hay margen para que el Gobierno cambie de rumbo, afirma.Pero muchos parecen estar perdiendo la esperanza.Judith Polidor, quien trabaja como asistente legal en el vecindario Little Haiti de Brooklyn, dice que resulta abrumador atender un número creciente de llamadas de haitianos que no saben a dónde acudir.“Es tristeza todo el día. (…) Están llorando. (…) Todo el mundo tiene una emergencia. (…) Solo necesitan que alguien los escuche”, dice, “aunque no puedas hacer nada”.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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