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Mientras Trump redobla la apuesta por los aranceles, los destiladores canadienses ven el vaso medio lleno

Allá por el lejano marzo de 2025, al comienzo de la disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos, tal vez recuerde que las tiendas de licores de la mayoría de las provincias canadienses retiraron masivamente los productos estadounidenses de sus estanterías en respuesta a los aranceles del presidente Donald Trump.

Trump sin duda lo recuerda. El boicot volvió a ser noticia la semana pasada cuando su Gobierno impuso nuevos aranceles del 50 % a los productos canadienses. Al anunciar los gravámenes, la Casa Blanca afirmó que los boicots constituían “imposiciones y discriminaciones injustificadas y desiguales” contra los productores de alcohol estadounidenses.

La mayoría de las provincias canadienses venden alcohol a través de minoristas propiedad del Gobierno, similares a las tiendas ABC de Estados Unidos. La mayoría de los líderes provinciales han dicho que no darán marcha atrás en el boicot. “No hay ninguna posibilidad de que el alcohol estadounidense vuelva a las estanterías en Columbia Británica”, declaró la semana pasada el primer ministro de Columbia Británica, David Eby.

Los nuevos aranceles plantean una pregunta: ¿qué tan efectivo está siendo el boicot canadiense al alcohol estadounidense?

La prohibición de vender licores estadounidenses ciertamente afectó a la parte estadounidense; las exportaciones de licores de EE.UU. cayeron un 3,8 % en 2025, en parte debido a las medidas comerciales canadienses, según el Distilled Spirits Council of the United States (Consejo de Bebidas Espirituosas de Estados Unidos), una asociación comercial de productores de alcohol.

También hay pruebas de que el boicot ha animado a los consumidores a comprar productos canadienses. En su informe anual publicado la semana pasada, la SAQ —la distribuidora provincial de licores de Quebec— comunicó un crecimiento del 69,4 % en los productos de la categoría “Origine Québec”.

Paul Goulet, presidente del sindicato de microdestilerías de Quebec, declaró a CNN que las consecuencias de la guerra comercial de Trump han contribuido a generar “un sentido de unidad sin precedentes en todo Canadá”.

“En cierto modo, esta situación podría resultar constructiva”, afirmó Goulet. “Ha puesto de relieve la importancia de diversificar aún más las asociaciones económicas de Canadá con socios fiables y comprometidos”.

Isabelle Leduc, vicepresidenta de Distillerie de Montréal, describió como “excelente” el primer año de su empresa sin productos estadounidenses.

“Nuestras ventas de bebidas espirituosas —en particular de whisky y ron especiado— aumentaron más de un 35 %”, señaló Leduc. Otros pequeños productores canadienses de bebidas alcohólicas también han experimentado un aumento similar, aunque menor, en sus ventas.

“Hemos visto una mayor demanda de nuestro whisky, pero nuestra producción es baja, por lo que el impacto general en nuestro negocio es marginal”, señaló Paul Cirka, de CIRKA Distilleries, en Montreal.

La destilería de Cirka elabora bebidas espirituosas controlando todo el proceso, desde el grano hasta la botella, y se especializa en whisky, ginebra y vodka. La producción artesanal a pequeña escala de la empresa permite una rápida adaptación a los cambios del mercado. Sin embargo, Cirka afirma que su inventario no es lo suficientemente grande como para aprovechar de manera significativa el espacio adicional que ha quedado libre en las estanterías de las tiendas de licores de Quebec desde que entró en vigor el boicot.

Cirka espera una pronta resolución de la disputa comercial de Canadá con su vecino del sur, aunque no se muestra optimista. “Sería bueno que las cosas volvieran a la era anterior a Trump y que pudiéramos llevarnos bien y jugar en el mismo terreno, pero no sé si eso sucederá”, comentó.

Desde Ontario, el destilador Mike Heisz declaró a CNN que él también había observado un incremento en las ventas de su destilería artesanal, Junction 56. Aunque se mostró reticente a atribuir dicho aumento directamente al boicot, sí reconoció la ventaja de contar con más espacio en las estanterías de las tiendas de licores de Ontario.

