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New Yorker describes hantavirus quarantine experience after cruise ship outbreak

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A New York native is among 16 American passengers who are quarantining in Nebraska after being on the cruise ship that is at the center of the deadly hantavirus outbreak.

Jake Rosmarin is one of three New Yorkers who were on the M/V Hondius. Rosmarin, originally from Monroe, New York, described his time so far at the University of Nebraska Medical Center’s National Quarantine Unit.

“I know I’m in the best care possible, and I’m just trying to stay positive,” he told CBS News New York’s Mary Calvi in an interview Wednesday. 

There have been 11 confirmed or suspected cases of hantavirus so far, including three deaths, since the outbreak began. 

Seventeen Americans and one British dual citizen were flown to the U.S. Monday. Of the 18, one tested “mildly PCR positive” for the Andes strain of the hantavirus, and another began showing symptoms, U.S. health officials said Sunday. 

Sixteen of the Americans, including the one who tested positive, were taken to the University of Nebraska Medical Center. Fifteen of those, including Rosmarin, were placed in single-occupancy rooms at the medical center’s National Quarantine Unit. The person who tested positive for the Andes strain was initially placed in the center’s biocontainment unit, but was medically cleared Wednesday to be moved to the quarantine unit. 

“I feel well,” Rosmarin said. “I have no symptoms, and I’m just ready to cope with the next 40 days left here in quarantine.”

Meanwhile, the passenger who showed symptoms, along with the person they were traveling with, were flown to Atlanta for treatment and monitoring at a biocontainment facility at Emory University Hospital. 

What the day-to-day is like in quarantine

In quarantine, Rosmarin said he gets a daily temperature check and regular blood work done. There’s also a stationary bike inside his room for exercise. He also has Wi-Fi and a bathroom. He said he has a window, but he keeps it closed because “there are people outside, so I don’t need them looking in my room.”

Michael Wadman, the medical director of National Quarantine Unit, told reporters that there is no intermingling between passengers and no visitors, aside from medical staff.   

Rosmarin described his room as “much more spacious than the ship.”

“We don’t really have much going on during the day…For the most part, we just get to kind of, you know, relax and be comfortable in here,” he added.  

Rosmarin indicated, though, that he hasn’t been given regular updates from the outside world as to the status of his fellow passengers. 

“I’m not really sure of anything that goes on outside of this room,” he said.   

“It was a really scary time”

Rosmarin said the trip was “unbelievable” until the final 24 to 48 hours before they were initially slated to disembark. That is when the Hondius passengers learned there had been a confirmed case of hantavirus, he said. 

“Everything just went downhill,” Rosmarin explained. “…It was that week following before we could get off the ship and repatriated by the United States, that was a really scary time, specifically for me,” he said.

Rosmarin said it was frightening that no government wanted the ship to disembark at their ports due to the virus. Spain finally agreed to dock the ship in the Canary Islands. There were nearly 150 people from 15 countries aboard the ship when the evacuations began Sunday. The evacuees were placed on repatriation flights to their respective countries, with the U.S. passengers arriving in Omaha, Nebraska, on Monday. A skeleton crew remained behind to sail the Dutch-flagged Hondius to Holland.   

Once-in-a-lifetime trip

Rosmarin described the trip as an expedition journey, and said the passengers weren’t on a typical cruise. Because it was a smaller group, all the passengers knew each other. 

He said some of their destinations included South Georgia Island, where they saw the largest king penguin colony in the world, and Tristan da Cunha. 

“We got to swim in the middle of the ocean, not far from the equator, where the ocean was over 15,000 feet deep,” he said. “Overall, I mean it was a really, really unbelievable experience.” 

Monitores de tobillo, arrestos y empleos perdidos: las nuevas realidades que enfrentan muchos haitianos en EE.UU.

