Palmarola no tiene pueblo ni carreteras. No hay electricidad, cobertura de telefonía móvil ni terminal de ferris. La mayoría de los días, la única forma de llegar a la isla es en una pequeña embarcación desde Ponza, situada a unos ocho kilómetros, al otro lado del mar Tirreno.Está ubicada al oeste de Roma, lo suficientemente cerca como para visitarla en una excursión de un día, pero también lo bastante aislada para que el tráfico, las multitudes y el constante movimiento de la capital italiana parezcan pertenecer a otro mundo. Mientras los foros, las fuentes y las plazas de Roma atraen a millones de visitantes, Palmarola sigue fuera de la mayoría de los itinerarios turísticos. Muchos viajeros nunca han oído hablar de ella. Incluso muchos romanos nunca la visitan.Lo que atrae a quienes hacen la travesía no es la infraestructura ni la comodidad, sino precisamente la ausencia de ambas. Palmarola emerge abruptamente del mar con acantilados de origen volcánico, interrumpidos por cuevas marinas y estrechas ensenadas. Tiene una sola playa, una red de senderos que se adentran en el interior y escasas señales de desarrollo moderno.Llegar desde Roma implica tomar un tren hasta el puerto de Anzio, un ferri hacia Ponza y luego acordar con un pescador o un propietario de una embarcación privada el traslado de ida y vuelta. Sin residentes permanentes, Palmarola es un destino marcado más por el clima, la geología y las estaciones del año que por el turismo.Solo hay un restaurante, O’Francese, que sirve pescado fresco y alquila un número limitado de habitaciones sencillas construidas en antiguas grutas de pescadores excavadas en los acantilados. Los huéspedes reservan con meses de anticipación y se alojan con pensión completa. Las habitaciones tienen tarifas desde 150 euros (unos US$ 175) por noche.Maria Andreini, una especialista en tecnología de la información que trabaja de forma remota y vive en Treviso, en el norte de Italia, visita Palmarola cada verano junto con su esposo, Mario, gerente de un banco, y su hijo Patrizio, de 15 años.“Hay muchísimo y muy poco que hacer al mismo tiempo”, dice. “Pasamos los días haciendo esnórquel y tomando el sol en la playa frente al restaurante, formada por pequeñas piedras de coral rosado. Por la noche nos acostamos en la playa para contemplar las estrellas y caminamos con linternas. Al amanecer, los propietarios nos despiertan para llevarnos a una caminata hasta el punto más alto de la isla y ver salir el sol. Es impresionante”.Los senderos parten desde la playa y ascienden hacia las ruinas de un monasterio medieval y los vestigios de un asentamiento prehistórico.“Para la cena comemos pescado fresco recién sacado de las redes. Durante toda una semana sentimos que vivimos una experiencia primitiva, como náufragos, algo parecido a unas vacaciones de la familia Picapiedra”, dice Andreini, quien recomienda llevar botas de senderismo además de ropa de playa.Andreini asegura que ha viajado a numerosos destinos, incluidas las Maldivas, pero considera que Palmarola no tiene comparación. Su paisaje es “hipnótico” y, añade, “está en mi propio país, Italia. Cuesta creer que tengamos un lugar tan extraordinario”.Más allá de la playa principal, la costa se recorre mejor en un bote inflable. Los acantilados forman islotes rocosos, túneles y grutas, mientras que las aguas que rodean la isla atraen a aficionados al esnórquel, al piragüismo y al buceo. En tierra, los únicos animales que probablemente encuentren los visitantes son cabras salvajes, que se refugian entre las palmeras bajas que dieron nombre a la isla.“Es un viaje a la prehistoria, cuando los hombres de las cavernas llegaban aquí en busca de la valiosa obsidiana negra, que todavía puede verse en las vetas oscuras de los acantilados y que utilizaban para fabricar armas y utensilios”, explica a CNN el historiador local Silverio Capone. “Muy poco ha cambiado en el paisaje desde entonces”.Capone vive en Ponza, la isla habitada más cercana y principal punto de partida hacia Palmarola, a la que visita con frecuencia. En ocasiones incluso deja allí a su hijo adolescente para que pase un fin de semana de campamento con sus amigos. Según explica, Palmarola ha permanecido prácticamente deshabitada a lo largo de la historia.“Palmarola siempre ha sido una isla desierta y eso es precisamente lo que la hace especial”, afirma. “Los antiguos romanos la utilizaron como puesto estratégico de vigilancia marítima en el mar Tirreno para su flota imperial, pero nunca la colonizaron”.La propiedad de la isla se remonta al siglo XVIII, cuando familias napolitanas enviadas a colonizar Ponza recibieron autorización para repartirse Palmarola. En la actualidad, la isla es de propiedad privada y está dividida en numerosas parcelas que siguen perteneciendo a familias establecidas en Ponza.En lo alto de los acantilados, algunas pequeñas cuevas fueron acondicionadas como viviendas privadas sencillas, varias de ellas pintadas de blanco y azul. Históricamente, los pescadores las utilizaban como refugio durante las tormentas y muchos propietarios aún las mantienen abastecidas con provisiones por si el mal tiempo les impide regresar a Ponza.Sobre un islote rocoso se levanta una pequeña capilla blanca dedicada a san Silverio. Silverio, papa del siglo VI, fue desterrado a Palmarola y se cree que murió allí.Cada junio, pescadores navegan desde Ponza hasta Palmarola para celebrar la festividad de san Silverio. Llevan flores hasta la capilla y trasladan en procesión una estatua de madera del santo sobre una embarcación. Los participantes ascienden por empinados escalones de roca hasta el nicho más alto, donde se encuentra el altar principal, para rezar y meditar.“Es un ritual sagrado. Le rezamos todos los días”, dice Capone. “Muchos hombres de Ponza, incluido yo, llevamos el nombre del santo, que es nuestro patrono. Creemos que su espíritu sigue habitando las aguas de Palmarola”.Las leyendas locales cuentan que marineros atrapados por tormentas rezaron a san Silverio y fueron salvados.“Una aparición del santo surgió de las aguas para rescatarlos y guiarlos de regreso a Palmarola, donde sobrevivieron durante semanas en los refugios excavados en las grutas”, relata Capone.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.