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New Colorado River plan will require steep cuts for three states as reservoirs tumble to new lows

(CNN) — California, Arizona and Nevada will be required to slash their water use from the drought-stricken Colorado River by 16 to 20% through 2028, under a federal plan set to be released in the next few days, according to a senior state water official.

But some fear it won’t be enough to save the lifeblood water basin as vital reservoirs plummet toward record lows.

The cuts will mark the latest stage of a long-running effort to figure out how seven basin states should share the depleted water of the Colorado River. They’re coming after years of fraught negotiations between the states have not managed to produce a deal, as the river system spirals further into crisis.

On Friday, the US Bureau of Reclamation published its final environmental impact statement, a 10-year operating framework for the waterway under which the lower basin states of California, Arizona and Nevada could face collective cuts of up to 3 million acre feet per year — enough water to supply roughly 9 million average US families.

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“This framework provides the flexibility to respond to changing hydrologic conditions while preserving the opportunity for the Basin States to continue working toward durable, consensus-based solutions,” said Secretary of the Interior Doug Burgum in a statement Friday.

The framework provides for specific operating plans to be developed every two years. Federal officials are expected to publish the first of these in the coming days, which will specify the exact cuts required of states through 2028 — anticipated to be around 20% for the lower basin. The upper basin states of Colorado, New Mexico, Utah and Wyoming are not expected to face mandatory cuts.

The Colorado River is the lifeblood of the Southwest. It irrigates more than 5 million acres of farmland, generates enough electricity to power around 700,000 homes and provides water for 40 million people. However, it has shrunk dramatically over the past 25 years after years of heavy use and as climate change delivers hotter, drier weather and dwindling snow. Today, 95% of the basin is in drought.

The combined water level in Lake Powell and Lake Mead — the most important Colorado River reservoirs and two of the biggest in the United States — fell to a historic low last week.

Colorado River water is divided between states under the 1922 Colorado River compact, which allots 7.5 million acre-feet of water yearly for the four upper basin states and another 7.5 million for the three in the lower basin. But as water levels dwindle, states have been trying to work out how to get by with less.

The lower basin states have historically used the most water, primarily to support their vast farms and booming cities. Over the past few years, the three states have proposed cuts in their water use but want the upper basin states to share in the pain.

The upper basin states — which, unlike the lower basin states, cannot be compelled by federal authorities to cut their water use — have resisted mandatory cuts, arguing that climate change has reduced water availability and the cuts should be shouldered by the more water-intensive states.

The current agreement governing the operation and management of the Colorado River, which came into force in 2007, expires this year and a February federal deadline for the states to reach a new agreement came and went with no deal.

Experts fear the current plan won’t be enough as the water crisis deepens. Last winter was one of the driest, warmest winters on record for the western US, leaving the region in a snow drought.

Lake Mead appears on track to tumble to its lowest level on record as early as next week, and Lake Powell may do so next month. Lake Powell could potentially fall so low by spring 2027 that it reaches “minimum power pool” level, meaning its dam will no longer be able to generate hydropower, according to a July report from the Bureau of Reclamation.

There are fears that the issue may end up the subject of lengthy and expensive court battles. Arizona in particular has been rattling the litigation saber. The state is likely to get saddled with the steepest cuts during times of shortage due to a deal it made in the 1960s, but its needs are huge to feed sprawling farms and industry.

The new framework “does nothing to elevate expectations around a coherent seven-state plan for shared sacrifice,” the Arizona Department of Water Resources said in a statement Friday, saying the reductions proposed “would devastate Arizona’s water users and its economy.”

States will still be able to carry on negotiations in the meantime, and any agreement could supplant the federal plan.

The-CNN-Wire
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La crisis política entre Brasil y Argentina empezó como un tango y sigue como una samba