Una enfermera a la que ya no se le permite trabajar en uno de los principales hospitales de la ciudad se refugió en su casa en Boston, temerosa de que ICE pudiera estar en el vecindario.Una madre le envió un mensaje desesperado a una amiga en Springfield, Ohio: “Mi hija está completamente traumatizada”.Y residentes del este de Maryland se encontraron con una escena desconcertante: vehículos abandonados en gasolineras con los motores todavía encendidos.“Están arrestando a gente por todas partes, a algunos en plena calle. (…) Tenemos personas que fueron al supermercado a comprar comida para cocinarles a sus hijos y no regresaron a casa”, dijo la Dra. Marie D. Fouché, fundadora y directora ejecutiva de Safe Harbor Circles, una organización de Salisbury, Maryland, que brinda apoyo a inmigrantes.En las semanas transcurridas desde que la Corte Suprema allanó el camino para que el Gobierno de Trump pusiera fin a las protecciones contra la deportación para unos 350.000 haitianos, y en los días desde que una jueza de un tribunal inferior dio un paso legal clave que hizo efectiva la medida, una nueva realidad ha comenzado a tomar forma en comunidades que mantenían la esperanza de un alivio de último momento.El miedo y la confusión están generalizados entre quienes anteriormente estaban amparados por el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), que les había permitido trabajar legalmente en Estados Unidos durante años y que ahora, de repente, se encuentran expuestos a la detención y la deportación.“Ahora no tenemos ninguna protección”, dijo Vilès Dorsainvil, cofundador y director ejecutivo del Haitian Community Help and Support Center en Springfield. “Cualquier cosa puede pasar en cualquier momento”.Las autoridades federales han dado pocos detalles sobre esta fase de las medidas migratorias del Gobierno y han reiterado que no hablarán sobre operaciones en curso o futuras. No han publicado datos sobre cuántos haitianos han sido detenidos desde que terminó el TPS. Y hasta este sábado, activistas que siguen de cerca los vuelos de deportación no habían registrado ninguno con destino a Haití en las últimas dos semanas.Sin embargo, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, dijo la semana pasada que ya estaban en marcha operaciones dirigidas contra haitianos que estaban amparados por el TPS.“Estamos yendo tras ellos ahora mismo. (…) Estas personas pueden autodeportarse o las arrestaremos y las enviaremos de regreso. Así de simple”, dijo el martes a NewsNation.Las operaciones contra personas que anteriormente estaban amparadas por el TPS, incluidos haitianos, se intensificaron a finales de julio y se espera que continúen, dijeron a CNN dos fuentes con conocimiento de las operaciones.Al menos cinco personas contactaron la semana pasada a la organización de defensa de los inmigrantes Haitian Bridge Alliance para informar que familiares habían sido detenidos en distintas partes de Estados Unidos, según Guerline Jozef, directora ejecutiva de la organización. Las personas que llamaron informaron de arrestos de antiguos beneficiarios del TPS, que a menudo conducían cuando se encontraron con agentes de ICE, en Arizona, California, Indiana y Maryland, dijo.“El temor es que las cifras aumenten. Las operaciones siempre ocurren, incluso cuando no nos enteramos por las noticias. Están ocurriendo a diario dentro de la comunidad”, afirmó.Los residentes de uno de los enclaves haitianos más recientes —y conocidos— del país dicen que todavía no han visto un aumento de los arrestos de ICE. Springfield atrajo la atención nacional después de que el presidente Donald Trump acusara sin fundamento a los haitianos de la ciudad de comerse las mascotas durante un debate de campaña en 2024. Algunos han especulado que esta ciudad del centro del país, donde viven unos 15.000 haitianos, sería uno de los focos de los arrestos tras el fin del TPS.Líderes de Springfield dicen que el aumento de la presencia de ICE que muchos temen todavía no se ha materializado. Sin embargo, cientos de cartas del Departamento de Seguridad Nacional que han llegado por correo han puesto a la comunidad en alerta.“Por favor, preséntese en la oficina que se indica a continuación, en la fecha, hora y lugar señalados, en relación con un asunto oficial”, dicen las cartas, según una copia que Dorsainvil compartió con CNN.A quienes se han presentado en las oficinas de ICE después de recibir las notificaciones se les han colocado monitores de tobillo que permiten a las autoridades rastrear su ubicación, según Dorsainvil, y a muchos se les han asignado fechas de audiencia judicial para aproximadamente un mes después.Los monitores de tobillo forman parte de un programa de ICE utilizado con frecuencia conocido como “alternativas a la detención”. Pero Dorsainvil dice que, para muchos haitianos en Springfield, los dispositivos evocan la dolorosa historia de los grilletes utilizados durante la esclavitud, y que él y otros activistas intentaron sin éxito convencer a las autoridades de que los monitores no eran necesarios.Ahora, dice, muchos haitianos enfrentan no solo la presión social de no poder trabajar y mantener a sus familias, sino también la presión psicológica de un trato deshumanizante.“Es tan… humillante”, dice.Las cartas y los monitores de tobillo han agravado una situación que ya era tensa, según Marjory Wentworth, integrante de la junta directiva del Haitian Community Help and Support Center, quien también trabaja con G92, una organización religiosa que defiende a los inmigrantes de la comunidad.Wentworth describió un mensaje de texto desesperado que recibió de una amiga, cuya hija adolescente teme que ICE arreste a su padre.