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Timothée Chalamet, Zendaya star in ‘Dune: Part Three’ official trailer

Timothée Chalamet as Paul Atreides in ‘Dune: Part Three.’ (Warner Bros. Pictures)

It’s time to go back to Arrakis.

Warner Bros. Pictures has released the official trailer for Dune: Part Three, starring Timothée Chalamet as Paul Atreides.

Denis Villeneuve directed and wrote the script alongside Brian K. Vaughan for the third and final film in his Dune trilogy, based on Frank Herbert’s novel Dune Messiah.

The new movie is set almost two decades after Paul Arteries took control of the Imperium.

“Now a ruthless Emperor, Paul must face the consequences of his reign as old allies return, terrifying new threats emerge, and betrayal lurks in every shadow. Haunted by visions of Imperial collapse and the reappearance of his long-lost love, Paul is drawn into a sweeping conspiracy, with Chani at the heart of its unfolding mystery,” according to the film’s official description. “As rebellion brews and enemies close in, Paul must confront the true cost of power and the fate of those he loves the most.”

The trailer begins with Zendaya’s Chani yelling at Chalamet’s Paul.

“I trusted you! You promised me that you would never take power in your name. You convinced me that this was your home. That I was your home,” she says.

We also see Jason Momoa’s return to the Dune universe. Momoa previously portrayed Duncan Idaho in Dune: Part One. Now, his character is known as Hayt. He tells Paul that he is “way beyond redemption.”

The trailer ends with Paul saying, “Forgive me for all I’ve done.”

Florence Pugh, Rebecca Ferguson and Isaach De Bankolé also star in the film, along with Charlotte Rampling, Anya Taylor-Joy and Javier Bardem. They’re joined by newcomers Nakoa-Wolf Momoa and Ida Brooke.

Dune: Part Three arrives in theaters on Dec. 18.

Copyright © 2026, ABC Audio. All rights reserved.

La teoría de Trump sobre el poder global se enfrenta a un ajuste de cuentas en Irán y Canadá