El Estadio Pacaembú, en Sao Paulo, ha sido escenario de algunos de los partidos más duros entre equipos brasileños y argentinos, sobre todo en definiciones de la Copa Libertadores de América. Lo que aquel tradicional campo de fútbol, hoy llamado Mercado Livre Arena Pacaembu, nunca había visto era un discurso político capaz de abrir una crisis diplomática entre los mayores países de Sudamérica.El detonante fue la participación del presidente de Argentina, Javier Milei, en la convención nacional del Partido Liberal (PL) que confirmó la candidatura de Flávio Bolsonaro. Tras la andanada de insultos contra el actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva (del Partido de los Trabajadores o PT), y contra el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, responsable del proceso que llevó a la condena del expresidente Jair Bolsonaro (PL), hubo reacciones en serie de autoridades, dirigentes políticos y especialistas en política exterior.Casi una semana después, ya es posible depurar lo que el episodio revela sobre la relación bilateral, sobre las formas de hacer política en la actualidad y sobre lo que todavía puede repercutir hasta las elecciones del 4 de octubre en Brasil.Fue un discurso y una performance con la intensidad de un tango, aunque marcado por ataques virulentos contra Lula y Moraes que no combinarían con la voz de Carlos Gardel. Milei usó palabras como “presidiario” y “ladrón” para referirse al líder del PT, y “basura calva” al mencionar al ministro del STF. Más que el apoyo a Flávio Bolsonaro, considerado un gol por la campaña del brasileño, lo que quedó en la memoria del acto en el Pacaembú fueron los insultos del argentino.La respuesta llegó de las formas más variadas, como una nota institucional del presidente del STF, Edson Fachin, de repudio a los dichos de Milei contra Moraes. En los días siguientes, ministros del gobierno de Lula estuvieron a punto de caer en la provocación verbal, como el ministro de Hacienda, Dario Durigan, que se refirió al presidente argentino como un “payaso”.El propio Lula, que en una primera declaración pública recurrió a la ironía al ser consultado sobre Milei y devolvió un “¿Quién es ese tipo?”, no se contuvo días más tarde. También en una convención partidaria —la del Partido Socialista Brasileño del vicepresidente y candidato a la reelección, Geraldo Alckmin—, el presidente brasileño dijo que el discurso del argentino había sido una “patacoada”, jerga equivalente a disparate o tontería, y que, como jefe de Estado, “no voy a estar intercambiando cosas así”.Desde el sábado comenzaron también las reacciones típicas de la diplomacia. Itamaraty, sede de la cancillería brasileña, siguió el manual de las relaciones exteriores: llamó a consultas al embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, que regresó a Brasilia.En el lenguaje diplomático, se trata del gesto de protesta más fuerte que un Estado adopta frente a la actitud de otro país, antes de rebajar formalmente las relaciones bilaterales. El canciller Mauro Vieira también convocó al embajador argentino, Guillermo Daniel Raimondi, y habló de una “provocación sin precedentes”. Por ahora no hay una fecha prevista para el regreso de Bitelli a Argentina: ocurrirá, pero todavía no se definió cuándo.Es un paso ejecutado con la precisión de un vals, muy distinto y mucho menos grave que lo que Itamaraty hizo con Israel, en medio de las críticas de Lula a la campaña militar israelí tras el ataque terrorista de Hamas en 2023. El embajador brasileño fue llamado a consultas y nunca regresó. Y hasta hoy el gobierno de Benjamin Netanyahu —que envió un video de apoyo a la convención de Flávio Bolsonaro— considera a Lula persona non grata en el país.Los gestos del primer ministro israelí y del presidente argentino hacia el candidato del PL explicitan cómo la familia Bolsonaro se alió a una red de líderes mundiales de la derecha que tienen en común la cercanía con el gobierno de Donald Trump en cuestiones internas. Lo contrario de Lula, que ha reforzado, cada vez que puede, el discurso de la soberanía nacional como lema de su campaña por la reelección.Nada como el paso de un día tras otro para que el ritmo gane una nueva cadencia. Pasada la retórica más intensa del comienzo de la semana, el propio canciller argentino, Pablo Quirno, afirmó que “no hay ninguna chance de que de nuestro lado las relaciones se rompan”, aunque dejó entrever que veía exageraciones en los gestos del lado brasileño frente a las diferencias político-ideológicas. “No llevamos esto al plano institucional”, dijo.Antes, el jefe de Gabinete de la Casa Rosada, Diego Santilli, ya había lanzado un “que no se rasguen las vestiduras” sobre las acciones del gobierno brasileño tras el discurso de Milei.A pesar del alto volumen y de la temperatura de la retórica, el grupo que prefiere apagar el incendio en lugar de echar más leña al fuego empieza a ganar espacio en los dos lados de la contienda, y el desenlace del episodio se inclina más hacia una rueda de samba que hacia una pareja que se separa al final del baile.El pragmatismo y un comercio bilateral relevante para ambos lados ayudan a entender por qué prevalece este camino de conciliación o, mejor dicho, dejan en claro que la ruptura no estuvo ni cerca de convertirse en un riesgo.Brasil es el mayor socio comercial de Argentina, tanto como destino de sus exportaciones (14,7 % del total, por delante de China, con 11,3 %; la Unión Europea, con 9,7 %; y Estados Unidos, con 9,6 %) como origen de sus importaciones (24,3 %, frente al 23,7 % de los productos chinos), según datos de la cancillería argentina referidos a 2025.Del lado brasileño, Argentina es el tercer socio comercial, solo por detrás de China y de Estados Unidos, con unos US$ 31.000 millones. Sin contar que los dos mayores países de Sudamérica en territorio y PIB están juntos en el Mercosur, que hace poco firmó un acuerdo comercial con la Unión Europea y negocia con otros países, como Canadá y Japón.Queda como lección del episodio la constatación de que, en las elecciones brasileñas, es aún más necesario separar el ruido de la señal. Y de que la retórica política contemporánea a veces es más dura que las viejas disputas entre futbolistas de clubes brasileños y argentinos.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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