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US-Iran strikes ‘put into question’ key parts of MOU, Qatari official says

Dr. Majed al-Ansari, Advisor to the Prime Minister of Quatar and Official Spokesperson for the Ministry of Foreign Affairs, speaks onstage during Global Citizen NOW: Impact Sessions on September 24, 2025, in New York City. (Photo by Rob Kim/Getty Images for Global Citizen)

(LONDON) — Renewed fighting between the U.S. and Iran in the Middle East puts into question key elements of the memorandum of understanding (MOU) agreed by regional nations last month, a senior Qatari government official told ABC News on Thursday.

Majed al-Ansari, an adviser to Qatar’s prime minister and the spokesperson for the country’s Ministry of Foreign Affairs, said on the sidelines of the Chatham House think tank’s 2026 conference in London that Doha is hoping that intense rounds of reciprocal strikes between the U.S. and Iran do “not kill off the memorandum of understanding altogether.”

“But it does put into question a lot of other things that we have already agreed upon,” he said.

The past 48 hours, Ansari said, have been “quite tense.” He added that since the resumption of strikes, “We’ve seen again navigation through the Strait of Hormuz basically grind to a halt.”

“We are urging all sides to exercise restraint and give some more time for the talks,” Ansari said.

U.S. Central Command said it launched more than 170 strikes on Iranian targets over the past two days in response to alleged Iranian attacks on commercial shipping transiting the Strait of Hormuz earlier this week — allegations that Tehran denied. One of the ships attacked was a Qatari liquid natural gas tanker, the Al-Rekayyat, Qatar said.

In response to the U.S. strikes, the Iranian military claimed to have launched attacks on U.S. military facilities in Kuwait, Bahrain and Qatar.

The U.S. and Iran have traded several volleys of attacks since the MOU was signed on June 17.

Ansari denied the Iranian claim that it launched fresh attacks on Qatar on Thursday. “There haven’t been any attacks in Qatar. The Iranian claims, they’re claims. But our military was very much ready, immediately as the attacks began on the region,” he said. “We had some pass overs, but nothing targeting us.”

President Donald Trump on Wednesday suggested that the MOU was “over” following the reported Iranian attacks, dismissing leaders in Tehran as “scum” and threatening intensified military action.

Asked about those comments, Ansari said Doha and “all parties remain engaged in the talks.”

“Yes, we’re not at the place that we were hoping to be at this time in the chronology of where we wanted the talks to go. But talks have not broken down,” he said. “But, of course, any escalation on the ground derails the diplomatic work.”

Qatar — alongside Pakistan — played a key role in forging the 14-point MOU agreed in June, under which the U.S. and Iran agreed to the reopening Strait of Hormuz and the end of the U.S. naval blockade of Iranian ports. 

The agreement also stipulated that fighting would stop for 60 days while the U.S. and Iran negotiated the terms of a final deal, which would cover issues including Iran’s nuclear material.

Ansari said talks on that final deal are ongoing despite the escalating strikes and heated rhetoric from both Washington and Tehran.

“The easy answer is everybody’s talking to everybody,” he said when asked what was happening behind the scenes, noting that work is ongoing on all three separate tracks — one regarding the Strait of Hormuz, one regarding Iran’s nuclear program and the third regarding the sanctions on Iran and frozen Iranian assets.

“Our focus is on that diplomatic resolution right now,” Ansari added. “The focus has to be on the diplomatic track working, the talks succeeding and on the end of war to pave the way for sustainable peace in our region, and not for it just to be lulls between attacks.”

“No country, however strong that country is when it comes to its military, is able to withstand an unending military conflict in a small region like ours,” Ansari said.

Nonetheless, he said Qatar’s armed forces are prepared for renewed conflict. “We have taken all the contingencies in respect of what might happen in the region,” Ansari said. 

Qatar, he added, has “not taken part in any attacks against Iran or any other of our neighboring countries.” When asked if Doha would be willing to do so, Ansari replied, “We reserve the right to retaliate.”

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En un Brasil polarizado entre Lula y Flávio Bolsonaro, los partidos intentan formar alianzas pero triunfa la neutralidad

