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¿Por qué el oro de Venezuela está congelado en el Banco de Inglaterra y qué tan probable es que lo recupere?

Dos países pelean por el control de un cargamento de oro resguardado en la bóveda de un banco. No, no es una novela de piratas en el siglo XVIII ni una película de robos, sino parte de la compleja realidad que vive Venezuela en un año signado por el cambio y la tragedia.

Y el expresidente de Venezuela Nicolás Maduro, capturado por fuerzas especiales de EE.UU. en enero y trasladado a Nueva York, donde esta martes se presentó nuevamente ante la Corte Federal del Distrito Sur en medio del proceso en su contra por narcoterrorismo y narcotráfico, entre otros cargos que rechaza, está en el centro de esta historia.

Se trata de 31 toneladas de lingotes de oro pertenecientes a Venezuela —parte de sus reservas totales— que fueron depositados en 2008 el Banco de Inglaterra y sobre los cuales Caracas no tiene control desde que la justicia británica le negó el acceso en 2019, tras no reconocer a Nicolás Maduro como presidente. Al precio actual del oro, equivaldría a unos US$ 4.000 millones.

“Ese oro es de nuestro pueblo y debe estar para atender las consecuencias terribles, trágicas de este doble terremoto”, dijo la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a comienzos de julio en una transmisión del canal estatal VTV. “Venezuela tiene recursos con qué recuperarse, con qué levantarse”, agregó.

¿Pero cómo llegó exactamente ese oro a Inglaterra, y porque se le negó acceso al Gobierno de Venezuela?

El Banco de Inglaterra es una institución pública con sede en Londres que funciona como el Banco Central del Reino Unido.

Posee, además, una de las bóvedades de oro más grandes del mundo —solo superada por la Reserva Federal de Nueva York en Estados Unidos— donde se albergan las reservas del Reino Unido, de instituciones financieras globales y de bancos centrales de otros países, entre ellos Venezuela.

El Banco de Inglaterra atesora 400.000 lingotes de oro, de acuerdo con su página oficial, entre estas las 31 toneladas de Venezuela (el país sudamericano tendría en total 61 toneladas de oro incluyendo sus reservas en Caracas, según información del Banco Central de Venezuela citada por Reuters). De acuerdo con documentos judiciales del Reino Unido, el BCV abrió en 2008 dos cuentas en Inglaterra para depositar oro.

El oro es un metal precioso fácil de moldear que ha funcionado como moneda de cambio durante miles de años, y que luego se utilizó también como garantía —y defensa contra la inflación— para las monedas en papel que los países imprimen.

Este sistema tambaleó en Europa a comienzos del siglo XX y se terminó definitivamente en 1971, cuando Estados Unidos abandonó el llamado “patrón oro”.

Ya no quedan países que garanticen sus monedas con oro, pero aún muchos Bancos Centrales mantienen reservas en este metal que aporta estabilidad y liquidez, y cuyo precio suele subir en momentos de crisis ya que es considerado un activo seguro.

El destino de los lingotes de Venezuela en Inglaterra comenzó a discutirse en medio del creciente dererioro de las relaciones entre Caracas y Washington tras a llegada al poder de Nicolás Maduro en 2013, y especialmente tras el conflicto política desatado luego de la elección de una Asamblea Nacional mayormente opositora en 2015, que el chavismo luego desconoció.

En noviembre de 2018 Reuters reportó que el Banco Central de Venezuela había iniciado gestiones para regresar parte de su oro desde Inglaterra por “temor a sanciones” que impidieran el acceso a estas reservas.

Las preocupaciones del chavismo parecían fundamentadas, ya que apenas dos meses después, en enero de 2019, la Asamblea Nacional pronunció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y declaró a Maduro como “usurpador”.

Tres días después, el Banco de Inglaterra impidió el retiro del oro por parte del Gobierno de Maduro, ya que tanto el Reino Unido como EE.UU. y otros países, habían reconocido a Guaidó como presidente legítimo del país.

Caracas intentó llevar el caso a las cortes, pero en 2020 el Tribunal Superior de Londres negó el acceso al oro por parte del Gobierno de Maduro, al considerar que Londres había “reconocido inequívocamente a Guaidó como presidente de Venezuela”.

La batalla legal no terminó ahí: hubo apelaciones y nuevos fallos en 2021 y 2022 a favor de negar el acceso al oro a Maduro y reconocer la legitimidad de Guaidó, en ese entonces en el exilio.