La presidencia de Donald Trump se basa en la premisa de que él y Estados Unidos son tan poderosos que tanto aliados como enemigos deben someterse a su voluntad.Su ruptura con décadas de doctrina de política exterior estadounidense se refleja en sus discursos y estrategias de seguridad nacional.En enero, su principal asesor, Stephen Miller, lo explicó de la mejor manera, al declarar a Jake Tapper de CNN que las “leyes de hierro” dictan un mundo real “gobernado por la fuerza, por el poder”.Pero esta filosofía se enfrenta a sus pruebas más serias en los crecientes enfrentamientos con Irán y Canadá.Irán ha desafiado el poderío militar de Estados Unidos durante seis meses en una guerra que Trump inició pero que no ha podido terminar.El primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien suspendió las negociaciones comerciales con Washington, ha defendido con más vehemencia que ningún otro líder occidental que Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, “ha cambiado”.Carney declaró este sábado a su país que Trump estaba utilizando la “integración económica como arma”.Resulta revelador del profundo impacto de la era Trump que Canadá, uno de los amigos más leales de Estados Unidos, se encuentre en una situación de guerra económica similar a la de Irán, uno de los peores enemigos de Washington.Pero el lunes, la administración Trump no dejó lugar a dudas sobre lo que pretende en su guerra comercial con Ottawa y en su enfrentamiento armado con Teherán.El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció una “ofensiva económica” contra las conexiones financieras globales de Irán, estableciendo una analogía con el desembarco de Normandía que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.Mientras tanto, Trump advirtió en las redes sociales que “Estados Unidos siempre será mucho más grande, más rico y más fuerte que Canadá”. Añadió: “Alguien debería hacer que estos payasos se pongan en fila”.La retórica del Gobierno este lunes sugiere que Trump está llevando ahora la economía estadounidense a la guerra.Trump espera lograr un acuerdo comercial muy ventajoso con Canadá y, finalmente, provocar la caída del régimen iraní.Pero el futuro se presenta incierto en ambos frentes, ya que el presidente suele dar marcha atrás cuando se hacen evidentes las consecuencias económicas de sus intentos por imponer su autoridad.Cualquier esfuerzo prolongado de Estados Unidos por imponerse a Canadá e Irán —y a terceros países sancionados en su intento por desmantelar las redes financieras de Teherán— podría desencadenar represalias que provoquen aumentos en los precios de la energía y los alimentos para los consumidores estadounidenses.También podría desestabilizar los mercados estadounidenses en un momento en que algunos inversores temen una crisis de bonos.Si las amenazas del lunes son el preludio de más TACOs (“Trump siempre se acobarda”), el presidente socavará su propio poder y el de la nación, y se acercará cada vez más a la condición de presidente saliente a medida que se avecinan unas difíciles elecciones de mitad de mandato en noviembre.El anuncio de Bessent fue el último intento de Estados Unidos por encontrar una nueva salida a la guerra con Irán.Pero la analogía con el Día D parecía inapropiada, dados los terribles sacrificios que hicieron los soldados estadounidenses para liberar Europa.Y a diferencia de Bessent, el comandante aliado, el general Dwight Eisenhower, no pasó días en 1944 planeando un ataque masivo para luego lanzar nuevas amenazas de sanciones sin un cronograma definido.Sin embargo, los escépticos del Gobierno a menudo ignoran el verdadero poder que Trump podría ejercer mediante el uso inteligente de la guerra económica.Un esfuerzo verdaderamente global para cortar las vías de financiación y comercio de Irán podría infligir un daño extremo a una economía ya devastada.“Puede funcionar si conseguimos el apoyo de nuestros socios”, declaró Max Meizlish, exalto funcionario del Tesoro, en CNN News Central el lunes, refiriéndose específicamente a Bank Melli, un banco comercial iraní controlado por el Gobierno que opera en Francia, Alemania y otros lugares y que es una pieza clave en los esfuerzos de Irán por evadir las sanciones.Kenneth Rogoff, execonomista jefe del FMI y actual catedrático de la Universidad de Harvard, declaró a Richard Quest de CNN: “Fundamentalmente, las sanciones funcionan si se consigue el apoyo de la mayor parte del mundo. Pero si no es así, resulta muy difícil”.Es posible que Trump hubiera tenido más éxito con ese enfoque antes de enemistarse con los aliados de Estados Unidos con una guerra que muchos consideran imprudente e ilegal.Y puede que la Casa Blanca esté sobreestimando su capacidad para influir en los acontecimientos internos de Teherán.Los indicios de desacuerdo entre pragmáticos y sectores más intransigentes en materia económica son alentadores. Sin embargo, Washington lleva décadas sobreinterpretando estas señales y dando por sentado que el colapso del régimen sería inevitable.Lo más perjudicial es que la administración Trump está dando señales de que quizás no se toma en serio su propia política.No se tomaron medidas inmediatas contra varios bancos chinos que facilitan el comercio de petróleo iraní a precio reducido por parte de Beijing.China ya ha declarado que defenderá sus intereses, lo que podría interpretarse como una posible represalia contra Estados Unidos que podría elevar aún más los precios y enfurecer a los votantes estadounidenses.El año pasado, al amenazar con restringir las exportaciones de minerales de tierras raras, cruciales para las industrias de defensa y tecnología de Estados Unidos, demostró su capacidad para contrarrestar el poder de Trump.Además, el líder estadounidense tiene una fecha importante marcada en su calendario: la visita de Estado del presidente chino Xi Jinping el próximo mes. Es difícil imaginar que pueda enrarecer el ambiente antes de esa fecha.En un momento revelador, Bessent no hizo sino reforzar las dudas sobre la capacidad de la administración para mantener el curso. Se le preguntó por qué no ponía de inmediato sanciones secundarias a las entidades que comercian con Irán.“Bueno, estamos dando a todos la oportunidad de corregir su mal comportamiento; ¿por qué querría yo hacer estallar el sistema financiero global?”, respondió.La administración se muestra menos reacia a sancionar a los fabricantes de palos de hockey canadienses que a los bancos chinos.Y la retórica transfronteriza es cada vez más tóxica.“Debemos recordar que Canadá es un estado. Disculpen, fue un lapsus freudiano. En realidad fue un accidente”, comentó el vicepresidente J.D. Vance el lunes.El primer ministro de Ontario, Doug Ford, declaró en una conferencia de prensa: “Tengo mucho espacio en el trasero, así que (Trump) tiene mucho espacio para besarme el trasero”.En ocasiones, desahogarse puede crear margen político para retomar las conversaciones.Pero los canadienses creen que están inmersos en algo más que una disputa comercial.Drew Dilkens, alcalde de Windsor, Ontario, justo enfrente de Detroit, explicó el daño causado por las afirmaciones de Trump sobre que era el estado número 51. “Cuando lo dices por primera vez, tal vez puedas restarle importancia, pero el problema fue el hecho de insistir en ello y, sin duda, seguir reforzándolo”, le dijo a Brianna Keilar de CNN.Ottawa afirmó que, entre otras disputas, Carney puso fin a las negociaciones comerciales después de que Estados Unidos intentara debilitar sus garantías constitucionales de bilingüismo.Imprimir el empaque de los productos vendidos en Canadá tanto en francés como en inglés supone un inconveniente para las empresas estadounidenses.Sin embargo, es una muestra de la diversidad cultural y lingüística que mantiene unida a Canadá. Carney también insinuó que Washington pretendía restringir los acuerdos comerciales que su Gobierno pudiera firmar con terceros países.“No permitiremos que ninguna nación dicte nuestro futuro”, indicó Carney el sábado.Como economía más pequeña, Canadá sería la más perjudicada en una guerra comercial con Estados Unidos. Sin embargo, puede desafiar el poder estadounidense.Un prolongado duelo arancelario podría resultar en la destrucción mutua asegurada de la industria automotriz a ambos lados de la frontera.Además, el creciente impacto de los boicots canadienses podría debilitar a los republicanos en contiendas clave en los estados fronterizos de Michigan y Maine, que podrían decidir quién controlará el Senado estadounidense el próximo año.Y al intentar imponer su dominio, Trump puede haber revelado otra ley de hierro del poder que Miller no mencionó en enero.Cuando un pueblo ve amenazada su soberanía e independencia por una potencia superior hostil, prácticamente no hay precio que no esté dispuesto a pagar.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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