“Es algo realmente difícil de evaluar, ya que intervienen muchos factores”, dijo Heisz. “Lo que sí sabemos es que tenemos muchas más oportunidades en Ontario y, sin duda, hemos logrado una mayor distribución, lo que creemos que ha impulsado las ventas”.

Heisz también percibe un aspecto negativo en toda esta disputa comercial: su empresa estaba explorando la posibilidad de distribuir sus productos en Estados Unidos antes de que Trump comenzara a imponer aranceles a Canadá.

“Estábamos considerando seriamente la posibilidad de exportar a Estados Unidos, pero, dada la incertidumbre de los últimos años, es algo que hemos dejado en suspenso”, explicó Heisz.

“Es difícil llevar a cabo un plan cuando, de un día para otro, puede surgir un tuit que lo cambie todo”, afirmó.

No obstante, Leduc, de la Distillerie de Montréal, señaló que la competencia estadounidense seguía llegando a Quebec, aun cuando el distribuidor provincial de licores no estuviera comprando productos de Estados Unidos. “Varios productores internacionales han encontrado formas de operar dentro del sistema actual embotellando sus productos en Quebec, aunque el destilado en sí se produzca en Estados Unidos”, señaló Leduc. Cuando la empresa estadounidense Proximo comenzó a embotellar el ron Kraken Spiced en Quebec a principios de este año, la destilería de Leduc experimentó un descenso en las ventas de ron.

CNN se ha puesto en contacto con Proximo, propietaria de Kraken, para solicitar comentarios. La Société des alcools du Québec, la empresa pública que comercializa bebidas alcohólicas en la provincia, declaró a CNN que, “tras la prohibición, algunas marcas estadounidenses decidieron trasladar la fase final de transformación de sus productos de Estados Unidos a Quebec”.

“Estos productos ahora son transformados por empresas locales —y no solo embotellados—, por lo que ya no están sujetos a la prohibición”, añadió el comunicado.

Cirka afirma que sigue siendo difícil colocar los productos de Quebec en las estanterías de otras provincias. Lleva diez años intentando, sin éxito, obtener permiso para vender sus licores en los establecimientos de venta de bebidas de Ontario.

Una reforma anunciada la semana pasada —motivada en parte por los últimos aranceles de Trump— logró que los primeros ministros de nueve provincias acordaran permitir a los productores vender directamente a los consumidores de otras provincias, en lugar de pasar por los organismos reguladores de alcohol de cada una de ellas; una medida que Cirka calificó como “un primer paso fantástico”.

Quebec no figura entre esas nueve provincias. El primer ministro provincial sostiene que el cambio, que rompería el monopolio del organismo regulador de alcohol de Quebec, debería ser implementado por los legisladores una vez que se reanuden las sesiones de la asamblea provincial.

Ante las elecciones provinciales previstas para este otoño, Cirka mantiene la esperanza de que Quebec adopte la medida por temor a parecer “anticanadiense”.

“Sinceramente”, afirmó, “este es el avance más positivo en diez años, y no se debe a las presiones internas ni a todo el trabajo que hemos realizado en la provincia, sino a las presiones externas”.

The-CNN-Wire
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Trump wants South Korea to defend itself. His overtures to Kim Jong Un could delay that