La presidencia interina de Guaidó, sin embargo, concluyó en enero de 2023 sin haber ejercido el poder y sin haber logrado acceder tampoco al oro. Y la pelea por las reservas venezolanas quedó en un limbo.

Mucho ha cambiado en Venezuela desde que Fuerzas Especiales de EE.UU. irrumpieron en la noche de Caracas el 3 de enero, mataron a la guardia cubana de Maduro y se lo llevaron junto a su esposa, Cilia Flores, para que comparezca ante un tribunal de Nueva York, dando por terminado su gobierno.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, figura de confianza de Maduro, asumió entonces como presidenta encargada y dirigió un giro copernicano en la política de Venezuela: reanudó las relaciones diplomáticas con EE.UU. (rotas en 2019 por Guaidó), abrió el sector petrolero a las inversiones estadounidenses, liberó a algunos de los prisioneros políticos que languidecían en las prisiones venezolanas —muchos siguen, sin embargo, encerrados— y alineó su gobierno con los proyectos regionales de Washington.

Y en medio de estos cambios, dos terremotos golpearon en junio el norte, especialente La Guaira, provocando una tragedia sin parangón en la historia del país: hay al momento más de 5.000 muertos, 16.000 heridos y decenas de miles de desplazados.

Es en ese contexto en el que Rodríguez pidió al Reino Unido, y específicamente al rey Carlos III, a quien le envió una carta, que libere el oro venezolano para usarlo en la reconstrucción.

El contexto político y humanitario parece favorable para una resolución del conflicto. Pero el oro sigue atado a batallas legales, y tampoco el rey Carlos III tiene capacidad real de intervenir, de acuerdo con su posición en la monarquía parlamentaria británica. “Como monarca constitucional, Su Majestad no interviene en ninguna disputa política o personal”, dice la página web del rey ante un pedido de información al respecto.

Desde el gobierno británico, sin embargo, la postura es clara. En enero, dos días después de la caída de Maduro, la secretaria de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, dijo en una exposición ante el Parlamento que el gobierno británico seguía sin reconocer al gobierno de Venezuela, aún sin Maduro.

Consultada específicamente por la liberación del oro, Cooper dijo que “el Banco de Inglaterra debe tomar decisiones de manera independiente, pero nuestros principios se centran en mantener y promover la estabilidad y la transición hacia la democracia”.

CNN contactó al Banco de Inglaterra para consultar por el pedido de Delcy Rodríguez y el estado actual de la disputa legal por el oro de Venezuela, y aguarda una respuesta. También contacto al Banco Central de Venezuela para obtener más detalles sobre el proceso de parte de Caracas.

La presidenta interina de Venezuela obtuvo, sin embargo, una victoria el viernes, cuando logró que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le girara US$ 346 millones para hacer frente a la reconstrucción tras los terremotos. Como sucede con el Banco de Inglaterra, Venezuela no tenía relaciones con el FMI desde 2019, por lo cual había quedado sin acceso a unos US$ 4.500 millones que el país posee en concepto de Derechos Especiales de Giro (DEG).

A pesar de este gesto del FMI, la batalla por el oro de Venezuela en Inglaterra parece que aún se disputa entre Caracas y Londres.

The-CNN-Wire
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The country pop sensation you might not have heard of