El cierre de la temporada de convenciones partidarias el 5 de agosto sirvió no solo para concluir el diseño de las candidaturas presidenciales, sino también para revelar un nuevo fenómeno que debe ser estudiado por la ciencia política brasileña. Por definición, los partidos políticos deberían tomar partido o posición en una disputa tan importante como la del futuro presidente del país, ya sea con candidaturas propias o apoyando a un nombre lanzado por otra agrupación. En 2026, sin embargo, lo que predominó fue lo opuesto: la neutralidad.A excepción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (del Partido de los Trabajadores), candidato a la reelección apoyado por otros seis partidos, todos de izquierda, ningún otro aspirante al Palacio del Planalto logró atraer a otra sigla. Con esto, todos los adversarios del petista disputarán la elección en listas puras; el último en anunciar el nombre del vicepresidente fue Flávio Bolsonaro (el Partido Liberal), quien eligió dentro del partido al diputado de Alagoas Alfredo Gaspar.El candidato del PL intentó, pero no logró reproducir la alianza que apoyó a su padre. En 2022, el entonces presidente Jair Bolsonaro contaba con el apoyo del PP (Partido Progresista) y Republicanos, que ahora prefirieron mantenerse neutrales, a pesar de la posibilidad de indicar el nombre de una mujer para competir por la vicepresidencia; en el primero, la opción era la senadora y exministra Tereza Cristina, y en el último está afiliada la expresidenta de la Caixa Econômica Federal Daniella Marques, muy cercana al exministro de Economía Paulo Guedes.La alianza de Lula vuelve a tener a Geraldo Alckmin (Partido Socialista Brasileño o PSB) como candidato a vicepresidente y suma siete partidos. Es la coalición más amplia que la izquierda brasileña ha formado al inicio de una disputa presidencial: nunca antes el PT, el PSB, el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), el Partido Comunista de Brasil (PC do B), el Partido Verde (PV) y Rede habían comenzado juntos una primera vuelta.En contrapartida, Lula no logró ir más allá del campo de la izquierda este año como lo hizo en 2022, cuando partidos más al centro e incluso exadversarios —empezando por Alckmin— se habían sumado a la alianza. Cuatro años atrás, el palanque también contaba con Solidariedade, Avante, Agir y PROS. Avante prefirió este año tener candidatura propia, con el escritor y psiquiatra Augusto Cury, autor de libros best-seller de ficción y autoayuda.Para quienes no están habituados a las articulaciones de la política brasileña, como el público extranjero, puede resultar extraño pensar en un candidato a presidente que tenga a una persona de otro partido en la fórmula. Pero en Brasil esto es casi una regla para ampliar la base de apoyo político e iniciar negociaciones para la composición de un futuro gobierno.Estas negociaciones ocurren no solo en las disputas mayoritarias —cargos de presidente, gobernador, alcalde y senador—, sino también en las proporcionales, sistema por el cual se eligen diputados federales, diputados estatales y concejales, también con miras a la construcción de un futuro gobierno de coalición.En 2017, sin embargo, un cambio en la legislación prohibió las coaliciones para los cargos del Legislativo en los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), para contener distorsiones que ocurrían frecuentemente en el pasado: en una alianza entre partidos de espectros políticos diferentes, por ejemplo, el elector elegía a un candidato a diputado más a la izquierda del partido A, pero ese voto ayudaba a elegir a un parlamentario de centro o incluso de derecha del partido B, y viceversa, debido a coaliciones que podían reunir hasta una docena o más de siglas.Fuera de eso, Brasil pasó a adoptar una cláusula de desempeño para que los partidos tengan acceso al financiamiento público de sus actividades, participación en el horario de propaganda gratuita en radio y televisión, además de asegurar el derecho a ser invitados a debates en esos medios de comunicación.Como las bancadas federales son el criterio para esta barrera, nada más justo que cada sigla dispute espacio de forma individual, y no en coalición. La excepción es si dos o más partidos deciden formar una federación, con una duración mínima de cuatro años (dos ciclos electorales). Siglas con riesgo de extinción o de no superar la barrera legal adoptaron esta estrategia de supervivencia.De los diez partidos y federaciones más grandes de Brasil, solo tres tendrán candidatos propios a la presidencia y dos se aliaron con Lula. Los otros cinco prefirieron la neutralidad. En esta lista están União Brasil y PP, federación con casi 100 parlamentarios, Republicanos, MDB, Podemos y la federación PSDB-Cidadania.Todos estos partidos lanzaron candidatura propia a la presidencia o participaron en una coalición de este tipo, en medio de la polarización entre Lula y Bolsonaro. Con la tendencia de repetirse el escenario, ahora entre el petista y el hijo del expresidente, los partidos prefirieron el pragmatismo de fortalecer las bancadas en el Congreso a arriesgarse contra los dos polos políticos. En una disputa reñida, comprometerse temprano con uno de los lados significa apostar por quien puede perder — mientras que no comprometerse preserva el poder de negociación.Es necesario considerar también el historial de los partidos en Brasil. Muchas de estas siglas tienen divisiones internas: los políticos de los estados del centro-sur del país son más conservadores, mientras que los de la región Nordeste tienen mayor proximidad con los petistas. Arbitrar estas divergencias es más costoso para los dirigentes nacionales que simplemente liberar a los correligionarios para apoyar al candidato presidencial que sea más popular en sus reductos.En la campaña, la neutralidad también trae otro efecto beneficioso para Lula en comparación con los adversarios: solo cuatro candidaturas tendrán derecho a participar en la propaganda electoral. El petista se quedó con la mayor porción del tiempo, seguido por Flávio Bolsonaro, Ronaldo Caiado (PSD) y Augusto Cury.Aquí cabe otra explicación para el lector fuera de Brasil, sobre un mecanismo poco común en otros presidencialismos de la región. Las enmiendas parlamentarias son porciones del Presupuesto federal cuya destinación es definida individualmente por diputados y senadores. Buena parte de ellas es de ejecución obligatoria — el llamado presupuesto impositivo, creado justamente para quitarle al presidente el poder de liberar o retener esos recursos según la lealtad del parlamentario.En la práctica, cada congresista lleva hoy una cartera propia de dinero público para obras y alcaldías de su base electoral. El presupuesto de 2026 reserva cerca de R$ 61.000 millones (aproximadamente US$ 11.938 millones) para ese gasto, de los cuales R$ 37,8 mil millones (aproximadamente US$ 7.400 millones) son impositivos.Fue este engranaje el que transformó a la bancada, y no al ministerio, en el activo más valioso de la política brasileña — y que invirtió la aritmética de las alianzas. Un partido grande y sin compromiso presidencial negocia con quien gane; un partido grande dentro de una fórmula derrotada corre el riesgo de quedar cuatro años en el ostracismo.La campaña que comienza ahora será, por eso, más polarizada que la de 2022. Pero la cuenta política más dura no se paga en octubre. Se paga en 2027, cuando el presidente electo abra la primera negociación con un Congreso que pasó toda la elección sin deberle nada.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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