(CNN) — By suddenly scaling down war games with South Korea, US President Donald Trump risks working against his own stated goal of having Seoul assume more responsibility for its own defense.The annual Ulchi Freedom Shield exercises, involving tens of thousands of troops, have been cut in half at Washington’s request, after Trump said last weekend that the exercises antagonized his friend, North Korea’s leader Kim Jong Un, while also costing the US a lot of money.These exercises “send a signal that is totally inappropriate and hostile,” Trump posted on Truth Social on Sunday in what appeared to be an attempt to appease the reclusive Kim, who Trump is eager to meet with again.The “hostile” part is hard to reconcile with the defensive nature of the exercises and is strikingly similar to how North Korea’s state media have described the drills. Washington and Seoul have said repeatedly they are about deterrence and defense, not about taking territory north of the demilitarized zone that has divided the Koreas since the armistice struck in 1953.Contained within the military exercises is training to give South Korea something it hasn’t had since the Korean War began in 1950: wartime operational control of the combined South Korea-US forces on the peninsula, analysts point out.It’s a key goal for both countries. Once Seoul shows it can take on that burden, Washington can take a backseat in any future conflict, providing some firepower but letting South Korea assume most of the responsibility and cost of its defense.The current control set-up came about shortly after the start of the Korean War, when South Korea turned command of its forces over to Washington, which – vastly better equipped and more experienced – was more suited to dealing with the communist threat at the dividing line.Control of South Korean troops was assumed by United Nations Command, and in 1978, by the Combined Forces Command (CFC), which has always been led by an American general.The CFC gave peacetime operational control of South Korean forces to Seoul in 1994, but wartime control has remained with Washington. Calls for change and timelines to accomplish it have been pushed back several times since, leaving in place a status quo that is no longer needed.Over the past several years, South Korea has emerged as a world-class military power – not quite on the level of the US or China, but certainly capable of defending itself against North Korea.Citing that ability, South Korean President Lee Jae Myung on Tuesday used the launch of this year’s exercises to try to bring new momentum to a campaign promise he made in 2025 to bring wartime operational control back into Seoul’s hands by 2030.“From the aspect of weapons systems and military strength, our capabilities to defend ourselves is already among the top few in the world. It’s not an exaggeration to say that we are more than capable,” Lee said Tuesday.But Trump has thrown a spanner into the works.The plan was to use the Ulchi Freedom Shield drills to assess systems so Seoul could assume wartime operational control, Yu Ji-hoon, a research fellow at the Korea Institute for Defense Analyses, wrote in The Diplomat.“A major last-minute change could therefore affect more than readiness; it could complicate an alliance project that Washington itself has long encouraged,” Yu wrote.“Curtailing (the exercises), especially without prior discussion, makes burden-sharing harder to implement, even as Washington demands more of it,” he said.Lee Jeong-kyu, a visiting research fellow at South Korea’s Sejong Institute, wrote earlier this year of momentum building for more South Korean control, with it laid out in black and white in the US National Defense Strategy released in January.The document was “a clear signal of intent to strengthen alliance burden-sharing that is expected to provide grounds for accelerating the conditions for (operational control) transfer,” Lee wrote.With his deference to North Korea’s Kim, Trump has put a nuclear-armed adversary of the US above a treaty ally that wants to do what Trump has asked of it.That keeps US forces tied up with responsibilities on the peninsula at a time when they could be sorely needed in a place like Iran or possible future conflicts, both in Asia and around the world. And it means future defense budgets can’t factor in cost savings in Korea when demand for new weapons is only growing.South Korea has long been a close American ally; since the end of the Korean War the two nations have had a mutual defense treaty primarily designed to protect the South from North Korea.But Trump’s touted personal relationship with North Korea’s Kim –– who has significantly expanded his country’s military capabilities since Trump’s first term and is now believed to have dozens of nuclear warheads –– has tested the long-standing partnership.For its part, North Korea has not responded positively to Trump’s new olive branch.Before news of the curtailment broke Wednesday morning, North Korean state media KCNA called the exercises “the most immediate and open threat” to Pyongyang, and regional security.Trump’s sudden involvement appears to be forcing a rethink wider than just the exercises, with Seoul’s military chiefs saying Wednesday the two sides would now need to discuss “combined defense posture going forward.”For Trump, already weakened on the world stage by the ongoing war with Iran, it’s another own goal, analysts said.“The cost savings from downsizing drills are marginal, while the diplomatic benefits for relations with North Korea are doubtful,” said Leif-Eric Easley, a professor at Ewha University in Seoul.Just what Trump might want to achieve by meeting again with Kim is opaque. He failed in his first term to strong-arm the North Korean leader into giving up his nuclear ambitions, which have only grown. Meanwhile, Kim has moved closer to Russia and China.Trump might see it as “unthreatening and respectful” to himself, but North Korea has become a much stronger military power in the near-decade since Trump first took office.“Scaling (the drills) back can damage alliance coordination, slow the process of South Korea taking on greater responsibility for its own defense, and weaken deterrence against possible conflicts in Asia,” Easley said.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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