(CNN) — “Choosin’ Texas,” Ella Langley’s languid heartbreak anthem about losing her cowboy sweetheart to a girl from Texas, which Rolling Stone has declared the song of the summer, is everywhere and nowhere at the same time.It depends on who you ask and, more importantly, what their algorithm serves them up.The song – cowritten by Miranda Lambert in one mark of Langley’s country bona fides – is an undisputed hit, if charts are how you define such things. It’s spent 15 weeks at Billboard’s No. 1, making Langley just one of three women to earn that honor as solo artists and breaking the records previously held by Whitney Houston for “I Will Always Love You” and Mariah Carey for “We Belong Together.” She’s leading Taylor Swift and Drake in the charts.So, why does it feel like people don’t know her face or name? Call it the baffling reality of music in 2026.Since the advent of Napster introduced music streaming to the world, the way people listen to music has fundamentally changed, bringing with it the end of musical monoculture as we know it.In our era of hyper-personalized consumption, it’s possible for artists to achieve meteoric success with certain audiences without becoming ubiquitous the way that Whitney Houston or Mariah Carey were (and still are), according to Clayton Durant, an adjunct professor of Music Business at New York University.“What’s really happening is there’s hits in what we call subcultures,” Durant said. “If you’re not involved in a particular subculture, or your feed isn’t giving you that particular subculture, you as a consumer may not feel that there’s an actual hit or sort of like a massive moment happening, even though within that community, which may be very, very large and populous in size, it’s actually a major hit.”OK, but who actually is Ella Langley?Even if she doesn’t yet have the name-brand cache of a Houston, Carey, Swift or Grande, Langley is extremely popular.Her music is easy-breezy, carried by undeniably catchy hooks and lyrics focused on universal themes: jealousy, romance, heartbreak. She’s an avatar for nostalgia who’s unafraid to indulge in the familiar cliches of classic country, singing about the Bible, her dreams for a horse in the yard and her longing for “a hard workin’ man taking off his dirty work clothes.”Her aesthetic is all classic Americana, cowboy hats and tall boots. In interviews, she comes off as laidback and relatable, telling the podcaster Theo Von about how she cuts her own bangs and her love for the film “Inside Out.” She doesn’t talk much about politics, but she does talk about God.Her background is almost too country to be true: The 27-year-old grew up in Alabama, where she was homeschooled until seventh grade for “distracting others.” Her first audience members, she has said, were the cows on her family’s pasture.Langley has been releasing music professionally since she was 18. She didn’t ink a record deal until just two years ago, when she signed on with Sony Music Nashville and Columbia Records. Duets with Riley Green quickly cemented her hold in the country world.“Choosin’ Texas” — the summer juggernaut that’s earned over a billion streams — was released in October. But it didn’t start picking up real steam until after the holidays, when it became a trending audio on TikTok, where it’s been used over 1 million times (including by Hailey Bieber). And it’s blown up even more in the past months — Google searches for Langley spiked in late June.Bigger than you thinkWhen someone achieves seemingly overnight success, it can seem manufactured — cue the accusations of “industry plant” or even “psyop.” In the past year, digital marketing company Chaotic Good, which worked on campaigns for indie rock band Geese among other artists, sparked controversy when its creators revealed they used social media accounts to drive interest in its artists, seemingly validating the psyop accusations.Fans genuinely love Langley and her flavor of pop-infused country. She added new tour dates after the first leg of her “Dandelion Tour” swiftly sold out. Tickets to her upcoming show in New Hampshire are going for a little more than $900. And “Choosin’ Texas” isn’t just a one-hit wonder: “Be Her,” Langley’s upbeat take on “Jolene” and “I Can’t Love You Anymore,” a collaboration with fellow country music star Morgan Wallen, are occupying No. 4 and No. 8 in Billboard’s top 10.Langley’s easy-listening voice, with just a tinge of husk and a distinctive Southern twang, has earned her a broad fan base, said Melinda Newman, Billboard’s executive editor for West Coast and Nashville. “It may have started with country fans. Now it’s country fans, it’s pop fans. It’s guys, it’s girls. There’s just kind of a love affair going with her right now.”Country superstar Shania Twain thinks Langley is the real deal. She told Rolling Stone earlier this month Langley “seems very authentic.”“She doesn’t come across to me as somebody that’s trying to be somebody else or trying to write a song with an agenda,” Twain said. “The way she delivers a song, I believe her. I believe what she’s saying.”Lambert, who has become a musical collaborator and mentor for Langley, said she immediately sensed a “kindred spirit” in the younger singer.“It’s like looking in the mirror,” Lambert told Cody Alan on SiriusXM’s The Highway. “She’s just so feisty and so strong and knows exactly who she is and what she wants, and it really reminded me of myself.”At the moment, Langley seems to be on a bit of a media tour — the next step for translating a viral song into lasting fame. She’s set to headline Redwest Country Festival in October in Utah.Another reason that a hit in the charts like “Choosin’ Texas” might seem to come out of nowhere is because there’s just so much music out there. Any artist today is competing with the quasi-infinite proliferation of music online. “The records that are pre-Napster, and certainly pre-social media, they felt a lot bigger just because there was less content to compete with,” said Durant.“Choosin’ Texas”’s popularity “just feels out of left field because we’re so over-inundated with different content,” said Durant.“Ella Langley is a lot bigger than you think she is,” he said.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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