“Es aterrador… el estrés emocional y psicológico que sufren estas personas y estas familias”, dice.Consultado sobre las cartas y los monitores de tobillo, un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional dijo a CNN que el TPS siempre estuvo pensado como una medida temporal y mencionó el programa de autodeportación del Gobierno, que ofrece incentivos económicos a los inmigrantes indocumentados que decidan abandonar el país.“Lo que diríamos ahora es que llegó la hora de cerrar, lo que significa que no tienen que irse a casa, pero no pueden quedarse aquí”, dijo el portavoz. “La buena noticia es que todavía están a tiempo de recibir un cheque de US$ 2.600 y un vuelo gratis de regreso a casa”.Pero una enfermera de 29 años en Boston dijo a CNN que regresar ahora a Haití está fuera de toda posibilidad para ella y para muchos otros que huyeron del país caribeño después del devastador terremoto de 2010, solo para observar con horror desde lejos cómo la violencia de las pandillas ha vuelto al país cada vez más peligroso.“No hay empleos. La mayoría de los hospitales están tomados por pandillas o han sido destruidos y (…) la economía no está bien. No tenemos líderes ni Gobierno. Simplemente es muy inseguro”, dijo la enfermera, quien pidió permanecer en el anonimato porque ahora, sin el TPS, teme por su seguridad.Ha pasado más de la mitad de su vida en Estados Unidos y trabajó como enfermera durante ocho años en uno de los principales hospitales de Boston, hasta la semana pasada, cuando se vio obligada a tomar una licencia después de que venciera su permiso de trabajo.Lidiar con el posible fin del TPS desde que el Gobierno de Trump anunció por primera vez que lo pondría fin ha sido, según dice, como atravesar una y otra vez las etapas del duelo en un ciclo interminable.“Me he enojado, he estado en negación, me he sentido frustrada… y cada vez que pienso: ‘Bueno, estoy aceptando que esto es así, que esta es la realidad’, vuelves a pasar por todo otra vez”, dice. “Siento que esto ha estado sobre mi cabeza durante años. Y he intentado encontrar una vía adecuada para salir de esta situación, pero siento que simplemente no la había”.En estos días, concentra sus esfuerzos en buscar empleos de enfermería en el extranjero y espera que otro país le dé la oportunidad de utilizar las habilidades para las que se preparó con tanto esfuerzo antes de que las medidas migratorias en Estados Unidos se intensifiquen aún más.“Están perdiendo a muchos de nosotros, a muchas personas como yo. Estamos dispuestos a trabajar. Estamos preparados. Trabajamos muy duro y sentimos que no nos necesitan, que no nos valoran y que todos nuestros años de servicio han pasado inadvertidos”, dice.Muchas empresas se han visto gravemente afectadas por la pérdida de empleados haitianos en las últimas semanas, según Rebecca Shi, directora ejecutiva de American Business Immigration Coalition.La organización representa a directores ejecutivos y asociaciones de los sectores manufacturero, de atención médica, cuidado de adultos mayores, construcción, agricultura y hotelería. Shi dice que al menos dos de sus miembros se vieron particularmente afectados por el fin del TPS para los haitianos: un hotel turístico en Florida que perdió a más de 150 trabajadores y un centro para adultos mayores en Massachusetts que perdió a más de 50 empleados.Esto ya está teniendo efectos en cadena, dice, y señala que algunos hogares de ancianos ahora consideran cerrar algunas áreas debido a la falta de personal tras perder a tantos trabajadores.“Los trabajadores estadounidenses que forman parte de los equipos no solo extrañan a sus colegas y compañeros, también están agotándose. Están asumiendo una carga de trabajo mucho mayor porque una cuarta parte de la fuerza laboral ya no está”, dijo.Activistas y líderes locales dicen que también han observado la ausencia de haitianos en las calles de muchas comunidades.En Salisbury, que se ha convertido en un centro para haitianos que trabajan en fábricas y granjas cercanas, ICE comenzó recientemente a detener personas en estacionamientos y otros lugares frecuentados por inmigrantes, según Fouché, de Safe Harbor Circles.El aumento de los arrestos ha llevado a muchos haitianos a esconderse, dice. “La gente no está saliendo”.Las calles de los vecindarios haitianos de la ciudad de Nueva York también se han visto notablemente más tranquilas. David Duchatellier dice que la actividad en su agencia de viajes en Cambria Heights, que también ofrece servicios de transferencia de dinero, se ha desplomado.“Ya no ves a la gente caminando como antes. Se quedan en casa porque no están trabajando. No van al supermercado a comprar comida. Y eso está afectando muchísimo a la economía”, dice.Duchatellier, un haitiano-estadounidense que vive en Estados Unidos desde hace más de 50 años, dice que ha escrito a miembros del Congreso para instarlos a alcanzar un acuerdo legislativo que ayude a los haitianos, y espera que los asesores de Trump le expliquen cuánto perjudicará a la economía estadounidense una ofensiva contra los haitianos.“Usted no causó esto, pero puede solucionarlo de una vez por todas. (…) Nadie le está dando este consejo en este momento. Ojalá pudiera sentarme con él solo cinco minutos”, dice Duchatellier.Todavía hay margen para que el Gobierno cambie de rumbo, afirma.Pero muchos parecen estar perdiendo la esperanza.Judith Polidor, quien trabaja como asistente legal en el vecindario Little Haiti de Brooklyn, dice que resulta abrumador atender un número creciente de llamadas de haitianos que no saben a dónde acudir.“Es tristeza todo el día. (…) Están llorando. (…) Todo el mundo tiene una emergencia. (…) Solo necesitan que alguien los escuche”, dice, “aunque no puedas hacer nada”.The-CNN-Wire™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
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